SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO
Estable y dinámica: así está llamada a ser la Iglesia, en fidelidad al testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo.

Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO
Estable y dinámica: así está llamada a ser la Iglesia, en fidelidad al testimonio de los apóstoles Pedro y Pablo.
Cinco sugerencias sustanciosas para avanzar en el camino de la fe.
¿Cómo apropiarnos de la magnífica enseñanza de Cristo en el Sermón de la Montaña?
Lección Novena
El testimonio de los mártires
Naturaleza y valor del testimonio de los mártires
Hemos contemplado las atroces circunstancias en las que, en todas las regiones del mundo antiguo, dieron testimonio de su fe mártires de toda edad, sexo y condición. ¿Cuál es el valor objetivo de este testimonio?
Hay autores, que de ordinario son imparciales, aunque no militen en nuestro mismo campo, como M. Boissier, que devalúan el valor demostrativo del testimonio de los mártires:
«Este asunto, propiamente hablando, no es una cuestión religiosa. Lo sería si pudiese afirmarse que la verdad de una doctrina se mide por la firmeza de sus defensores. Apologistas hay del cristianismo que así lo han pretendido, queriendo obtener de la muerte de los mártires una prueba indiscutible de la veracidad de las opiniones por las que se sacrificaban: “No se deja nadie matar por una religión falsa”. Pero este razonamiento no es convincente, y la misma Iglesia lo ha desvirtuado tratando a sus adversarios como sus propios hijos habían sido tratados. Ante la muerte valerosa de valdenses, husitas y protestantes que ella ha quemado o ahorcado, sin lograr con ello arrancarles ninguna retractación de sus creencias, es necesario que renuncie a sostener que nadie da la vida por afirmar una doctrina que no sea verdadera» (La fin du paganisme I,400).
Estas palabras exigen varias correcciones. En primer lugar, nunca la Iglesia ha sostenido que “nadie da la vida sino por una doctrina verdadera”. Las ejecuciones de herejes aludidas muestran claramente que es posible dar la vida con valor y buena fe por una doctrina falsa.
Pero, a nuestro juicio, la cuestión ha de plantearse de modo muy diferente. A pesar de ciertas extensiones frecuentes del término mártir, no todo el que da la vida por una doctrina puede ser llamado propiamente mártir. El significado etimológico de mártir es testigo. Pero nadie es testigo de sus propias ideas. El testigo da testimonio de hechos. Y es en este sentido en el que Jesucristo dice a sus discípulos: «vosotros seréis mis testigos» (Hch 1,8). Y ése el sentido de la afirmación de San Pedro y San Juan ante los judíos que les querían imponer silencio: «nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (4,20).
Los mártires son testigos no de una opinión, sino de un hecho: el hecho cristiano. Algunos, según expresión de San Juan, lo han visto nacer, han conocido a su autor, «han tocado con sus manos al Verbo de la vida» (1Jn 1,1). Otros han conocido ese hecho por una tradición viva, a través de una cadena de la que pueden ser comprobados cada uno de sus eslabones. Entre el testimonio que los mártires dan de esta tradición y la muerte de los herejes, que rehusan abandonar una opinión nueva, casi siempre extraña a la tradición y destructora del hecho cristiano, no hay una medida común. Aunque en ambos casos fueran iguales la sinceridad y la valentía, el valor del testimonio es desigual, o por decirlo mejor, solamente los primeros tienen derecho al título de testigos.
Consideremos más detenidamente la calidad de estos testimonios martiriales.
Si la voluntad de Dios está aconteciendo en nosotros se nos puede llamar cristianos; y si no, no.
Existe la idea de que el sacerdote debe tomar como deber primero complacer a la gente en sus requerimientos, por ilógicos o extemporáneos que sean, como si el futuro de la fe dependiera de mantener contenta a la clientela. El P. Jorge González, con su característico estilo y sentido del humor, comenta al respecto.
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Tengo una pregunta: ¿Cómo debe actuar un notario católico a partir del 20 de junio cuando tengan que unir parejas homosexuales según la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de Colombia? Al parecer se ha dicho que no pueden ejercer el derecho de objeción de conciencia, entonces ¿qué debería hacer ese notario? – MC.
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Yo creo que si la ley obliga a que se hable de matrimonio y cierra la puerta a la objeción de conciencia, la lucha inmediata debe ser reabrir esa puerta. Es lo que están haciendo aquí en Francia. Por supuesto, se requiere valor y habrá dolor, pero eso es lo que pasa cuando el mundo da la espalda a Dios. ¿Significa eso negarse a celebrar un “matrimonio” de dos personas del mismo sexo en caso de que la ley obligue a usar esa palabra? Sí. ¿Eso traerá consecuencias y desgracias para el notario? Sí. Lo mismo pasa en países donde médicos han sido encarcelados o privados de sus licencias por negarse a realizar abortos. Sin embargo, hay que anotar que, gracias a Dios no estamos todavía en ese extremo, en lo que atañe a nuestro país.
Todo depende de dar buenos frutos, pero sólo un ojo sano discierne qué es realmente bueno en un fruto.
La novedad de la Ley de Oro en el cristianismo es que Cristo nos ha enseñado qué esperar y desear para nosotros y para el prójimo.
Ser “católico” es amar a la Patria, sin ceder a nadie mejora en ese amor. Y, a la vez, tener por míos los afanes nobles de todos los países. ¡Cuántas glorias de Francia son glorias mías! Y, lo mismo, muchos motivos de orgullo de alemanes, de italianos, de ingleses…, de americanos y asiáticos y africanos son también mi orgullo. -¡Católico!: corazón grande, espíritu abierto.
Si no tienes veneración suma por el estado sacerdotal y el religioso, no es cierto que ames a la Iglesia de Dios.
Aquella mujer que en casa de Simón el leproso, en Betania, unge con rico perfume la cabeza del Maestro, nos recuerda el deber de ser espléndidos en el culto de Dios.
SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA
Sentido del bautismo que realizaba Juan junto al río Jordán.
Doce mensajes sobre #LaFe para que mejor agradezcas la fe que tienes y más anheles la que te hace falta!