“La Pascua es el tiempo de la Iglesia. “Ahora os toca a vosotros”, parece decirnos el Señor Resucitado cuando nos muestra sus llagas -el ministerio eclesial de la caridad, espléndido ejercicio del llamado “munus regendi”-, su Palabra -el ministerio eclesial docente o “munus docendi” y su pan tierno y partido -“munus sanctificandi”-. Ahora nos toca a nosotros y tenemos cincuenta días consecutivos y todos los domingos del año -la vida entera, en definitiva- para reconocer y ser testigos del Resucitado, la mejor noticia y realidad de toda la historia de la humanidad…”
El matemático y músico colombiano Carlos E. Puente, radicado en los Estados Unidos, nos comparte una composición de ritmo caribeño, cantada a capella, a la gloria del resucitado.
Así como el conjunto de las necesidades humanas lo percibe el hombre en su unidad, así la unidad del misterio del Resucitado lo renueva todo en nosotros.
Padre, si Jesus resucitó a algunos muertos como Lázaro entonces porque hay tanto escandalo por su resurreción, si él no habia sido el único? – Preguntado en formspring.me/fraynelson
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No estoy seguro de qué sentido le das a la palabra “escándalo,” pero creo que sí debe destacarse muy claramente que no son de la misma clase ni tipo la resurrección de Lázaro y la de Cristo.
Lázaro volvió a esta vida, para luego morir como todos; Cristo en su resurrección “venció a la muerte” y la muerte “ya no tiene poder sobre él,” según nos enseña correctamente san Pablo en Romanos 6, 8.
Además la muerte de Lázaro es fruto de su fragilidad y enfermedad según nos cuenta el Capítulo 11 de San Juan. Por el contrario, el mismo evangelista nos enseña que a cristo no le quitan la vida, sino que él mismo la entrega, y esa entrega, que es signo e instrumento de un amor inconmensurable, es la que nos da salvación, de modo que podemos y debemos decir que somos redimidos en la muerte de Cristo, mientras que nadie diría que la muerte de Lázaro lo liberó.
Finalmente, sólo la resurrección de Cristo abre una existencia nueva que corresponde al destino final del universo, de modo que en el cuerpo glorioso de Cristo se ve el plan mismo de Dios en su plenitud.
[Retiro Espiritual “De Nazareth a la Cruz; de la Cruz a la Luz,” ofrecido a las Hermanas Dominicas Nazarenas, con ocasión de su IX Capítulo General Electivo en Diciembre de 2012.]
* En tiempos de Jesús eran famosos los “triunfos,” desfiles ostentosos con que los generales romanos mostraban en la Urbe sus logros, ganando así poder y capacidad de influencia. Lo militar y lo político iban unidos de modo que el despliegue civil de una victoria militar tenía mucho sentido.
* El Resucitado es el caso opuesto. Su victoria es inmensa, cósmica, definitiva, pero no hay triunfalismo en su modo humilde y caritativo de acercarse a los discípulos. ¿Por qué? Porque la ostentación y la opresión son inútiles cuando se trata de convertir corazones, y ese es el propósito de Cristo, en su Encarnación, su ministerio público, su muerte dolorosa en la Cruz, su actuar ya resucitado.
* Impresiona que el Señor Jesús, tanto en su despedida en la Cena, y después, ya resucitado, se abaja con humilde amor ante la obra del Espíritu Santo: “Os conviene que yo me vaya” (Juan 16,7), y “Aguardad la Promesa del Padre” (Hechos 1,4-5).
* Es el Espíritu quien nos hace coherederos. Es el Espíritu quien nos hace hijos, y es nuestra filiación la que nos permite participar de la vida propia del Hijo.