Inolvidable mensaje de Pascua

El año mismo en que Dios lo llamaría a pasar de este mundo a la eternidad, es decir, a experimentar en sí la Pascua, el gran Papa Pablo VI envió este mensaje al mundo. Era el 26 de marzo de 1978, y al Papa le quedaban menos de cinco meses de vida sobre esta tierra.

¡Amadísimos hijos de la Iglesia de Dios! ¡Hermanos todos de la comunidad humana!

En este momento reunimos lo que aún nos queda de energía humana y también cuanto colmadamente existe en nosotros de certeza sobrehumana para transmitiros el eco bienaventurado del anuncio que atraviesa y renueva la historia del mundo: ¡Cristo ha resucitado! ¡Sí, nuestro Señor Jesucristo ha resucitado de la muerte y ha inaugurado una nueva vida: para Sí mismo y para la humanidad!

Cristo ha salido al encuentro de los hombres, aterrados ante el gran prodigio de su nueva existencia, con el saludo más sencillo y más maravilloso, el saludo de su paz: “Paz a vosotros” (Jn 20, 19-21), dijo El mismo apareciendo de nuevo entre sus discípulos.

Nosotros, herederos auténticos de aquella fortuna, lo saludamos maravillados de la inaudita novedad, con la conciencia exultante por la sorprendente realidad y con el gozo de que una nueva presencia del divino Maestro nos obligue a sentir su victoria sobre nuestra tímida incredulidad y a repetir con idéntico ímpetu las palabras del discípulo Tomás: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28).

De esta manera, Señor, mientras celebramos la verdad y la gloria de tu resurrección, la luz nos inunda y nos invade.

Sí, nosotros somos conscientes y gozamos de una seguridad nueva, que nos pone en comunión espiritual y viva contigo.

Sí, nosotros creemos. Nosotros podemos ofrecerte el don que nos viene de Ti, Cristo resucitado, el don de nuestra fe, de nuestra humilde pero ya gloriosa fe, de la que vivimos y por la que vivimos, según lo que nos ha sido enseñado, y que, en cierta medida, experimentamos en nuestro espíritu: “El justo vive de la fe” (Gál 3, 1.1),

Este debe ser, hijos y hermanos, nuestro fruto pascual: el fruto de la fe.

Debemos ser “fuertes en la fe” (1 Pe 5, 9).

Debemos adherirnos con total confianza a la Palabra de Dios que nos llega por el camino de la Revelación.

La Palabra de Dios debe ser el quicio de nuestra existencia humana, un quicio lógico y operativo (cf. Gál 5, 6).

Nosotros, que tenemos la suerte de profesarnos creyentes, debemos superar esos estados de pensamiento que nacen de opiniones discutibles, de ideologías construidas por la mentalidad humana o por intereses prácticos particulares, para reconocer a la fe los derechos de la Palabra de Dios, aunque de momento nuestro conocimiento de ella esté como reflejado en un espejo enigmático (cf. 1 Cor 13, 12); vendrá la revelación cara a cara, pero, mientras tanto, debemos ser fieles, con valiente coherencia, a la norma de pensamiento y de acción que nos trae la religión de Cristo, a través del Magisterio auténtico de la Iglesia, Madre y Maestra.

No tengamos miedo. Esta sabiduría sobrenatural no disminuye la libertad y el desarrollo que nos llega de la ciencia y de la experiencia de nuestro estudio natural, sino que más bien lo sostiene y lo integra en el descubrimiento del mudo lenguaje de la creación. Y recapitula en un superlativo diálogo de inteligencia y de amor la nueva Palabra que el Padre, mediante el Hijo, en el Espíritu Santo, se digna dirigir a nuestra humilde vida para asociarla a su plenitud.

No tengamos miedo a hacer del Credo, que nos ha sido garantizado por la resurrección de Cristo, la fama de nuestra esperanza (cf. Heb 11, 1). Hagamos todo lo posible por superar el fondo de duda, de escepticismo, de negación que se ha depositado en la mentalidad de tantos hombres, que se dicen modernos, por el mero hecho de ser hijos del tiempo. Tratemos más bien de ganar para nuestra paz y para nuestra misma actividad temporal la fuerza luminosa de la Palabra de Cristo: “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 32).

Hijos y hermanos, éstos son nuestros votos de Pascua: que con al certeza de la fe podáis experimentar el gozo que nace de ella (cf. Flp 1, 23), de tal manera que podamos hacer nuestra la admirable plegaria de la Iglesia: “Ibi nostra fixa sint corda ubi vera sunt gaudia, que nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría” (cf. Oración colecta del XXI domingo del tiempo ordinario).

Sea ésta nuestra felicitación de Pascua, que ahora confirmamos con nuestra bendición apostólica.

Mensaje del Papa Francisco para la cuaresma 2015

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede. Pero ocurre que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien. Esta actitud egoísta, de indiferencia, ha alcanzado hoy una dimensión mundial, hasta tal punto que podemos hablar de una globalización de la indiferencia. Se trata de un malestar que tenemos que afrontar como cristianos.

Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. Uno de los desafíos más urgentes sobre los que quiero detenerme en este Mensaje es el de la globalización de la indiferencia.

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#LoAprendiDeDonBosco

  1. A la juventud no se le guía de lejos, con teorías o con regaños, sino de cerca, con ejemplo y oportunidades.
  2. La alegría es básica en la evangelización y no se la puede reemplazar con ideas, ventajas o solas palabras.
  3. El amor de Dios tiene caminos que no nos imaginamos, incluyendo las manos de un artista o la voz de un actor.
  4. El demonio tiene un propósito claro de destrucción; no es posible vencerlo sin un propósito claro de santidad.
  5. Si tu evangelización no conduce a los sacramentos, y especialmente a la Eucaristía, no te engañes: fracasaste.
  6. Pocas obras tan amables, hermosas y de tanto alcance como enseñar el amor y la confianza en la Santa Virgen María.
  7. Todo lo que sucede en la vida de los niños es importante y en muchos casos irreversible.
  8. La Iglesia solo puede ser obedecida con amor o detestada con asco; ya sabes lo que está en juego en la evangelización.
  9. El corazón humano es frágil e inseguro, especialmente en los jóvenes: un acto de soberbia puede destruir años de labor
  10. Ser alegres no es ser superficiales; ser profundos no significa ser amargados.

[Primero publicado en mi cuenta de Twitter.]

Hacia Asia

No es sólo un juego de palabras. El Papa nos invita, y nos lidera con el ejemplo: hay que mirar Hacia Asia.

Reconozcamos que el continente que contiene al país más extenso del mundo (Rusia) y a los dos países más poblados del mundo (China y la India), sigue siendo distante para nosotros. Vagamente sabemos que la empresa Apple hace sus productos en condiciones laborales muy duras en algunos países de Asia, y también sabemos que cada vez más gente se interesa por hacer negocios con China, y por supuesto sabemos que los japoneses y coreanos son impresionantes en sus logros de precisión tecnológica. Pero, ¿a quién le interesa que crezca el Evangelio en ese continente, que contiene más de la mitad de los seres humanos que hoy vivimos en este planeta? Le interesa al Papa Francisco.

Asia no es sólo tecnología de última hora y civilización milenaria: es ante todo hombres y mujeres que han sido amados hasta el extremo por Jesús; hombres y mujeres redimidos por la Sangre del Cordero Inmaculado. El Papa Francisco se agota y gasta visitando Sri Lanka, Corea, Filipinas porque sabe que ya no podremos decir que somos fieles a Cristo si no amamos con mayor claridad, intensidad y visibilidad a esa porción del mundo.

Lo que dijo el Papa sobre los atentados en París

El papa Francisco afirmó [el 15 de enero de 2015] que asesinar en nombre de Dios es una “aberración”, pero insistió en que “la libertad de expresión” no da derecho a “insultar” la religión del prójimo.

El pontífice se refirió así al ataque de la semana pasada contra la revista satírica ‘Charlie Hebdo’ en París, en el que murieron 12 personas, en declaraciones a la prensa a bordo del avión que lo llevaba de Sri Lanka a Filipinas, para comenzar la segunda etapa de su segundo viaje a Asia..

El sumo pontífice dijo que tanto la libertad de expresión como la libertad religiosa “son derechos humanos fundamentales” y precisó: “Tenemos la obligación de hablar abiertamente, de tener esta libertad, pero sin ofender”.

El papa respondió así a una pregunta de los periodistas que viajaban con él, en el avión que lo trasladaba de Sri Lanka a Filipinas, adonde llegó hoy.

El papa argentino consideró que aunque ahora pueda sorprender lo que está pasando en ese ámbito, en el pasado hubo guerras en las que la religión desempeñó un papel determinante. “También nosotros hemos sido pecadores, pero no se puede asesinar en nombre de Dios”, insistió.

“Creo que los dos son derechos humanos fundamentales, tanto la libertad religiosa, como la libertad de expresión”, continuó el papa sobre la compatibilidad entre ambos conceptos. Y le dijo al periodista francés que le planteó la cuestión: “Vamos (a hablar) sobre París, hablemos claro”.

Bergoglio dijo: “Tenemos la obligación de hablar abiertamente, de tener esta libertad, pero sin ofender”. “Es verdad que no se puede reaccionar violentamente, pero si Gasbarri (el papa aludió a uno de sus colaboradores junto a él en el avión), gran amigo, dice una mala palabra de mi mamá, puede esperarse un puñetazo. ¡Es normal!”, aseguró.

“No se pude provocar, no se puede insultar la fe de los demás. No puede burlarse de la fe. No se puede”, reiteró el papa. Francisco lamentó que haya “mucha gente que habla mal de otras religiones o de las religiones (…), que convierte en un juguete las religiones de los demás”, agregó. Para el pontífice argentino, estas personas “provocan” y fue cuando estimó que “hay un límite a la libertad de expresión”.

“Cada religión tiene dignidad, cualquier religión que respeta la vida y la persona, y yo no puedo burlarme. Y este es un límite, explicó el papa. “Puse este ejemplo (…) para decir que en esto de la libertad de expresión hay límites, como con lo que dije de mi mamá”, dijo gráficamente el papa a los corresponsales. Sobre la cuestión de la libertad de expresión, el pontífice aclaró que “es una obligación decir lo que se piensa para ayudar al bien común”.

“Si un senador o un político no dice lo que piensa, no colabora con el bien común”, defendió el papa. Francisco citó por otro lado al papa emérito Benedicto XVI cuando éste habló en la universidad alemana de Ratisbona sobre la existencia de una mentalidad “pospositivista” que conduce a considerar como “subculturas” a las religiones o a las expresiones religiosas.

Publicado por el periódico EL TIEMPO.

Pablo VI orando por la paz

“Señor, estamos hoy tan armados como nunca en los siglos anteriores y estamos cargados de instrumentos mortíferos capaces de incendiar en un instante la tierra y destruir hasta la misma Humanidad…”

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El Papa Francisco nos enseña sobre la unión entre Cristo y María

“María está tan unida a Jesús porque él le ha dado el conocimiento del corazón, el conocimiento de la fe, alimentada por la experiencia materna y el vínculo íntimo con su Hijo. La Santísima Virgen es la mujer de fe que dejó entrar a Dios en su corazón, en sus proyectos; es la creyente capaz de percibir en el don del Hijo el advenimiento de la «plenitud de los tiempos» (Ga 4,4), en el que Dios, eligiendo la vía humilde de la existencia humana, entró personalmente en el surco de la historia de la salvación. Por eso no se puede entender a Jesús sin su Madre…”

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LA GRACIA del Viernes 26 de Diciembre de 2014

FIESTA DE SAN ESTEBAN, PROTOMÁRTIR

Hay una hermosa complementariedad entre el 25 y el 26 de diciembre: que no falte profundidad a la alegría, ni gozo a la hora del martirio.

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Página web renovada de la Santa Sede

A impulsos del vigor evangelizador del Papa Francisco, y con la colaboración, sin duda, de muchas personas, el sitio web de la Santa Sede se ha renovado notablemente en los últimos meses. Si hace un tiempo que no lo visitas, date una vuelta por la página web del Papa.

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LA GRACIA del Jueves 18 de Diciembre de 2014

Se piensa que Jeremías sólo denunciaba desastres pero en el fondo de su mensaje hay la conciencia de que algo debe terminar porque algo nuevo está por nacer.

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LA GRACIA del Sábado 13 de Diciembre de 2014

El testimonio de Juan el Bautista, como el de Elías, muestra la fidelidad que derriba ídolos: actitud necesaria para purificar la fe en adviento.

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¿Qué significa aquello de que ser madre no es un estado civil?

Suponiendo que el Papa lo haya dicho, ¿qué significa aquello de que ser madre no es un estado civil? -S. Medina

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El texto que muchas fotos y avisos atribuyen al Papa Francisco es: “No existen madres solteras; existen madres. Ser madre no es un estado civil.”

Tomando la última frase en sí misma, es cierta: ser madre no es un estado civil. Pero esa frase no dice nada. Solamente indica que cuando en un formulario oficial se le pida a una mujer que marque una casilla, la soltera marcará “soltera” sin que importe si tiene o no hijos; y la casada marcará “casada” sin tener en cuenta hijos. ¿Y qué hay con eso?

Por otra parte, “soltera” es un adjetivo válido en la lengua castellana. Un adjetivo que tiene implicaciones en todos los casos. ¿Qué impide que se agregue ese adjetivo a la palabra “madre”? Uno puede decir: “Hay abogadas solteras y abogadas casadas” Eso tiene implicaciones laborales, prestacionales, familiares y de otros órdenes. Uno puede decir: “Hay deportistas solteras y deportistas casadas.” Y así sucesivamente. No hay nada que impida que uno diga “Hay madres solteras y madres casadas” ¿Por qué no se podría decir? Y es evidente que la condición de la madre soltera no es idéntica a la condición de la madre casada, o sea que no es solo un asunto de términos: es un asunto de realidades.

Esas realidades pueden llevar sin embargo a discriminaciones. Si la frase en verdad la dijo el Papa, cosa que yo no he podido comprobar, y si la dijo con la autoridad propia de su nuevo ministerio, y no por ejemplo como provincial de los jesuitas o como arzobispo de Buenos Aires, quizás la interpretación sería: “No dejes que tus prejuicios te impidan valorar los esfuerzos y virtudes de la mujer que ha decidido seguir adelante con un embarazo aún sin el apoyo de quien debería ser su pareja.”