La Fiesta de la Transfiguración en el Oriente Cristiano

Fray Nelson: desde hace años he tenido una especie de fascinación por el mundo cristiano en Oriente, entre otras cosas porque fue de ellos de quienes recibimos el primer testimonio de la fe. He visto que la fiesta de la Transfiguración del señor, que para nosotros no tiene el mismo nivel de relevancia. ¿Por qué sucede eso? ¿Qué ven ellos que nosotros no vemos? Gracias. — K.L.

* * *

De una página de cristianos ortodoxos, “Rezar con los Iconos” tomamos la siguiente información, que confirma lo que has dicho:

Cristo es el centro de la Transfiguración. Hacia él convergen dos testigos de la primera Alianza: Moisés, mediador de la Ley, y Elías, profeta del Dios vivo. La divinidad de Cristo, proclamada por la voz del Padre, también se manifiesta mediante los símbolos que san Marcos traza con sus rasgos pintorescos. La luz y la blancura son símbolos que representan la eternidad y la trascendencia: “Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como no los puede blanquear lavandera sobre la tierra” (Mc 9, 3). Asimismo, la nube es signo de la presencia de Dios en el camino del Éxodo de Israel y en la tienda de la Alianza (cf. Ex 13, 21-22; 14, 19. 24; 40, 34. 38).

Dice la santa liturgia oriental, en el Matutino de la Transfiguración: “Luz inmutable de la luz del Padre, oh Verbo, con tu brillante luz hoy hemos visto en el Tabor la luz que es el Padre y la luz que es el Espíritu, luz que ilumina a toda criatura”.

Este texto litúrgico subraya la dimensión trinitaria de la transfiguración de Cristo en el monte, pues es explícita la presencia del Padre con su voz reveladora. La tradición cristiana vislumbra implícitamente también la presencia del Espíritu Santo, teniendo en cuenta el evento paralelo del bautismo en el Jordán, donde el Espíritu descendió sobre Cristo en forma de paloma (cf. Mc 1, 10). De hecho, el mandato del Padre: “Escuchadlo” (Mc 9, 7) presupone que Jesús está lleno de Espíritu Santo, de forma que sus palabras son “espíritu y vida” (Jn 6, 63; cf. 3, 34-35).

Por consiguiente, podemos subir al monte para detenernos a contemplar y sumergirnos en el misterio de luz de Dios. El Tabor representa a todos los montes que nos llevan a Dios, según una imagen muy frecuente en los místicos. Otro texto de la Iglesia de Oriente nos invita a esta ascensión hacia las alturas y hacia la luz: “Venid, pueblos, seguidme. Subamos a la montaña santa y celestial; detengámonos espiritualmente en la ciudad del Dios vivo y contemplemos en espíritu la divinidad del Padre y del Espíritu que resplandece en el Hijo unigénito” (tropario, conclusión del Canon de san Juan Damasceno).

En la Transfiguración no sólo contemplamos el misterio de Dios, pasando de luz a luz (“porque en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz”, cf. Sal 36, 10), sino que también se nos invita a escuchar la palabra divina que se nos dirige. Por encima de la palabra de la Ley en Moisés y de la profecía en Elías, resuena la palabra del Padre que remite a la del Hijo, como acabo de recordar. Al presentar al “Hijo predilecto”, el Padre añade la invitación a escucharlo (cf. Mc 9, 7).

La liturgia de la Transfiguración, como sugiere la espiritualidad de la Iglesia de Oriente, presenta en los apóstoles Pedro, Santiago y Juan una “tríada” humana que contempla la Trinidad divina. Como los tres jóvenes del horno de fuego ardiente del libro de Daniel (cf. Dn 3, 51-90), la liturgia “bendice a Dios Padre creador, canta al Verbo que bajó en su ayuda y cambia el fuego en rocío, y exalta al Espíritu que da a todos la vida por los siglos” (Matutino de la fiesta de la Transfiguración). También nosotros oremos ahora al Cristo transfigurado con las palabras del Canon de san Juan Damasceno: “Me has seducido con el deseo de ti, oh Cristo, y me has transformado con tu divino amor. Quema mis pecados con el fuego inmaterial y dígnate colmarme de tu dulzura, para que, lleno de alegría, exalte tus manifestaciones:

Oh Verbo Luz inmutable, Luz del Padre sin nacimiento:
con tu luz, que apareció hoy en el Monte Tabor,
hemos visto al Padre Luz y al Espíritu Luz que iluminan toda la creación.

Un Himno al Sagrado Corazón

Una aurora de esperanza
en mi mente de alumno grabaré,
mansión de vida es mi colegio amado
yo jamás te olvidaré.

Donde quiera que camine
un vibrante cantar entonaré
con estrofas jubilosas
de optimismo y de fe

Soy de mi Señor Luz y manantial,
viviré en mi Dios, Él me da su paz.
Siempre cantaré al viento y al sol
que el amor de Dios está en mi corazón.

Es mi casa mi colegio
emoción familiar de mi vivir
cordial regazo me brindaste amante
en la edad estudiantil.

No me importan los trabajos,
en la lucha Jesús será mi luz.
Si me envuelven las sombras en la noche
Él me calma la inquietud.

Solo tengo ya un anhelo:
es amar como Cristo nos amó,
es amor que da la vida,
es la vida en el Amor.

¡Viva el Sagrado Corazón!

(Himno del Colegio del Sagrado Corazón de Madrid)

El hombre de la Sábana Santa no estaba muerto, según un estudio médico

“El origen de la Sábana Santa y de la imagen que muestra sigue suscitando estudios en la comunidad científica. Sin embargo, una investigación médica reciente podría dar un giro a las hipótesis que se barajaban hasta el momento. El doctor Bernardo Hontanilla, especialista en Cirugía Plástica de la Universidad de Navarra (España), acaba de publicar un artículo en la revista científica “Scientia et fides” en el que expone sus conclusiones: según ha explicado a Aleteia, la imagen de la Sábana Santa “corresponde a un hombre vivo”…”

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Cristo, primogénito de toda creatura

Hola fray Nelson. Espero que estes muy bien… Tengo una pregunta. La Biblia dice que Jesús fue el primogénito de toda criatura. Pero Jesús fue engendrado, no creado. Sé que es algo similar al arrianismo, pero ¿no es una cosa contraria a la otra? –L.S.

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La expresión “primogénito de toda creatura” (Colosenses 1,15) puede entenderse por lo menos de tres modos:

1. Cristo es creatura; es la primera dentro de la serie de todas las creaturas. En este sentido, Cristo sería una creatura más. Sería creado y no engendrado. Es la posición arriana, condenada expresamente en el Concilio de Nicea. Lo contrario, exactamente es lo que decimos en el credo. La posición arriana se rechaza porque no tiene modo de explicar otros pasajes de la Biblia.

2. Cristo es la Palabra y sabiduría de Dios Padre. En cuanto es “sabiduría” que preside y gobierna toda la creación, esa “sabiduría” que es Cristo está al principio de todo lo creado y se descubre en todo lo creado. Es entonces metafóricamente primogénito, o sea, primero entre todo lo creado. Es la interpretación que da San Atanasio, y que es plenamente católica.

3. Con Cristo empieza la nueva creación, en el sentido de que el Cristo Resucitado inaugura un nuevo orden de cosas que afecta a toda la creación. Es otra interpretación plenamente católica, que he conocido en algunos teólogos.

Dios te bendiga y nos confirme a todos en la santa fe católica.

Un Himno a Cristo, Palabra de Dios

<p>Señor, ¿a quién iremos,<br>
si tú eres la Palabra?</p>

<p>A la voz de tu aliento<br>
se estremeció la nada;<br>
la hermosura brilló<br>
y amaneció la gracia.</p>

<p>Señor, ¿a quién iremos,<br>
si tu voz nos habla?</p>

<p>Nos hablas en las voces<br>
de tu voz semejanza:<br>
en los goces pequeños<br>
y en las angustias largas.</p>

<p>Señor, ¿a quién iremos,<br>
si tú eres la Palabra?</p>

<p>En los silencios íntimos<br>
donde se siente el alma,<br>
tu clara voz creadora<br>
despierta la nostalgia.</p>

<p>¿A quién iremos, Verbo,<br>
entre tantas palabras?</p>

<p>Al golpe de la vida,<br>
perdemos la esperanza;<br>
hemos roto el camino<br>
y el roce de tu planta.</p>

<p>¿A dónde iremos, dinos,<br>
Señor, si no nos hablas?</p>

<p>¡Verbo del Padre, Verbo<br>
de todas las mañanas,<br>
de las tardes serenas,<br>
de las noches cansadas!</p>

<p>¿A dónde iremos, Verbo,<br>
si tú eres la Palabra?</p>

<p>Amén.</p>

«Este es mi Hijo amado»

“Con la fiesta del Bautismo del Señor cerramos el tiempo litúrgico de Navidad, un período en el que hemos celebrado ante todo la manifestación del Hijo de Dios como Salvador de los hombres, tanto de los pertenecientes al pueblo de Israel como de los gentiles…”

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El Hombre de la Síndone, reconstruido en 3D

“Consideramos que tenemos finalmente la imagen precisa de cómo era Jesús en esta tierra. De ahora en adelante ya no se le podrá representar sin tener esta obra en cuenta”. El profesor ha confiado al semanario Chi la exclusiva de esta obra suya, y les reveló: “Según nuestros estudios, Jesús era un hombre de una belleza extraordinaria. Esbelto, pero muy robusto, tenía un metro ochenta centímetros de alto, cuando la estatura media de la época era de 1,65 metros. Y tenía una expresión real y majestuosa”

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Cristo, y los dones preternaturales que tuvo Adán

Fray Nelson: En la enseñanza de fe hemos aprendido que Adán y Eva fueron creados en gracia, sin pecado y con dones preternaturales entre los que destacaría no enfermarse y no morir (si estoy en lo correcto); todos estos dones se perdieron por la mancha del pecado. Ahora bien, siendo Cristo Dios y verdadero hombre, habiendo nacido sin pecado y por ello definido como “el nuevo Adán”, ¿uno podría afirmar que Cristo tenía estos dones preternaturales y que la única forma de que conociera la muerte era producto del asesinato ya que por vía natural no podría morir al tener en sí los dones preternaturales? — L.T.

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La palabra “preternatural” tiene una clave para nuestra respuesta. “Praeter” en latín es aquello que está “al lado de,” es decir, algo que es compatible pero que no es esencial ni integral. Pensemos en el vestido. En principio, el ser humano puede vivir sin vestirse. Una vida así tendrá inconvenientes de diverso género pero no es imposible, y sobre todo, no supone una negación de la naturaleza humana. Uno podría decir, con algo de metáfora, que el uso del vestido es algo “preternatural.”

Con es aclaración, volvamos al caso de Cristo. Siendo una sola Persona, la Persona del Verbo Eterno del Padre, y sin abandonar su naturaleza divina, ha asumido nuestra naturaleza humana, que se sintetiza en el hecho de tener en unidad sustancial un verdadero cuerpo humano y una verdadera alma humana. Lo “preternatural” no es indispensable para afirmar que él es verdadera y plenamente humano.

Santo Tomás de Aquino estudia este tema en la Suma Teológica, en la III parte, cuestión 14. Así por ejemplo, en el artículo 3, dice: “El tomó, en efecto, la naturaleza humana sin el pecado, en la pureza que tenía en el estado de inocencia. Y de igual manera hubiera podido asumir una naturaleza humana exenta de defectos. Por consiguiente, queda claro que Cristo no contrajo tales defectos como tomándolos a modo de deuda por el pecado, sino por su propia voluntad.”

¿Y qué quería Cristo al tomar una naturaleza completa pero marcada por defectos que son efecto del pecado? Santo Tomás trata el asunto en la misma cuestión 14, artículo 1, ad tertium: “La pena es siempre consecuencia de la culpa, actual u original, unas veces del que es castigado, otras de aquel por quien satisface el que padece las penas. Y esto es lo que aconteció en Cristo, según Is 53,5: El fue herido por nuestras iniquidades, y molido a causa de nuestros pecados.”

¿Y con respecto a la muerte? Dado el modo de naturaleza (defectuosa) que Cristo asumió, por amor a nuestra salvación, la muerte natural hubiera acaecido también, nos sigue enseñando el Doctor Común, ene l artículo 3 de la mencionada cuestión, ad secundum: “La causa de la muerte y de los demás defectos de la naturaleza humana es doble: una, remota, cimentada en los principios materiales del cuerpo humano, por estar éste compuesto de elementos contrarios. Pero esta causa estaba impedida por la justicia original. Y, por eso, la causa próxima de la muerte y de los otros defectos es el pecado, que motivó la privación de la justicia original. Y como Cristo estuvo exento de pecado, de ahí que digamos que no contrajo los defectos aludidos, sino que los asumió voluntariamente.”

En todo esto lo que brilla es el amor de misericordia, que todo lo hizo, según proclamamos en el Credo, “por nosotros y por nuestra salvación.”