¿Es el Islam, visto en sí mismo, una religión de paz?

Con motivo de los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, algunos han querido presentar las cosas de esta manera: “el Islam es una religión pacífica pero en ella, como en tantos otros grupos humanos, hay sectores que se radicalizan; son estos tales los que producen los actos de barbarie…” De verdad, ¿es el Islam, visto en sí mismo, una religión de paz?

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Esa cuestión fue planteada en comentarios a mi artículo Arde París. Debo entonces también aquí recordar algo que publiqué hace poco, de lo cual extracto un fragmento. Es parte de una entrevista al P. Khalil Samir, SJ:

Se oye decir a menudo en Occidente y en ciertos ambientes musulmanes moderados que estos mujáhidín no son verdaderos musulmanes, que su acción es contraria al espíritu del islam, que islam significa, etimológicamente, paz y tolerancia, y otras cosas así. ¿Es correcta esta precisión?

Los occidentales que repiten estas afirmaciones, por lo general, saben muy poco del islam. Aceptan gustosamente estas tesis procedentes de ambientes islámicos. Unas tesis que, en realidad, no son exactas.

Las palabras islam y salam derivan, efectivamente, de la misma raíz, pero no tienen una relación directa. Me explicaré: la raíz s-l-m en árabe, como la raíz sh-l-m en hebreo y en todas las lenguas semíticas, significa «estar sano», «estar en paz» y existe un vínculo semántico entre paz, salvación, salud, etc. Salám, en árabe, significa paz, salama significa salud, islam significa sumisión. La palabra islam deriva del verbo aslama, que significa «someterse» o «abandonarse a»; el islam consiste, por tanto, en el acto de abandonarse o de someterse, se sobrentiende a Dios, pero no significa «alcanzar un estado de paz», aunque alguien pueda añadir, por motivaciones espirituales, esta falsa etimología.

Por otra parte, la violencia está claramente presente en la vida misma de Mahoma, como hemos señalado ya en su biografía. Aquí también es interesante observar que las primeras biografías del fundador no llevan el nombre de sira, como serán llamadas en el siglo tercero de la hégira (siglo IX de la era cristiana), sino el de kitab almagazi, o sea, «el Libro de las razias». Fue el mismo Mahoma el que dirigió sistemáticamente, como jefe político, estas razias o incursiones bélicas, el que las organizó y conquistó, una tras otra, las diferentes tribus árabes. Y éstas se sometieron a él y a su Dios, pagando un tributo que permitía a Mahoma lanzarse a nuevas conquistas.

Inmediatamente después de su muerte (632) fueron muchas las tribus que se rebelaron contra su sucesor, el califa Abü Bakr al-Siddíq (632-634), negándose a seguir pagando el tributo, de modo que el califa les tuvo que declarar la guerra. Los historiadores musulmanes llaman a estas guerras hurüb al-ridda, las guerras de los apóstatas. De ahí ha derivado la obligación de matar a todo el que se eche atrás, al apóstata que reniegue de su fe. Con todo, es preciso añadir que los compañeros del califa le señalaron que esas tribus se negaban a pagar el tributo, sin que por ello abandonasen el islam. En realidad, las tribus consideraban a Mahoma más como líder político que como profeta religioso, y no estaban dispuestas a reconocer, a su muerte, a ningún otro jefe.

La violencia, en definitiva, formaba parte del islam naciente. En aquella época, nadie encontraba nada reprobable en las acciones bélicas de Mahoma, dado que las guerras eran un componente más de la cultura beduina de Arabia. Sin embargo, el problema es que, hoy, los grupos islámicos más aguerridos continúan adoptando ese modelo. Proclaman: «También nosotros debemos llevar el islam a los no musulmanes como hizo el Profeta, con la guerra y la violencia», y fundamentan estas afirmaciones en algunos versículos del Corán.

Jihád: ¿guerra santa o lucha espiritual?

“La palabra jihád deriva de la raíz j-h-d que, en árabe, evoca la idea de esfuerzo, en general bélico. La palabra jihád se emplea siempre en el Corán con el sentido de lucha por Dios, según la expresión completa jihád fí sabíl Alláh, lucha por el camino de Dios. De ahí que se traduzca en las lenguas europeas como «guerra santa» por los mismos musulmanes…”

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Propaganda islamista en Carrefour de Francia

“Dos de los libros que se venden contienen textos que constituyen discriminaciones manifiestas contra los cristianos. Uno, por ejemplo, extraído de la obra del imán Nawani Los 40 Hadiths preconiza la muerte para los “apóstatas” (caso de un musulmán que se convirtiera al cristianismo)”, explica.

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¿Quién es Allah?

“Pensando en la importancia de las preguntas y la desinformación general, decidí compartirlas y contestarlas abiertamente. Primero debemos saber el significado de la palabra Allah. Digo la palabra porque no es un nombre propio, es una palabra árabe compuesta, “al-ilah”, “al” es el artículo, significa “el”, “ilah” (sustantivo), palabra árabe significa “dios”. Si combinamos las dos palabras juntas tenemos la palabra “Allah”, literalmente “el dios”…”

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España se unió ganando su tierra para Cristo

Empresa popular y religiosa

La lucha contra el Islam invasor fue lo que, por encima de muchas divisiones e intereses contrapuestos, unió en una causa común a todos los reinos cristianos peninsulares, y dentro de ellos a reyes y nobles, clérigos y vasallos, oficios y estamentos. Todos empeñaban la vida por una causa que merecía el riesgo de la muerte. Y la Reconquista iba adelante, con tenacidad multisecular, como empeño nunca olvidado.

«Un valle, una llanura, una montaña, una villa, una gran ciudad eran ganadas al Islam porque el Señor había sido generoso; y como proyección de la merced divina, castillos, palacios, casas, heredades… Se habían jugado a cara o cruz la vida, habían tal vez caído en la batalla padres, hijos, hermanos… pero después, en lo alto de las torres, el símbolo magno de la pasión de Cristo. Y nuevas tierras que dedicar al culto del hijo de Dios. Y así un siglo, dos, cinco, ocho» (104)…

En seguida venían nuevos templos, fundaciones y donativos para monasterios fronterizos, conversión de mezquitas en iglesias, organización de sedes episcopales, constitución de municipios nuevos, pues sólo poblando se podía reconquistar.

En los audaces golpes de mano contra el moro, o en los embates poderosos de grandes ejércitos cristianos, todos invocaban siempre el auxilio de Cristo y de María, de Santiago y de los santos, alzando a ellos una oración «a medias humilde y orgullosa: «Sirvo, luego me debes protección»» (103), y ofreciéndoles después lo mejor del botín conquistado, pues ellos eran los principales vencedores. Tras la victoria, el Te Deum laudamus.

En efecto, durante ocho siglos las victorias hispanas eran siempre triunfos cristianos: Fernando III vence en Córdoba, y hace devolver a Santiago las campanas arrebatadas por Almanzor, triunfa en Sevilla, y alza la santa Cruz sobre la torre más alta de la Alhambra granadina. Ni siquiera en tiempos calamitosos de crisis política y social, como en aquellos que precedieron al gran reinado restaurador y unificador de los Reyes Católicos, se olvidaba el empeño de la Reconquista.

El programa de gobierno de la reina Isabel al ascender al trono de Castilla, en 1474, expresaba su intención con estas sinceras palabras:

«el servicio de Dios, el bien de las Iglesias, la salvación de todas las almas y el honor de estos reinos». Finalmente, tras diez años de tenaz resistencia, caía en Granada el último bastión árabe. En 1492.

El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

No good choice ahead: leading to anarchy or strenghtening a dictator

Secretary of State Hillary Rodham Clinton told a Senate committee that “one of our biggest concerns is Libya descending into chaos and becoming a giant Somalia,” where al-Qaeda could find refuge. Earlier this week she said Mr. Gaddafi “has to go.” She was right on both counts. Prolonged fighting in Libya, which has begun to seem more likely this week as the Gaddafi regime has mounted counterattacks against opposition-held cities, could quickly lead to anarchy in a country that has already been a source of fighters for al-Qaeda.

Should Mr. Gaddafi manage to survive and regain control, the consequences would be equally terrible. In addition to unthinkable bloodshed and suffering for Libyans, the dictator would demonstrate that U.S. and European demands for his downfall were meaningless – and offer an example to other Arab autocrats facing popular uprisings.

Publicado via email a partir de Palabras de camino

Arab democracy and the return of the Mediterranean world

With the toppling of autocratic regimes in Egypt and Tunisia – and other Arab dictators, such as Libya’s, on the ropes – some have euphorically announced the arrival of democracy in the Middle East. But something more subtle may develop. The regimes that emerge may call themselves democracies and the world may go along with the lie, but the test of a system is how the power relationships work behind the scenes.

In states with relatively strong institutional traditions, such as Tunisia and Egypt, a form of democracy may in fact develop. But places that are less states than geographical expressions, such as Libya and Yemen, are more likely to produce hybrid regimes. Within such systems – with which history is very familiar – militaries, internal security services, tribes and inexperienced political parties compete for influence. The process produces incoherence and instability even as it combines attributes of authoritarianism and democracy. This is not anarchy so much as a groping toward true modernity.

Another obstacle to full-bore democracies emerging quickly across the Middle East is simply that young people, while savvy in the ways of social media and willing to defy bullets, can bring down a system, but they cannot necessarily govern. Hierarchical organizations are required to govern. And as those develop we will see various mixed systems – various grays instead of democracy vs. dictatorship in black-and-white terms.

Publicado via email a partir de Palabras de camino