Los ciberadictos empiezan a llegar a las consultas para recuperar la vida real. “No es fácil reconocer que uno tiene un problema por su manera de usar internet”, explica la doctora Susana Jiménez .
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
Desconocer “el día y la hora” significa conversión pronta y paciencia y humildad largas.
No somos dueños sino criados que tenemos el hermoso deber de dar a tiempo a otros de lo recibido.
Hola padre como me le va, espero que bien y gracias a Dios, lo que pasa es que tengo una pregunta: me estoy leyendo un libro que se llama los padres de la Iglesia, una tradición como búsqueda teológica. Y me salio un termino que es teológico y quisiera saber de que se trata para poder seguir entendiendo y comprendiendo mejor este texto. Que es exculturar e inculturar?? Muchas gracias por su colaboración. –C.J. Duarte.
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Inculturar, que es el término más usado de esos dos, quiere decir: proceso por el cual el Evangelio se afianza en una cultura, tomando los valores propios de ella y superando sus limitaciones a través del anuncio y práctica de la fe en comunidades maduras y capaces a su vez de transmitir lo que viven.
Exculturar es término que poco he oído. Por simetría, uno supone que es el proceso de captar lo esencial del mensaje más allá de los condicionamientos culturales que le sirven de vehículo. Por ejemplo: cuando recibimos el Evangelio de los conquistadores y colonizadores españoles, venía mucho que no era Evangelio sino autoimagen del imperio español. Al paso del tiempo, se hace necesario distinguir cuáles valores, instituciones y usos de lenguaje corresponden a la palabra de Dios, y cuáles son solamente elementos culturales más o menos transitorios
Por supuesto, lo primero, la inculturación bien entendida, es parte muy propia del quehacer auténtico de la Iglesia; y lo segundo, bien entendido, es necesario, con gran discernimiento. Permita Dios que cada uno sea apóstol de una genuina inculturación para que se cumple el deseo de Juan Pablo II: “Tenéis que ayudar a la Iglesia a responder a estas cuestiones fundamentales para las culturas actuales: ¿Cómo es accesible el mensaje de la Iglesia a las nuevas culturas, a las formas actuales de la inteligencia y de la sensibilidad? ¿Cómo puede la iglesia de Cristo hacerse oír por el espíritu moderno, tan orgulloso de sus realizaciones y al mismo tiempo tan preocupado del porvenir de la familia humana? ¿Quién es Jesucristo para los hombres y las mujeres de hoy?” (Discurso al Consejo Pontificio de la Cultura, 16 de enero de 1984).
«La oración es vergonzante», ha escrito Nietzsche. Más bien habría que decir que se trata de un acto tan natural como beber o respirar. «El hombre siente la necesidad de Dios del mismo modo que le resulta imprescindible el agua y el oxígeno» (Alexis Carrel).
Se puede añadir que no es merma de la dignidad del hombre la oración, como no lo es la necesidad de compartir felicidad y penas entre los que se aman. La autosuficiencia de Prometeo es un mito contra natura. El hombre está hecho para amar, y alcanza su plenitud en el amor.
¿Para qué sirve la oración?
–La mejor imagen para entender nuestra vida en Dios es la de la alianza y el matrimonio. La oración es a la fe lo que el diálogo es para el amor en el matrimonio. Sin diálogo el amor se debilita y acaba por desvanecerse. Así ocurre con la fe sin la oración.
«Soy creyente pero no practicante», oimos decir. Podríamos responder invirtiendo los términos: «Quizás sois más practicantes de lo que decís –ya que la práctica religiosa no se limita al culto–, y menos creyentes de lo que pensáis –en la medida en que abandonais la oración–».
–La oración es además una exigencia de nuestra vida moral. «Sin mí, dice Jesús, nada podéis» (Jn 15,5).
«Dios –dice San Agustín– nos propone dos categorías de cosas: las posibles para que las hagamos, y las imposibles para que le pidamos la fuerza necesaria para llevarlas a cabo».
–La oración es, al mismo tiempo, un derecho: privarnos de él sería una equivocación: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, que yo os aliviaré» (Mt 11,28).
–Siendo la oración una necesidad para el hombre, es también un deber para con Dios. Oramos entregando nuestro tiempo a Dios, porque es Dios. Orando expresamos lo absoluto de Dios, permanecemos ante Él, «como un perfume que vertido en su honor, perdiéndose a sí mismo», según dice Bossuet.
Y entonces nuestra vida se hace toda ella oración. Sin ella la acción deriva en una búsqueda inconsciente de nosotros mismos.
–La oración es un servicio a la Iglesia. «Toda alma que se eleva, eleva al mundo», dirá Elizabeth Lesœur.
–La oración es siempre atendida, al menos si no pedimos a Dios que se haga cómplice de nuestras cobardías y perezas, sino que le suplicamos asistirnos para hacer su voluntad, en la que está nuestra felicidad. Así no enseña a orar Cristo en el Padrenuestro.
¿Cómo rezar?
Aquí lo que más vale es la experiencia. Se aprende a orar, orando.
–La oración es un combate. Y un combate que ha de reiniciarse cada día. Nos despertamos paganos cada mañana, y cada mañana debemos despertarnos de nuevo a las realidades de la fe: adorar, pedir perdón y dar gracias.
–La oración auténtica es, al mismo tiempo, espontánea y metódica. Está presta a surgir en cualquier instante, pero necesita de momentos y lugares apropiados, si queremos que no esté a merced del capricho y la pereza.
–Su fuente es la Escritura, los salmos y la vida de Jesús concretamente, pero acude también a fórmulas ya hechas, como el Padrenuestro y el Avemaría, que vienen a ser como los piolets para el alpinista en la escalada.
–Los sentimientos y las ideas son secundarios. Lo importante es el amor, la voluntad de amar. Ya estamos orando cuando, ante Dios, reconocemos nuestra torpeza para orar y hacemos nuestras las palabras de los apóstoles a Jesús: «Señor, enséñanos a rezar» (Lc 11,1).
–También oramos cuando, en la presencia de Dios, meditamos en nuestro corazón los sucesos de la vida diaria.
Muchos creyentes se descorazonan por su incapacidad de concentración, por sus «distracciones». En realidad, estas fugaces ideas, que estorban nuestra atención, pueden incluso constituir la trama de una auténtica oración personal, si dejamos que Dios nos evangelice a través de ellas.
–La cima de la oración se alcanza en la pura comunión con Dios en el silencio. No es tan dificil, se necesita un poco de tiempo, confianza y tesón para alcanzarla. El rosario, a pesar de su aparente monotonía, conduce progresivamente a esta presencia ante Dios a los que confían.
«Velad y orar» (Mt 26,4), decía Jesús. Y Él mismo daba ejemplo de lo que aconsejaba, orando largamente en la noche, como en Getsemaní.
• «Hay que rezar siempre para no desfallecer» (Lc 18,1)
Yves Moreau es el autor de Razones para Creer. Texto disponible por concesión de Gratis Date.
Lo mismo que en el caso de Jesús, en la muerte de Juan las complicidades del pecado resultan en muerte para un inocente.
[Predicación para un Encuentro de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Bogotá, en Agosto de 2012.]
* El aspecto y la realidad espantosa de la Cruz causan entendibles sentimientos de rechazo y distancia.
* Y sin embargo, muchos de los que rechazan la Cruz llevan una vida que abunda en dolor y miseria moral, es decir, están “crucificados.” Este solo dato nos invita a mirar a la Cruz y ahondar en su misterio.
* La cruz es evidentemente un instrumento de tortura pero, si se examina mejor, es ante todo un método de control a través del miedo. De lo que se trata, con la cruz, es de intimidar a grandes e la población para alejarlos de toda posibilidad de rebeldía frente a un sistema; en el caso de los romanos, frente al sistema esclavista.
* Y es aquí donde aparece la originalidad de lo sucedido con Cristo. El Nazareno “se sale del libreto.” No amenaza; no jura venganza; no blasfema. Ora, bendice y perdona. Cristo es el verdadero rebelde: aquel que vence el mal de los demás sin volverse malo él mismo.
* Y en ese sentido Cristo es el gran modelo, el auténtico modelo para los jóvenes: aquella edad en que la independencia es elemento esencial de la construcción de la propia personalidad es el mejor tiempo para encontrar a uno que es libre de los condicionamientos perversos con que el mundo quiere incluirnos en sus rebaños de idolatría y vicio.
Es grande la responsabilidad de quienes quieren guiar a otros porque harán mucho bien o demasiado mal.
Por verlo como una lotería; por querer comprender todo de él; por no admitir que sin él nada somos: las tres razones por las que solemos rechazar a Cristo.
Africano y romano a la vez, Agustín es culturalmente mestizo: particularmente bien dotado para guiar a la vez por los caminos del intelecto y del corazón.
Examen. -Labor diaria. -Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna?
A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo.
Una mirada al pasado. Y… ¿lamentarte? No: que es estéril. -Aprender: que es fecundo.
Pide luces. -Insiste: hasta dar con la raíz para aplicarle esa arma de combate que es el examen particular.
“Lo que debo a Dios, por cristiano: mi falta de correspondencia, ante esa deuda, me ha hecho llorar de dolor: de dolor de Amor. ‘Mea culpa!'” -Bueno es que vayas reconociendo tus deudas: pero no olvides cómo se pagan: con lágrimas… y con obras.
En días de retiro tu examen debe tener más hondura y más extensión que el tiempo habitual nocturno. -Si no, pierdes una gran ocasión de rectificar.
Acaba siempre tu examen con un acto de Amor -dolor de Amor-: por ti, por todos los pecados de los hombres… -Y considera el cuidado paternal de Dios, que te quitó los obstáculos para que no tropezases.
“La Fundación Xavier Zubiri es una institución cultural privada creada en el año 1989. Custodia el legado intelectual del filósofo español por excelencia, Xavier Zubiri. A efectos prácticos funciona como un instituto independiente de investigación y docencia con amplia conexión y difusión con el mundo universitario español e internacional…”
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Escuela de Vida Interior, Tema 18: Teorías y modelos del YO.
Para distinguir entre el falso y el verdadero conocimiento de sí mismo conviene hacer un recorrido por la historia, la filosofía y la psicología, aunque sea brevemente.
En Egipto se da un modelo “panal.” Así como entre las abejas todo gira en torno a la abeja reina, y el sentido de la vida de las abejas obreras es sólo la reina, así también en Egipto sólo importa la vida y la muerte del faraón. Es tanta la distancia que le separa de los demás mortales que ni siquiera puede emparentar con los que no sean de su familia: el incesto es una obligación en el antiguo Egipto.
En Grecia y Roma el panorama es distinto, pero sólo parcialmente. No es un individuo sino una clase social la que tiene todos los derechos. Son los “ciudadanos.” El resto son esclavos y su vida sólo tiene significado al servicio y atención de los ciudadanos, que son una minoría. El trato a los esclavos cambia de lugar a lugar pero lo que no cambia es que el YO del libre no se puede comparar con el YO del esclavo.
En la India se da un sistema de castas. El Yo de los sacerdotes, casta de los brahamanes, es fundamental y central. De ahí se desciende según los oficios y los orígenes de las diversas personas en la sociedad, como por una escalera, hasta llegar a los parias, que no interesan ni existen. El YO paria es sólo un estorbo; una basura.
Siddhartha Gautama, educado en el hinduísmo, tiene en su juventud lo que considera una gran iluminación: el sufrimiento nace del deseo; el deseo brota de la ficción o mentira permanente de la permanencia del YO. El “buda,” el iluminado, viene entonces a declarar la guerra al YO, una guerra que se supone que se gana a través de una cierta disciplina, mucha meditación y momentos privilegiados de iluminación. Por supuesto, la muerte del YO es también la muerte del TÚ. Si el budista quiere ser consecuente, sabe que no puede asir nada ni querer ser asido por nada, y esto excluye una propia vida social y familiar.
En el mundo shinto, que ha tenido tan amplia influencia en la cultura japonesa, lo que interesan son aquellas experiencias inesperadas de armonía, revelación y trascendencia que pueden estar ligadas a lugares incluso muy sencillos. El YO tampoco interesa y más bien estorba;si acaso sirve a manera de ofrenda anónima que ayuda a construir una armonía superior. Esto pareciera estar a la base del potente sentido de pertenencia que muchos empleados tienen con respecto a sus empresas, así como su lealtad al gobierno o al emperador.
Uno que en cambio ve la afirmación del YO como paso necesario para llegar a ser plenamente humano es Friedrich Nietzsche. Es ridículo y vergonzoso constreñir al YO dentro de los moldes de un “deber ser.” Sólo la corriente vital que no reconoce superior; sólo aquellos que tienen moral de “señores” y no de “esclavos” son capaces de una vida dionisíaca, plena, feliz, que no pide permisos ni se excusa ante nadie. Este YO gigantesco no puede tener peor enemigo que Dios, porque según Nietzsche la idea misma de Dios implica la afirmación de un orden debido, y eso coarta la explosión y el fluir mismo de la vida.
Para Sigmund Freud el YO es una entidad compleja que va más allá de lo que uno cree que conoce y piensa que desea. Además del YO visible hay un YO subconsciente que contiene multitud de tensiones no resueltas y de represiones de impulsos profundos que uno ha tenido, sobre todo en razón de los conflictos a que lleva el impulso sexual (libido). Además, todos hemos introyectado voces de maestros, papás y autoridades que conforman un “super-yo” que sigue adoctrinándonos e imponiéndose sobre las decisiones del YO y los requerimientos del inconsciente y del subconsciente.
La postura de Freud ha sido criticada desde varios ángulos: su “pansexualismo” no llegó a convencer del todo ni siquiera a sus más cercanos discípulos. Además, sus métodos para acceder al inconsciente, por ejemplo a través de la interpretación de sueños, han sido duramente criticados como faltos de rigor científico.
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Este tema pertenece al Capítulo 02 de la Escuela de Vida Interior; la serie completa de los diez temas de este Capítulo 02 está aquí:
La serie de TODOS los temas de esta Escuela de Vida Interior está aquí:
Josué vio que la única manera de sobrevivir en la tierra donde todo vale es obedeciendo el límite de la propia conciencia en fidelidad a Dios.