Los signos que Cristo describe del final de los tiempos se cumplen solo parcialmente en nuestra época; pero el cristiano no espera a que lo mueva el terror porque ya lo urge el amor.
Todos y en toda circunstancia estamos llamados a la generosidad: con nuestra fortaleza para servir; o con nuestra fragilidad, para dar a Cristo el tributo de nuestra confianza y unirnos a su pasión redentora.
La vida cristiana es para siempre y con todo el corazón, pidamos Cristo que nuestro encuentro con Él nos devuelva la estabilidad que hemos perdido por nuestras incoherencias.
SOLEMNIDAD NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY UNIVERSAL
Cristo resucitado es el eternamente libre, es quien más allá de todas nuestras limitaciones y pretensiones nos está llevando a una libertad sin límites, a Dios mismo ¡Viva Cristo Rey!
El valor permanente del Antiguo Testamento está en la tipificación que nos conduce a reconocernos en la Escritura, y a la vez, ver los pasos que llevaron hacia la revelación plena en Cristo.
MEMORIA DE LA PRESENTACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Seamos fieles al impulso de la gracia en nuestros corazones acogiendo el amor de Dios, siguiendo los pasos de la Virgen María quien nos guía en la perfecta vida cristiana.
Además de buscar los beneficios, asumamos también las responsabilidades de nuestros oficios dentro de la Iglesia, procurando en todo la gloria de Dios.
Este es el tiempo de volverse a Dios y decirle: “si muchas veces perdí mi tiempo y tu visita, perdóname Señor pero no me abandones, quiero ser verdadera obra y visión de paz para ti”.
El Evangelio nos cuestiona sobre qué tanto nos importa lo que ofende a Dios y le roba su gloria, y cuánto nos importan aquellos que fueron adquiridos por la sangre de su Hijo.
Los cristianos no tenemos espíritu de resignación ni derrotismo, somos en cambio pacientes, capaces de soportar la hora mala, luchando el combate espiritual, seguros de la victoria en Cristo.