La alegría de llevar la Buena Nueva

Cuando te lances al apostolado, convéncete de que se trata siempre de hacer feliz, muy feliz, a la gente: la Verdad es inseparable de la auténtica alegría.

Personas de diversas naciones, de distintas razas, de muy diferentes ambientes y profesiones… Al hablarles de Dios, palpas el valor humano y sobrenatural de tu vocación de apóstol. Es como si revivieras, en su realidad total, el milagro de la primera predicación de los discípulos del Señor: frases dichas en lengua extraña, mostrando un camino nuevo, han sido oídas por cada uno en el fondo de su corazón, en su propia lengua. Y por tu cabeza pasa, tomando nueva vida, la escena de que “partos, medos y elamitas…” se han acercado felices a Dios.

Oyeme bien y hazme eco: el cristianismo es Amor; el trato con Dios es diálogo eminentemente afirmativo; la preocupación por los demás -el apostolado- no es un artículo de lujo, ocupación de unos pocos. -Ahora que lo sabes, llénate de gozo, porque tu vida ha adquirido un sentido completamente distinto, y sé consecuente.

Naturalidad, sinceridad, alegría: condiciones indispensables, en el apóstol, para atraer a las gentes.

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Apostolado

Despiértales uno a uno, explicándoles -también uno a uno- que, lo mismo que tú, pueden encontrar un camino divino, sin abandonar el lugar que ocupan en la sociedad.

Empezaste con muchos bríos. Pero poco a poco te has ido achicando… Y vas a acabar metido en tu pobre caparazón, si sigues empequeñeciendo tu horizonte. -¡Cada vez has de ensanchar más tu corazón, con hambres de apostolado!: de cien almas nos interesan las cien.

Agradece al Señor la continua delicadeza, paternal y maternal, con que te trata. Tú, que siempre soñaste con grandes aventuras, te has comprometido en una empresa estupenda…, que te lleva a la santidad. Insisto: agradéceselo a Dios, con una vida de apostolado.

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Verifica por ti mismo…

auxilium

«Auxilium christianorum!» -Auxilio de los cristianos, reza con seguridad la letanía lauretana. ¿Has probado a repetir esa jaculatoria en tus trances difíciles? Si lo haces con fe, con ternura de hija o de hijo, comprobarás la eficacia de la intercesión de tu Madre Santa María, que te llevará a la victoria.

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Nunca bajar la guardia

Voy a resumirte tu historia clínica: aquí caigo y allá me levanto…: esto último es lo importante. -Pues sigue con esa íntima pelea, aunque vayas a paso de tortuga. ¡Adelante!

¡Qué grandes deseos te consumen de resellar la entrega que hiciste en su momento: saberte y vivir como hijo de Dios! -Pon en las manos del Señor tus muchas miserias e infidelidades. También, porque es el único modo de aliviar su peso.

Renovación no es relajación.

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Resiliencia

Da muy buenos resultados emprender las cosas serias con espíritu deportivo… ¿He perdido varias jugadas? -Bien, pero -si persevero- al fin ganaré.

«Felix culpa!», canta la Iglesia… Bendito error el tuyo -te repito al oído-, si te ha servido para no recaer; y también para mejor comprender y ayudar al prójimo, que no es de más baja calidad que tú.

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Empeño

«Nunc coepi!» -¡ahora comienzo!: es el grito del alma enamorada que, en cada instante, tanto si ha sido fiel como si le ha faltado generosidad, renueva su deseo de servir -¡de amar!- con lealtad enteriza a nuestro Dios.

Recupera el tiempo que has perdido descansando sobre los laureles de la complacencia en ti mismo… Aprieta el paso en la piedad y en el trabajo: ¡te queda tanto por recorrer aún!; convive a gusto con todos, también con los que te molestan; y esfuérzate para amar -¡para servir!- a quienes antes despreciabas.

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Señales positivas

Otra paradoja del camino espiritual: el alma necesitada de menor reforma en su conducta, se afana más por conseguirla, no se detiene hasta alcanzarla. Y al revés.

Has notado con más fuerza la urgencia, la “idea fija” de ser santo; y has acudido a la lucha cotidiana sin vacilaciones, persuadido de que has de cortar valientemente cualquier síntoma de aburguesamiento. Luego, mientras hablabas con el Señor en tu oración, has comprendido con mayor claridad que lucha es sinónimo de Amor, y le has pedido un Amor más grande, sin miedo al combate que te espera, porque pelearás por El, con El y en El.

Siempre he pensado que muchos llaman “mañana”, “después”, a la resistencia a la gracia.

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Tomar una firme resolución

¡Qué poco listo parece el diablo!, me comentabas. No entiendo su estupidez: siempre los mismos engaños, las mismas falsedades… -Tienes toda la razón. Pero los hombres somos menos listos, y no aprendemos a escarmentar en cabeza ajena… Y satanás cuenta con todo eso, para tentarnos.

Así, tonteando, con esa frivolidad interior y exterior, con esas vacilaciones ante la tentación, con ese querer sin querer, es imposible que avances en la vida interior.

Siempre he pensado que muchos llaman “mañana”, “después”, a la resistencia a la gracia.

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El prefacio de la Misa de la Exaltación de la Santa Cruz

Hola fray Nelson. El Prefacio de la Eucaristía del día de la Exaltación de la Santa Cruz dice: “Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno, Tú has puesto la salvación del género humano en el árbol de la Cruz, para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, muera en un árbol vencido por Cristo nuestro Señor.” Es decir, la salvación del género humano es consecuencia de haber permitido Dios Padre que Jesús muriera “en el árbol de la Cruz”, o sea, que fuera crucificado. De acuerdo. Y Dios permite esto “para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida”. Favor aclarar. ¿La muerte tuvo su origen en la crucifixión? No lo entiendo, aunque sí está claro que de allí resurgiera la vida… Y continúa diciendo que “el que venció en un árbol”… ¿A quien se refiere? No lo entiendo, toda vez que continúa afirmando que luego ha de morir “en un árbol vencido por Cristo nuestro Señor”? Le agradecería sus aclaraciones. Bendiciones y paz. –Juan Rafael Pacheco (Johnny).

* * *

Los prefacios son preciosos documentos de estructura lírica muy alta, que suelen recoger temas bíblicos o de las vidas de los santos con un tono que semeja al de la poesía. Lo bueno que ello tiene es que prepara el corazón para lo más sublime que tenemos en esta tierra: la consagración del pan y el vino como Cuerpo y Sangre de Cristo, nuestro Señor. Pero tanta inspiración y un lenguaje tan conciso pueden significar también que las alusiones quedan un poco oscuras, como creo que sucede en el prefacio de la Exaltación de la Santa Cruz.

El tema central de ese prefacio es la comparación entre lo que sucedió en el paraíso terrenal (Génesis, capítulo 3) y lo que sucedió en el calvario. En el paraíso encontramos un árbol (el del conocimiento del bien y del mal), sabemos que el demonio ataca, y tenemos claro que allí este enemigo perverso se salió con la suya. A ese árbol del Génesis se opone el “árbol” de la Cruz, expresión obviamente basada en un parecido menor en lo físico pero muy elocuente en cuanto a los resultados. La expresión “el que venció en un árbol… fue en un árbol vencido por Cristo…” ya vemos que alude al enemigo del género humano, al demonio. La expresión: “…para que donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida…” hace referencia a que en un árbol perdimos la amistad con Dios y tomamos el rumbo de la muerte eterna pero en otro árbol, el de la Cruz, fuimos reconciliados con Dios y fuimos encaminados a la eternidad dichosa junto a Cristo.

Desenmascarando al enemigo

Necesito prevenirte contra una argucia de “satanás”… que intenta servirse de las circunstancias más normales, para desviarnos poco o mucho del camino que nos lleva a Dios. Si luchas, y más aún si luchas de veras, no debes extrañarte de que sobrevenga el cansancio o el tiempo de “marchar a contrapelo”, sin ningún consuelo espiritual ni humano. Mira lo que me escribían hace tiempo, y que recogí pensando en algunos que ingenuamente consideran que la gracia prescinde de la naturaleza: “Padre: desde hace unos días estoy con una pereza y una apatía tremendas, para cumplir el plan de vida; todo lo hago a la fuerza y con muy poco espíritu. Ruegue por mí para que pase pronto esta crisis, que me hace sufrir mucho pensando en que puede desviarme del camino”. -Me limité a contestar: ¿no sabías que el Amor exige sacrificio? Lee despacio las palabras del Maestro “quien no toma su Cruz «cotidie» -cada día, no es digno de Mí”. Y más adelante: “no os dejaré huérfanos…”. El Señor permite esa aridez tuya, que tan dura se te hace, para que le ames más, para que confíes sólo en El, para que con la Cruz corredimas, para que le encuentres.

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Esfuerzo humano santificado por la gracia divina

Te aconsejo que intentes alguna vez volver… al comienzo de tu “primera conversión”, cosa que, si no es hacerse como niños, se le parece mucho: en la vida espiritual, hay que dejarse llevar con entera confianza, sin miedos ni dobleces; hay que hablar con absoluta claridad de lo que se tiene en la cabeza y en el alma.

¡Cómo vas a salir de ese estado de tibieza, de lamentable languidez, si no pones los medios! Luchas muy poco y, cuando te esfuerzas, lo haces como por rabieta y con desazón, casi con deseo de que tus débiles esfuerzos no produzcan efecto, para así autojustificarte: para no exigirte y para que no te exijan más. -Estás cumpliendo tu voluntad; no la de Dios. Mientras no cambies, en serio, ni serás feliz, ni conseguirás la paz que ahora te falta. -Humíllate delante de Dios, y procura querer de veras.

Qué pérdida de tiempo y qué visión tan humana, cuando todo lo reducen a tácticas, como si ahí estuviera el secreto de la eficacia. -Se olvidan de que la “táctica” de Dios es la caridad, el Amor sin límites: así colmó El la distancia incolmable que abre el hombre, con el pecado, entre el Cielo y la tierra.

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