155.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
155.2. Como tensando el arco de la fe te acercas a este momento, y con paciencia dispones tu alma para acoger una palabra distinta, la palabra que tú mismo no puedes darte. Tal actitud de alma hace bien a tu corazón. Estás tan acostumbrado a escribir en las vidas de otras personas, que te hace bien este momento en que puedes ser papel y no pluma. No importa cuántas cosas sucedan en tu vida, no pierdas esa alma abierta, porque es posible que lo que tú das sirva para salvación para otros, pero tu propia salvación depende más de lo que tú recibes. Más ayuda a tu bien lo que acoges de Dios que lo que haces por Dios, y si esto último tiene valor, lo tiene en la medida en que has acogido de Dios la gracia, la fuerza y la bendición para obrar según su querer.

Sí, ya sé que no es buena idea hablar en términos políticos de la Iglesia, cuya realidad es esencialmente teológica. Y sí, tengo claro también que para nadie que ame a Cristo puede ser una buena noticia que los discípulos y los ministros de Cristo sean ocasión de escandalo. Pero también veo con claridad que el silencio es una forma de complicidad, a veces, y veo del mismo modo que tenemos que aprender a sacar las lecciones de la historia, según aquello de que ignorar la historia es repetirla.