Las nulidades y la gracia sacramental

Buenos días Fray Nelson. Tengo una inquietud acerca de la UNIÓN SACRAMENTAL QUE SE PRODUCE EN LAS PAREJAS QUE NOS CASAMOS. Si la iglesia dice que el matrimonio es INDISOLUBLE, ¿qué sucede entonces con la UNIÓN SACRAMENTAL después de la nulidad de un matrimonio? – OLVM.

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La Iglesia no “anula” matrimonios. Si un matrimonio es válido es válido. Lo que sucede es que hay matrimonios que PARECEN válidos y no lo son. Por ejemplo, si la persona fue obligada a casarse o si la casaron con engaño grave.

Si al estudiar las condiciones de un matrimonio se ve que no fue válido eso es lo que se llama una declaración de nulidad, o sea, se declara oficialmente que NUNCA hubo matrimonio.

En esos casos graves no existe la gracia sacramental porque no existió el sacramento. Piensa en una persona que se casa y la tienen engañada; por ejemplo: una mujer que sabe que es estéril pero no le dice nada al novio, y así se “casan.” Ahí no hay matrimonio. No se anula sino que no lo hubo.

Por supuesto, cuando sí hay matrimonio, la Iglesia cree en la fuerza de la gracia sacramental.

ESCUCHA, Los otros nombres del Espíritu Santo

[Predicación a los servidores del Grupo de Oración en la Parroquia de San Antonio Claret, en Lakewood, NJ.]

* Tres imágenes son muy frecuentes cuando se va a hablar del Espíritu Santo: el viento, el fuego y la paloma. Pero en el Nuevo Testamento hay también otras imágenes que nos enseñan bastante de la presencia y la acción del Espíritu.

(1) Las arras. Son como el “adelanto” que indica que un compromiso va en firme, ya se trate de un negocio o de una boda. El Espíritu Santo nos concede, en medio de nuestras batallas, un “adelanto” y certeza de que la victoria es de Dios, y con esa certeza anticipada nos da nueva fuerza.

(2) El Defensor. Mientras que el espíritu perverso es Acusador (satán), que quiere que nos concentremos en los defectos de los demás o que desesperemos de nuestra propia conversión, el Espíritu Santo es Defensor que nos llama al arrepentimiento mientras nos recuerda la inagotable misericordia divina.

(3) El Consolador. Su consuelo no es un contentillo o un premio de consolación o una caricia para el derrotado. Su consuelo es luz que nos muestra la unión de nuestro padecer con el padecer de Cristo, para que nos beneficiemos de su amor inmenso.

(4) El temblor. Varias veces en el Nuevo Testamento encontramos que un fuerte temblor acompaña o sigue a la oración de los discípulos. En ningún caso es temblor que destruye. Es más bien la señal de cómo Dios cambia los cimientos de una vida, sacándonos de las bases falsas y dándonos fundamento auténtico.

(5) Armonía. El Espíritu crea unidad enseñándonos a descubrir el bien hermoso y además necesario que Él mismo está haciendo en otros corazones.

¿Una ética sin Dios?

“Uno de los grandes proyectos del pensamiento iluminista era (y es, donde existen pensadores que se identifican de alguna manera con el sueño iluminista) elaborar una ética sin Dios. O, al menos, una ética como si Dios no existiese, según una frase famosa tomada de los escritos de Hugo Grocio (1583-1645)…”

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