La revelacion del Amor trinitario

30 El testimonio del Nuevo Testamento, con el asombro siempre nuevo de quien ha quedado deslumbrado por el inefable amor de Dios (cf. Rm 8,26), capta en la luz de la revelación plena del Amor trinitario ofrecida por la Pascua de Jesucristo, el significado último de la Encarnación del Hijo y de su misión entre los hombres. San Pablo escribe: « Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? » (Rm 8,31-32). Un lenguaje semejante usa también San Juan: « En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados » (1 Jn 4,10).

31 El Rostro de Dios, revelado progresivamente en la historia de la salvación, resplandece plenamente en el Rostro de Jesucristo Crucificado y Resucitado. Dios es Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, realmente distintos y realmente uno, porque son comunión infinita de amor. El amor gratuito de Dios por la humanidad se revela, ante todo, como amor fontal del Padre, de quien todo proviene; como comunicación gratuita que el Hijo hace de este amor, volviéndose a entregar al Padre y entregándose a los hombres; como fecundidad siempre nueva del amor divino que el Espíritu Santo infunde en el corazón de los hombres (cf. Rm 5,5).

Con las palabras y con las obras y, de forma plena y definitiva, con su muerte y resurrección,[Cf. Concilio Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, 4: AAS 58 (1966) 819] Jesucristo revela a la humanidad que Dios es Padre y que todos estamos llamados por gracia a hacernos hijos suyos en el Espíritu (cf. Rm 8,15; Ga 4,6), y por tanto hermanos y hermanas entre nosotros. Por esta razón la Iglesia cree firmemente « que la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro ».[Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 10: AAS 58 (1966) 1033]

32 Contemplando la gratuidad y la sobreabundancia del don divino del Hijo por parte del Padre, que Jesús ha enseñado y atestiguado ofreciendo su vida por nosotros, el Apóstol Juan capta el sentido profundo y la consecuencia más lógica de esta ofrenda: « Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud » (1 Jn 4,11-12). La reciprocidad del amor es exigida por el mandamiento que Jesús define nuevo y suyo: « como yo os he amado, así amaos también vosotros los unos a los otros » (Jn 13,34). El mandamiento del amor recíproco traza el camino para vivir en Cristo la vida trinitaria en la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y transformar con Él la historia hasta su plenitud en la Jerusalén celeste.

33 El mandamiento del amor recíproco, que constituye la ley de vida del pueblo de Dios,[Cf. Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, 9: AAS 57 (1965) 12-14] debe inspirar, purificar y elevar todas las relaciones humanas en la vida social y política: « Humanidad significa llamada a la comunión interpersonal »,[Juan Pablo II, Carta ap. Mulieris dignitatem, 7: AAS 80 (1988) 1666] porque la imagen y semejanza del Dios trino son la raíz de « todo el “ethos” humano… cuyo vértice es el mandamiento del amor ».[Juan Pablo II, Carta ap. Mulieris dignitatem, 7: AAS 80 (1988) 1665-1666] El moderno fenómeno cultural, social, económico y político de la interdependencia, que intensifica y hace particularmente evidentes los vínculos que unen a la familia humana, pone de relieve una vez más, a la luz de la Revelación, « un nuevo modelo de unidad del género humano, en el cual debe inspirarse en última instancia la solidaridad. Este supremo modelo de unidad, reflejo de la vida íntima de Dios, Uno en tres personas, es lo que los cristianos expresamos con la palabra “comunión” ».[Juan Pablo II, Carta enc. Sollicitudo rei socialis, 40: AAS 80 (1988) 569]

Este Compendio se publica íntegramente, por entregas, aquí.

Oracion en el Dia de la Santa Trinidad

Padre,
que enviaste al Espíritu de Verdad
para que reconociéramos en tu Hijo
a tu propia Sabiduría Increada;

Padre,
que derramaste el Espíritu de Caridad
para que amáramos a tu Hijo
con algo del amor que Tú le tienes;

Padre,
que nos enviaste a tu Hijo
para que conociéramos el aroma del Cielo
en la Unción de Gracia
que él esparció con tanta bondad;

Padre,
que nos diste a tu Hijo
para que renaciendo en Él por el Espíritu
conociéramos algo mejor que el amanecer
del primer día de la Creación;

Padre,
¡qué bello eres, qué santo,
qué justo, qué sabio,
qué bueno!

Padre,
te da gloria tu Hijo en el Espíritu Santo,
como era en el principio
ahora y siempre
por los siglos de los siglos.

Amén.

Una SUMA conversacion, 025: Presencia del Misterio Trinitario en la Biblia

¿Cómo surge la pregunta por la Trinidad en la Sagrada Escritura?

* En el A.T. no se encuentra de modo expreso el misterio trinitario: hay sólo algunas expresiones que, con la llegada de la Nueva Alianza, podían interpretarse como prefiguraciones de la Trinidad.

* Ya en el contexto del N.T., en cuanto se afirma que el Padre envió a su Hijo, y se afirma también que este Hijo merece adoración y obediencia a la par de Dios Padre, ahí surge el problema teológico de la Trinidad.

* Si uno pretende negar la divinidad de Cristo, deja sin sentido la autoridad con que Cristo se presenta en numerosos pasajes, y la manera como admite que se le ore y adore. Pasajes especialmente significativos son el prólogo de San Juan (Juan 1,1-14), y también Juan 10,33; Lucas 7,47; Marcos 1,5; Mateo 12,8; Juan 8,28 (con Éxodo 3,14); Juan 18,6. En cuanto a la divinidad del Espíritu, véase 1 Corintios 3,16; Romanos 8,15; Mateo 12,31-32.

Este capítulo pertenece al volumen 5 de la Suma Conversación.

Encontrar la Trinidad en la Juventud, 2 de 2

Encuentro Huracán 2011 en Ciudad de Panamá. Tema 2 de 2: Una vida con cimiento y libertad.

Esa etapa nueva de la vida, que llamamos juventud, trae consigo que podamos cuestionar certezas que teníamos. Un caso frecuente es la sensación de rebeldía y desconfianza frente a la autoridad tradicional de los papás. Pero ello abre un espacio amplio de incertidumbre, y la necesidad de hallar nuevo fundamento en áreas centrales de la vida, incluyendo los principios y valores. Puede darse que estructuras sociales amorfas, como son las pandillas, se conviertan en verdadera autoridad para jóvenes que no logran tener otra referencia. Se da así un retorno a la lógica de la “tribu.”

Cristo trae una propuesta diferente. Él mismo ha tenido que sufrir la pérdida del apoyo de su pueblo, de sus amigos, de las autoridades de su tiempo. Su cimiento ha sido el Padre Celestial, y ese mismo fundamento ha querido Él que tengamos nosotros.

Así fundados en Cristo y en Dios Padre entendemos el verdadero sentido de la libertad. No es “hacer lo que venga en gana” porque la “gana” es algo que fácilmente manipulan los maestros de la publicidad y la ingeniería social. La libertad empieza a existir cuando se abraza a la verdad. Tal es la libertad que nos trae el Espíritu Santo de Dios.

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Encontrar la Trinidad en la Juventud, 1 de 2

Encuentro Huracán 2011 en Ciudad de Panamá. Tema 1 de 2: Decidirse por Jesucristo.

Es característico de la juventud el empezar a tomar las propias decisiones. De jóvenes vivimos una cierta tensión entre el deseo de ser distintos y originales, por una parte, y el deseo de pertenecer a algo, y ser semejantes a un grupo, por la otra parte. En esa tensión interna es fácil equivocarse, y lamentablemente cada decisión incorrecta deja consecuencias de muy largo alcance.

Jesús tiene todas las credenciales para ayudarnos a decidir con resolución pero sobre todo con sabiduría. Es verdadero hombre, verdadero punto de referencia de lo que significa ser humano; es auténtico y claro; y es espejo de bondad y fuente de vida.

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Conoce la Trinidad en ti

Breve exposición de la resonancia del misterio trinitario en el ser humano, según san Agustín: el entendimiento tiene hambre de la Verdad del Verbo; la voluntad tiene hambre del Bien del Espíritu; la memoria tiene hambre de la solidez insondable del Padre.

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Celebrar a DIOS

Homilía en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, durante el Congreso de la Renovación Carismática, en Callao, Perú.

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