LA GRACIA del Viernes 9 de Junio de 2017

Al perseverar en la oración, la fidelidad y la paciencia superamos rápidamente nuestras crisis y podemos dar gracias a Dios por lo que aprendimos y descubrimos.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Ayúdanos a divulgar este archivo de audio en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios.]

ROSARIO de las Semanas 20170607

#RosarioFrayNelson para el Miércoles:
Contemplamos los Misterios de la Infancia de Jesús

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la infancia contemplamos la Anunciación a María Santísima y la Encarnación del Hijo de Dios.
  2. En el segundo misterio de la infancia contemplamos la visita de la Virgen Madre a su pariente Isabel.
  3. En el tercer misterio de la infancia contemplamos el sufrimiento que pasó San José, y la fe amorosa que tuvo.
  4. En el cuarto misterio de la infancia contemplamos el Nacimiento del Hijo de Dios en el humilde portal de Belén.
  5. En el quinto misterio de la infancia contemplamos la Epifanía: Jesús es luz para las naciones, y así es adorado por unos magos venidos de Oriente.
  6. En el sexto misterio de la infancia contemplamos la Presentación del Niño Jesús en el templo de Jerusalén.
  7. En el séptimo misterio de la infancia contemplamos a Jesús Niño en el templo, ocupado de las cosas de su Padre del Cielo.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

Un gran jesuita: el padre Hernando de Santarén

El misionero e historiador de la misión de Tepehuanes, el padre Pérez de Ribas, decía del padre Santarén que «nadie lo vio triste, sino alegre». Nació en Huete, pueblo de Toledo, en 1566, fue a Sinaloa cuando mataron al padre Tapia, y desde 1598 misionó a los acaxees y xiximíes. Andaba cada semana unas 90 leguas, y 300 en cuaresma. Edificó más de 40 iglesias, y por su mano fueron bautizados unos 50.000 indios, siendo muchos más los que redujo a vida en poblaciones.

Era un hombre atractivo, «de los de más hermosa proporción que se vio en aquel reino». Como hemos dicho, siempre estaba alegre, pero, como lo manda el Apóstol, se alegraba ante todo «en el Señor» (Flp 4,4), y a veces su alegría llegaba a plenitud justamente en la situación más desolada. En una carta dirigida al Provincial que le invitaba a retirarse ya el colegio de México le decía:

«Aunque me siento viejo y cansado, deseo que no quede por mí el procurar el bien de estas almas y misiones; ni pediré el salir de ellas, aunque no cerrando por eso la puerta a la obediencia para que disponga de mi persona como de un cuerpo muerto, pues harto mal fuera si de 19 años de Misión y trabajos no hubiera quedado en la indiferencia que nuestro Padre San Ignacio nos pide.

«No se experimenta por allá el jugo y contento que Nuestro Señor comunica, cuando es servido, a los que andan en estas misiones; más da Dios algunas veces en un desamparo de los que por acá se pasan, de un desvío de camino, de verse en un monte a pie en una tempestad de nieve, que le coge en una noche obscura al sereno y agua y sin abrigo, que en muchas horas de oración y retiramiento. El consuelo que Nuestro Señor me da en medio de estos trabajos es muy grande.

«Esto y el parecerme que pedir salir de ellos es volver a Dios las espaldas, y dejar a Cristo Nuestro Señor solo con la cruz a cuestas… me mueve a pedir no salir de aquí; In hoc positus sum. Y cuando aquí me hallare la muerte me tendré por dichoso, y entenderé que el morir con las armas en la batalla y solo en medio de estos bárbaros me será de tanto mérito, como rodeado de mis padres y hermanos. Y en este desamparo me prometo el amparo de N. Señor por quien se lleva.

«Esto escribo cansado sin poderme sentar un rato en tres días, sangrando enfermos por mis propias manos porque no hay quien lo haga, y catequizando y bautizando más de 70 personas, que de nuevo reciben la fe y la tienen con el Padre que las bautiza, y a cada momento me llaman. Dios Nuestro Señor les dé salud a estos pobres y el cielo a los que mueren; y a V. R. muchos obreros para su viña y a mí su espíritu para obedecer como verdadero hijo de la Compañía de Jesús» (+Cabalgata 85-86).

Varias veces había dicho el padre Santarén que no tenía ningún deseo de morir pacíficamente en la cama, «que eso era morir sornático y no entrar de corrida en el cielo, como los que derraman la sangre por Cristo». Y en efecto, el Señor le concedió «entrar de corrida en el cielo», después de veintitrés años de misionero en México.


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

La conciencia moral cristiana frente a la conciencia moral griega

“Aun cuando la Edad Media consideró, con mucho respeto la moral griega, es un hecho que en el intento por conservar todo lo perenne de ella, tuvieron que rehacerla casi por completo. En la moral griega de virtudes y vicios, los actos humanos buenos o malos han de estar vinculados a cualidades permanentes, es decir, a hábitos estables que van determinando el modo de ser de la persona más allá de sus actos singulares. Se trata del querer que está en el fondo del mismo hombre y que va formando nuestra vida. Pero lo que interesaba al griego no eran tanto los actos morales concretos como el hombre como efecto total de sus actos. En cambio, para los cristianos Dios es el Ser creador de los entes en su materia y en su forma y en los entes vivientes en sus cuerpos y en sus almas. Dios conserva el ser de los entes que crea y provee de todo lo necesario a todo aquello que crea. Ni una forma, ni un alma subsiste sin Dios y ningún pensamiento o cosa se le escapa…”

Haz clic aquí!

LA GRACIA del Jueves 8 de Junio de 2017

El verdadero sentido del matrimonio es fundar un hogar donde se realice el plan divino y se bendiga el Santo Nombre de Dios.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Ayúdanos a divulgar este archivo de audio en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios.]

ROSARIO de las Semanas 20170606

#RosarioFrayNelson para el Martes:
Contemplamos los Misterios de la Antigua Alianza

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la Antigua Alianza contemplamos la paciencia de Dios, que no detuvo su amor ante el pecado de los hombres.
  2. En el segundo misterio de la Antigua Alianza contemplamos el camino de fe de Abraham.
  3. En el tercer misterio de la Antigua Alianza contemplamos el éxodo de la tierra de Egipto.
  4. En el cuarto misterio de la Antigua Alianza contemplamos el don de la Ley hecho a Moisés y a su pueblo junto al Monte Sinaí.
  5. En el quinto misterio de la Antigua Alianza contemplamos la gran promesa de Dios al rey David: que el cetro real no se apartaría de su descendencia.
  6. En el sexto misterio de la Antigua Alianza contemplamos la valiente vocación de los profetas, por quienes el Espíritu Santo nos habló de muchas maneras.
  7. En el séptimo misterio de la Antigua Alianza contemplamos a el pequeño resto de Israel, que permaneció fiel y fue semilla de la Nueva y Eterna Alianza.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

¿Hacer penitencia tiene sentido en el siglo XXI?

Padre Nelson, tuve hace poco una discusión con un amigo del Regnum Christi que me hablaba sobre la necesidad de hacer penitencia como un camino para la conversión personal e incluso la salvación del mundo. Mi postura era que esas costumbres masoquistas medievales ya tuvieron su hora y ya pasaron, gracias a Dios. Al finla la discusión se pudo un poco tensa y aunque no me conveció lo que oí, sí me dejó pensando un poco. Usted qué opina? — G.J.

He encontrado este escrito en Internet que creo que orienta mucho. Tal vez yo no lo hubiera podido decir mejor.

“Para el mundo contemporáneo, hundido por completo en la exaltación y la búsqueda del placer, cualquier acto que implique renunciar a la comodidad no sólo resulta «oscurantista», pasado de moda, sino hasta patológico.

Absolutamente escandalizados se mostraron los medios de comunicación que a mediados de 2010 reprodujeron una nota del diario argentino MdZ que sacó a la luz las «prácticas retrógradas» que se practican en el seminario del Instituto del Verbo Encarnado, una de las comunidades religiosas que más vocaciones sacerdotales atrae en ese país.Penitencia en cuaresma

Todo empezó cuando un ex seminarista decidió hacer del conocimiento secular cómo viven los futuros sacerdotes; resulta que en el instituto los jóvenes hacen penitencia: «Más allá de las vocaciones y la proliferación de esta fe, las prácticas medievales persisten en esta institución y el día en el que más se aplican son los viernes», se lee en el periódico. Los sacrificios que ahí se hacen pueden desde incluir ayuno de una de las principales comidas hasta la autoflagelación con un látigo de tres cuerdas con nudos en el extremo, o el uso de un cinturón de piedras durante la Misa.

Otras cosas vividas en esa institución dedicada a la solidaridad con los más necesitados y no a la propia comodidad, y que disgustaron al ex seminarista en cuestión, son éstas: «No hay radio ni televisión. Todos duermen en literas triples, no hay dónde poner las cosas personales ni roperos. Nos bañamos con agua fría, cocinamos a leña».

MOTIVO DE ESCARNIO

La verdad es que desde tiempos de la primitiva Iglesia los cristianos han sufrido la burla intolerante ante la mortificación cristiana. Basta recordar los dibujos que el paganismo romano hacía de un burro crucificado para insultar a los seguidores de Cristo.

Para el mundo en general, particularmente el contemporáneo, donde lo que impera es la búsqueda del placer, la penitencia es masoquismo, oscurantismo, peligrosa patología que hay que combatir.

SE TOLERA SI NO ESTÁ CRISTO

Pero si bien todo lo que implica renuncia por motivos cristianos suele causar asombro y oposición, hay otros casos en los que las mortificaciones son bien vistas y hasta aplaudidas.

Así, se aclama a quienes más dietas hacen para estar delgados, e igual a quienes lo consiguen por medio de la anorexia. Penitencia por CuaresmaLa belleza externa ha tomado tal importancia que varones y mujeres se someten a dolorosas cirugías estéticas a fin de verse más hermosos y más jóvenes.

Lo mismo hay que decir de los vegetarianos y veganos, que se privan de determinados alimentos y productos, ya sea por motivos de salud física, apoyo a los supuestos «derechos» de los animales, o por influencias religiosas hinduistas o budistas, las cuales incluyen ayunos y otras mortificaciones. En todo esto está ausente Cristo, por eso no sólo es bien tolerado sino presentado como positivo e imitable.

EN EL AMOR ESTÁ EL MOTIVO

La diferencia de una mortificación para perder peso o para alcanzar el nirvana budista respecto de una mortificación cristiana radica en el amor; en las primeras el esfuerzo y las privaciones tienen su fuente en el «yo» —verse mejor o alcanzar la conciencia de ser «dios»—, en la última la motivación es el amor a Cristo: el creyente hace penitencia no porque le guste sufrir y hacerse daño, sino para unirse más estrechamente con Jesucristo sufriente.

Si no hay suficiente amor, las privaciones serán motivo de desdicha, no de crecimiento. Es por eso que las penitencias han de practicarse de manera libre; por ejemplo, cuando un feligrés se acerca al sacramento de la Confesión lo hace voluntariamente tanto para recibir el perdón como para dar alguna satisfacción o reparación por sus faltas a través de la penitencia que el sacerdote le indica.

Los santos siempre han sido asiduos practicantes de la penitencia, no sólo por sus propios pecados sino por los de los demás. Conforme se avanza en la relación con Dios, se puede ir entendiendo mejor el valor de la mortificación y su práctica de manera correcta. Y quien la ha llevado a cabo en algún grado y en alguna ocasión, seguramente ha podido entrever al menos algo de su grandeza; hasta el ex seminarista del Instituto del Verbo Encarnado confiesa que, tiempo después de marcharse, «quise volver»; aunque la institución no lo consideró conveniente.”

Diana R. García B.