Ejercicios teórico-prácticos para encontrar el corazón

* El ser humano tiene una enorme capacidad para esconderse de otros así como para engañarse a sí mismo. Por afán de protegernos, o por miedo, o por intereses que nos avergüenza o no nos conviene reconocer, convertimos nuestras vidas en laberintos donde nosotros mismos nos perdemos.

* A través de algunas dinámicas y reflexiones sencillas es posible palpar algunas de las opciones que, a veces de modo inconsciente, vamos tomando y que responden a la pregunta: ¿dónde está tu corazón?

[Hay algunas predicaciones relacionadas en este enlace.]

Métodos actuales de corrupción masiva de niños y niñas

“La receta del UNFPA [Fondo de las Naciones Unidas para la Población, por su sigla en inglés] para garantizar un «dividendo demográfico» incluye el aborto disponible de forma gratuita para los adolescentes, la supresión de la edad de libre consentimiento, de las leyes contra las drogas y la prostitución, y que se disminuya la participación de los padres en la formación sexual de sus hijos…”

¿Por qué se llama penitencia lo que nos dan en la confesión?

Fray Nelson… ¿Por qué se le llama “PENITENCIA” a las oraciones que tras la confesión el sacedorte nos impone?. Rezar, comunicarnos con Dios y la Virgen Santísima debe ser una necesidad diaria y un gusto inmenso y constante. Me gustaría que tuviera otro nombre y el otro día una compañera de trabajo con la que trabajo en su evangelización me preguntó y me quedé en blanco. Seguramente está justificado por algo hace mucho mucho tiempo, sin embargo tal vez la semántica podría adecuarse mas a la evangelización de nuestros tiempos. -L.M.

* * *

Ante todo: la variedad de nombres que recibe este sacramento habla de la riqueza interior que tiene y que comunica.

* Se le llama “sacramento de la confesión” porque confesamos la inocencia, santidad y verdad de Dios, y porque confesamos que somos nosotros los pecadores, y por eso también confesamos nuestras culpas.

* Se le llama “sacramento de la reconciliación” porque a través de la gracia compasiva y eficaz de la redención de Cristo nos reconcilia con Dios Padre, y sobre esa base, nos reconcilia con los hermanos, con nosotros mismos y con nuestra realidad.

* Se le llama “sacramento de la penitencia” porque ya desde tiempos antiguos la Iglesia tuvo conciencia de dos cosas: (A) En la medida de lo posible, el mal que uno hace uno lo debe reparar. El ejemplo típico es el de un robo: ¿qué sentido tendría arrepentirse de haber robado si uno se quedara con lo que robó? (B) Nuestra voluntad tiene que ser educada, no para reemplazar sino para prolongar y consolidar la obra de la gracia divina; o dicho de otro modo: el pecado es con mucha frecuencia el fruto de malas costumbres (malos hábitos; vicios), y por consiguiente un verdadero propósito de enmienda requiere de un plan, así sea sencillo, que lleve a reformar esas costumbres.

Ahí vemos las tres dimensiones principales que tiene la penitencia dentro de este sacramento: (1) Repara, en cuanto es posible, el daño causado por el pecado cometido. (2) Nos ayuda a reformar nuestra voluntad. (3) Nos pone en una ruta de oración perseverante para no desconectarnos del único que es Fuente de verdadera transformación.

A la vista de esta riqueza, lo primero que uno nota es que muchas veces, quizás presionados por la prisa, la rutina o el cansancio, los sacerdotes nos limitamos a pedir tales o cuales oraciones que a duras penas cumplen con el tercer objetivo mencionado.

¿Y por qué se llama “penitencia” ese conjunto de medicinas? Porque reformar lo que está deforme a menudo cuesta. Pero el sentido es el mismo que cuando preguntamos si algo “vale la pena”: hay una “pena,” en el sentido de un esfuerzo, un contradecir la línea de menor esfuerzo, pero el fruto y la cosecha por supuesto que desbordarán lo que hubimos de esforzarnos al sembrar.

Gimnasio Mental 026

Josefa sólo tiene un reloj de cuerda en la sala de su casa y un día olvidó darle cuerda de modo que el reloj se detuvo. Se le ocurrió una idea, sin embargo: fue caminando hasta la casa de su amiga Gertrudis, que tiene un buen reloj, que siempre da la hora correcta. Luego volvió a su casa, y aunque desconocía el tiempo hasta donde su amiga, al volver hizo unos cálculos y dejó su reloj en la hora exacta. ¿Cómo lo hizo?

[Si buscas la solución al Gimnasio 025, haz click aquí.]

Destellos de verdadera alegría

-No se han inventado todavía las palabras, para expresar todo lo que se siente -en el corazón y en la voluntad- al saberse hijo de Dios.

Propósito sincero: hacer amable y fácil el camino a los demás, que bastantes amarguras trae consigo la vida.

Hay cosas que haces bien, y cosas que haces mal. Llénate de contento y de esperanza por las primeras; y enfréntate -sin desaliento- con las segundas, para rectificar: y saldrán.

Más pensamientos de San Josemaría.

¿Te puedo contar algo?

nelson_medina

Yo también tengo una familia. Y en mi familia, como tal vez en la tuya, también hay dolor, problemas, decepciones, así como momentos alegres, abrazos sinceros y rostros de esperanza.

Soy sacerdote pero no salí de debajo de una piedra ni me cosecharon de un árbol. Salí del amor de una pareja y vengo del vientre y de los cuidados de una mujer: mi madre. Tengo tíos, primos, hermanos, sobrinos, amigos y amigas. Mi vida no es demasiado distinta de la tuya. Como todo ser humano, sufro cuando veo sufrir a los seres que amo. Aunque a veces la gente lo vea a uno como una caja de soluciones, yo también conozco el sentimiento de impotencia ante un problema insoluble, ante un dolor muy grande, o ante una pregunta que te hunde en la perplejidad.

Sin embargo, no me quejo, en absoluto, de la vida que más amo y de la tarea más hermosa que creo que existe en esta tierra: ser sacerdote. Si mi boca debe abrirse es para agradecer, bendecir, glorificar a Dios, y también para dar un GRACIAS gigantesco a tantas personas que han hecho posible que yo sea lo que soy. Eso puedo decir de mis cualidades. De mis defectos en cambio sé que sólo hay un responsable: yo mismo. Y por eso, lo mismo que todos, muchas veces he tenido que pedir perdón, a Dios y a mis hermanos.

Te cuento que amo apasionadamente a la Iglesia. Creo que la amo más que a mi vida pero eso sólo se sabría si un día tuviera que morir por Ella. Comprendo perfectamente que eso se llama “martirio” y que no es simple virtud humana sino puro regalo que viene del Cielo y de Dios, nuestro Padre. Pero sí te garantizo que amo a la Iglesia. Sufro con lo que le sucede. Sufro cuando es calumniada, o cuando nosotros, sus hijos, no estamos a la altura de su celestial y preciosa vocación de ser sacramento de salvación para el mundo.

Esta carta es para ti, que a menudo lees estos mensajes o me has visto por televisión o escuchado por Internet o por la radio. Sólo quería decirte que soy un ser humano cargado de lágrimas, risas, gratitud y muchas ganas de responder, en algo, a tanto amor que he recibido.

Por favor, no me olvides en tus oraciones. De verdad: cada uno de nosotros, sacerdotes de Cristo Jesús, cada uno lo necesita. ¡Gracias!