La sociedad al servicio de la familia

252 El punto de partida para una relación correcta y constructiva entre la familia y la sociedad es el reconocimiento de la subjetividad y de la prioridad social de la familia. Esta íntima relación entre las dos « impone también que la sociedad no deje de cumplir su deber fundamental de respetar y promover la familia misma ».570 La sociedad y, en especial, las instituciones estatales, —respetando la prioridad y « preeminencia » de la familia— están llamadas a garantizar y favorecer la genuina identidad de la vida familiar y a evitar y combatir todo lo que la altera y daña. Esto exige que la acción política y legislativa salvaguarde los valores de la familia, desde la promoción de la intimidad y la convivencia familiar, hasta el respeto de la vida naciente y la efectiva libertad de elección en la educación de los hijos. La sociedad y el Estado no pueden, por tanto, ni absorber ni sustituir, ni reducir la dimensión social de la familia; más bien deben honrarla, reconocerla, respetarla y promoverla según el principio de subsidiaridad.571

253 El servicio de la sociedad a la familia se concreta en el reconocimiento, el respeto y la promoción de los derechos de la familia.572 Todo esto requiere la realización de auténticas y eficaces políticas familiares, con intervenciones precisas, capaces de hacer frente a las necesidades que derivan de los derechos de la familia como tal. En este sentido, es necesario como requisito previo, esencial e irrenunciable, el reconocimiento —lo cual comporta la tutela, la valoración y la promoción— de la identidad de la familia, sociedad natural fundada sobre el matrimonio. Este reconocimiento establece una neta línea de demarcación entre la familia, entendida correctamente, y las otras formas de convivencia, que —por su naturaleza— no pueden merecer ni el nombre ni la condición de familia.

254 El reconocimiento, por parte de las instituciones civiles y del Estado, de la prioridad de la familia sobre cualquier otra comunidad y sobre la misma realidad estatal, comporta superar las concepciones meramente individualistas y asumir la dimensión familiar como perspectiva cultural y política, irrenunciable en la consideración de las personas. Ello no se coloca como alternativa de los derechos que las personas poseen individualmente, sino más bien como su apoyo y tutela. Esta perspectiva hace posible elaborar criterios normativos para una solución correcta de los diversos problemas sociales, porque las personas no deben ser consideradas sólo singularmente, sino también en relación a sus propios núcleos familiares, cuyos valores específicos y exigencias han de ser tenidos en cuenta.

NOTAS para esta sección

570Juan Pablo II, Exh. ap. Familiaris consortio, 45: AAS 74 (1982) 136.

571Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2211.

572Cf. Juan Pablo II, Exh. ap. Familiaris consortio, 46: AAS 74 (1982) 137-139.

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Familia, vida económica y trabajo

248 La relación que se da entre la familia y la vida económica es particularmente significativa. Por una parte, en efecto, la « eco-nomía » nació del trabajo doméstico: la casa ha sido por mucho tiempo, y todavía —en muchos lugares— lo sigue siendo, unidad de producción y centro de vida. El dinamismo de la vida económica, por otra parte, se desarrolla a partir de la iniciativa de las personas y se realiza, como círculos concéntricos, en redes cada vez más amplias de producción e intercambio de bienes y servicios, que involucran de forma creciente a las familias. La familia, por tanto, debe ser considerada protagonista esencial de la vida económica, orientada no por la lógica del mercado, sino según la lógica del compartir y de la solidaridad entre las generaciones.

249 Una relación muy particular une a la familia con el trabajo: « La familia constituye uno de los puntos de referencia más importantes, según los cuales debe formarse el orden socio-ético del trabajo humano ».561 Esta relación hunde sus raíces en la conexión que existe entre la persona y su derecho a poseer el fruto de su trabajo y atañe no sólo a la persona como individuo, sino también como miembro de una familia, entendida como « sociedad doméstica ».562

El trabajo es esencial en cuanto representa la condición que hace posible la fundación de una familia, cuyos medios de subsistencia se adquieren mediante el trabajo. El trabajo condiciona también el proceso de desarrollo de las personas, porque una familia afectada por la desocupación, corre el peligro de no realizar plenamente sus finalidades.563

La aportación que la familia puede ofrecer a la realidad del trabajo es preciosa, y por muchas razones, insustituible. Se trata de una contribución que se expresa tanto en términos económicos como a través de los vastos recursos de solidaridad que la familia posee. Estos últimos constituyen un apoyo importante para quien, en la familia, se encuentra sin trabajo o está buscando una ocupación. Pero más radicalmente aún, es una contribución que se realiza con la educación al sentido del trabajo y mediante el ofrecimiento de orientaciones y apoyos ante las mismas decisiones profesionales.

250 Para tutelar esta relación entre familia y trabajo, un elemento importante que se ha de apreciar y salvaguardar es el salario familiar, es decir, un salario suficiente que permita mantener y vivir dignamente a la familia.564 Este salario debe permitir un cierto ahorro que favorezca la adquisición de alguna forma de propiedad, como garantía de libertad. El derecho a la propiedad se encuentra estrechamente ligado a la existencia de la familia, que se protege de las necesidades gracias también al ahorro y a la creación de una propiedad familiar.565 Diversas pueden ser las formas de llevar a efecto el salario familiar. Contribuyen a determinarlo algunas medidas sociales importantes, como los subsidios familiares y otras prestaciones por las personas a cargo, así como la remuneración del trabajo en el hogar de uno de los padres.566

251 En la relación entre la familia y el trabajo, una atención especial se reserva al trabajo de la mujer en la familia, o labores de cuidado familiar, que implica también las responsabilidades del hombre como marido y padre. Las labores de cuidado familiar, comenzando por las de la madre, precisamente porque están orientadas y dedicadas al servicio de la calidad de la vida, constituyen un tipo de actividad laboral eminentemente personal y personalizante, que debe ser socialmente reconocida y valorada,567 incluso mediante una retribución económica al menos semejante a la de otras labores.568 Al mismo tiempo, es necesario que se eliminen todos los obstáculos que impiden a los esposos ejercer libremente su responsabilidad procreativa y, en especial, los que impiden a la mujer desarrollar plenamente sus funciones maternas.569

NOTAS para esta sección

561Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 10: AAS 73 (1981) 601.

562León XIII, Carta enc. Rerum novarum: Acta Leonis XIII, 11 (1892) 104.

563Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 10: AAS 73 (1981) 600-602.

564Cf. Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno: AAS 23 (1931) 200; Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 67: AAS 58 (1966) 1088-1089; Juan Pablo II, Carta enc. Laborem execerns, 19: AAS 73 (1981) 625-629.

565Cf. León XIII, Carta enc. Rerum novarum: Acta Leonis XIII, 11 (1892) 105; Pío XI, Carta enc. Quadragesimo anno: AAS 23 (1931) 193-194.

566Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 19: AAS 73 (1981) 625-629; Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, art. 10, a, Tipografía Políglota Vaticana, Ciudad del Vaticano 1983, p. 14.

567Cf. Pío XII, Alocución a las mujeres sobre la dignidad y misión de la mujer (21 de octubre de 1945): AAS 37 (1945) 284-295; Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 19: AAS 73 (1981) 625-629; Id., Exh. ap. Familiaris consortio, 23: AAS 74 (1982) 107- 109; Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, art. 10, b, Tipografía Políglota Vaticana, Ciudad del Vaticano 1983, p. 14.

568Cf. Juan Pablo II, Carta a las Familias Gratissimam sane, 17: AAS 86 (1994) 903-906.

569Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens, 19: AAS 73 (1981) 625-629; Id., Exh. ap. Familiaris el consortio, 23: AAS 74 (1982) 107-109.

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La familia, proyecto de Dios, 1 de 4, Introducción y ADELANTE!

[Retiro parroquial en Christ the King, Des Moines, Iowa, EEUU. Septiembre de 2014.]

Tema 1 de 4: Introducción

* La familia no es una institución más, entre las diversas formas que tenemos los seres humanos de asociarnos para distintos propósitos o metas. Lo que hace única a la familia, y lo que le da un lugar central en el plan de Dios es que es LA institución que forma y prepara a los nuevos hombres y mujeres para que sean capaces de vivir, trabajar, prosperar y ser útiles y felices en la sociedad humana.

* Por eso la familia es anterior a todas las instituciones de la sociedad, porque debe preparar para todas ellas, y en ese sentido las antecede.

* La singularidad de la familia puede captarse a través de un acróstico: ADELANTE!

Amor
Descanso
Experiencia
Límites
Armonía
Nombre
Trascendencia
Esperanza

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Solidaridad propia de la familia en cuanto familia

246 La subjetividad social de las familias, tanto individualmente como asociadas, se expresa también con manifestaciones de solidaridad y ayuda mutua, no sólo entre las mismas familias, sino también mediante diversas formas de participación en la vida social y política. Se trata de la consecuencia de la realidad familiar fundada en el amor: naciendo del amor y creciendo en él, la solidaridad pertenece a la familia como elemento constitutivo y estructural.

Es una solidaridad que puede asumir el rostro del servicio y de la atención a cuantos viven en la pobreza y en la indigencia, a los huérfanos, a los minusválidos, a los enfermos, a los ancianos, a quien está de luto, a cuantos viven en la confusión, en la soledad o en el abandono; una solidaridad que se abre a la acogida, a la tutela o a la adopción; que sabe hacerse voz ante las instituciones de cualquier situación de carencia, para que intervengan según sus finalidades específicas.

247 Las familias, lejos de ser sólo objeto de la acción política, pueden y deben ser sujeto de esta actividad, movilizándose para « procurar que las leyes y las instituciones del Estado no sólo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y deberes de la familia. En este sentido, las familias deben crecer en la conciencia de ser “protagonistas” de la llamada “política familiar” y asumir la responsabilidad de transformar la sociedad ».559 Con este fin, se ha de reforzar el asociacionismo familiar: « Las familias tienen el derecho de formar asociaciones con otras familias e instituciones, con el fin de cumplir la tarea familiar de manera apropiada y eficaz, así como defender los derechos, fomentar el bien y representar los intereses de la familia. En el orden económico, social, jurídico y cultural, las familias y las asociaciones familiares deben ver reconocido su propio papel en la planificación y el desarrollo de programas que afectan a la vida familiar ».560

NOTAS para esta sección

559Juan Pablo II, Exh. ap. Familiaris consortio, 44: AAS 74 (1982) 136; cf. Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, art. 9, Tipografía Políglota Vaticana, Ciudad del Vaticano 1983, p. 13.

560Santa Sede, Carta de los derechos de la familia, art. 8 a-b, Tipografía Políglota Vaticana, Ciudad del Vaticano 1983, pp. 12-13.

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La tarea educativa en el seno de la familia

238 Con la obra educativa, la familia forma al hombre en la plenitud de su dignidad, según todas sus dimensiones, comprendida la social. La familia constituye « una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad ».539 Cumpliendo con su misión educativa, la familia contribuye al bien común y constituye la primera escuela de virtudes sociales, de la que todas las sociedades tienen necesidad.540 La familia ayuda a que las personas desarrollen su libertad y su responsabilidad, premisas indispensables para asumir cualquier tarea en la sociedad. Además, con la educación se comunican algunos valores fundamentales, que deben ser asimilados por cada persona, necesarios para ser ciudadanos libres, honestos y responsables.541

239 La familia tiene una función original e insustituible en la educación de los hijos.542 El amor de los padres, que se pone al servicio de los hijos para ayudarles a extraer de ellos («e-ducere») lo mejor de sí mismos, encuentra su plena realización precisamente en la tarea educativa: « El amor de los padres se transforma de fuente en alma y, por consiguiente, en norma que inspira y guía toda la acción educativa concreta, enriqueciéndola con los valores de dulzura, constancia, bondad, servicio, desinterés, espíritu de sacrificio, que son el fruto más precioso del amor ».543

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Familias Sólidas, 1 de 2, Invitación a la sana rebeldía

[Predicación a un grupo de parejas en la Parroquia de María Reina, en Puerto Azul, Guayaquil. Septiembre de 2014.]

Tema 1 de 2: Invitación a la sana rebeldía

* Cuando el entorno contradice nuestros principios, deseos o necesidades, hay dos reacciones posibles: asimilarse uno al ambiente adverso, o adaptar ese ambiente a lo que uno considera que necesita. La Escritura es clara: lo nuestro es transformar nuestra mente (Romanos 12) y ser sal de la tierra, sal que da sabor y que no teme ser escozor (Mateo 5).

* El mundo, en efecto, trata de “domesticarnos” usando cuatro estrategias principales:

(1) La ley de las mayorías, según la cual empezamos a considerar como “normal” lo que es muy común.

(2) El mal ejemplo de las llamadas “celebridades”

(3) Las seducciones y ventajas (temporales y parciales) que trae el pecado, sobre todo, el pecado “estructural”

(4) El miedo y las amenazas contra quienes quieren romper la hegemonía del orden impuesto.

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Ciclo de Renovación Sacerdotal, 4 de 4, Desafíos a la familia cristiana

[Predicaciones para los sacerdotes de la Arquidiócesis de Guayaquil. Septiembre de 2014.]

Tema 4 de 4: Desafíos a la familia cristiana

Contexto:

  • Los modelos “alternativos” e “inclusivos” no son un modo de atender a sectores de la población sino un modo de cambiar la sociedad en su conjunto.
  • El objetivo de este ataque es la disolución de la familia como núcleo de formación y acogida de las personas, de modo que el individuo quede inerme frente a un falso papá (el Estado) y una falsa mamá (la Sociedad Consumista)
  • La Iglesia es prácticamente la única institución que tiene capacidad y motivos para enfrentar esta ideología. Por lo mismo, es la institución estorbosa y enemiga.
  • Las palabras de combate contra la Iglesia son intolerancia, discriminación y “fobia”

Acciones concretas:

  • Crear conciencia de lo que está sucediendo. Muchos católicos son ingenuos y resultan asaltados en su buena fe.
  • Incluir temas de complementariedad de sexos y de teología del cuerpo en la predicación cotidiana.
  • Fortalecer la pastoral de parejas, en sus diversas modalidades y grupos.
  • Evitar el lenguaje que pueda ser considerado irrespetuoso pero distinguir siempre entre la persona y sus comportamiento.

[podcast]http://fraynelson.com/conferencias/vida_consagrada/renovacion_sacerdotal_4de4_familia.mp3[/podcast]

La familia es el santuario de la vida

230 El amor conyugal está por su naturaleza abierto a la acogida de la vida.512 En la tarea procreadora se revela de forma eminente la dignidad del ser humano, llamado a hacerse intérprete de la bondad y de la fecundidad que proviene de Dios: « La paternidad y la maternidad humanas, aún siendo biológicamente parecidas a las de otros seres de la naturaleza, tienen en sí mismas, de manera esencial y exclusiva, una “semejanza” con Dios, sobre la que se funda la familia, entendida como comunidad de vida humana, como comunidad de personas unidas en el amor (communio personarum) ».513

La procreación expresa la subjetividad social de la familia e inicia un dinamismo de amor y de solidaridad entre las generaciones que constituye la base de la sociedad. Es necesario redescubrir el valor social de partícula del bien común insita en cada nuevo ser humano: cada niño « hace de sí mismo un don a los hermanos, hermanas, padres, a toda la familia. Su vida se convierte en don para los mismos donantes de la vida, los cuales no dejarán de sentir la presencia del hijo, su participación en la vida de ellos, su aportación a su bien común y al de la comunidad familiar ».514

231 La familia fundada en el matrimonio es verdaderamente el santuario de la vida, « el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a los que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano ».515 La función de la familia es determinante e insustituible en la promoción y construcción de la cultura de la vida,516 contra la difusión de una « “anticivilización” destructora, como demuestran hoy tantas tendencias y situaciones de hecho ».517

Las familias cristianas tienen, en virtud del sacramento recibido, la peculiar misión de ser testigos y anunciadoras del Evangelio de la vida. Es un compromiso que adquiere, en la sociedad, el valor de verdadera y valiente profecía. Por este motivo, « servir el Evangelio de la vida supone que las familias, participando especialmente en asociaciones familiares, trabajan para que las leyes e instituciones del Estado no violen de ningún modo el derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, sino que la defiendan y promuevan ».518

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ESCUCHA, Ser pareja, 2 de 2, Bases de fe

[Predicación a un grupo de parejas, convocadas por Radio Kerigma, de Washington. Agosto de 2014.]

* ¿Qué bien particular trae Cristo a la pareja?

(1) Ante todo, hay que saber que los seres humanos reales somos imperfectos. Y la capacidad de tener paciencia, perdonar y volver a empezar no es lo que más abunda en la sociedad. Sólo el que se sabe amado, compadecido y perdonado, da el paso para ver de otra manera a los demás humanos… incluyendo su propia pareja.

(2) La presencia de Cristo nos llama a humildad, sinceridad y generosidad: tres virtudes de muy alta importancia en la convivencia como familia o como pareja. Todo brota de ese conocimiento profundo de sí mismo que sólo conoce el que ha visto de frente sus incoherencias pero también las ha visto retroceder por el poder del Redentor.

(3) La oración compartida hace bien. Preferiblemente, oración que se ciñe a las propuestas de la Iglesia, como es la Santa Misa, la Liturgia de las Horas o el Santo Rosario. Las plegarias espontáneas corren el riesgo de volverse un correo de comunicaciones indirectas, que no ayudan ni en lo humano ni en lo divino.

(4) Y no olvidar que la meta de la pareja que de verdad se ama es ayudar al otro a llegar al Cielo. El único nombre que tiene la plenitud humana es santidad en la comunión divina.

[podcast]http://fraynelson.com/conferencias/familia/ser_pareja_2de2.mp3[/podcast]

ESCUCHA, El poder del lenguaje y su lugar en la familia

[Conferencia en la Parroquia de Santa María del Lago, en Bogotá. Agosto de 2014.]

* El lenguaje muestra su poder especialmente en los sacramentos: es la Palabra, en cuanto unida a Cristo-Palabra, la que hace que un elemento tan sencillo como el agua o como el pan adquiera una eficacia que trasciende cuanto hay en la naturaleza.

* Las palabras, según se ve, pueden construir y ser instrumento de bendición pero lamentablemente pueden ser causa de división, y llegar a herir de modo irreparable.

* Usamos mal nuestras palabras por tres razones principales:

(1) La presión emocional y tensión nerviosa del estilo típico de vida urbana hace difícil la virtud de la prudencia, también al hablar.

(2) Hemos perdido o no hemos llegado a adquirir la virtud de la escucha. Muy a menudo, en una discusión, más que escuchar lo que nos dicen estamos preparando qué responderemos.

(3) Muchas veces vivimos en la superficie de nosotros mismos, de modo que lo trivial y lo puramente comercial se adueñan de nuestro lenguaje y no sabemos poner en palabras lo que de verdad necesitamos o nos duele.

* Hay decisiones que pueden ayudar:

(1) Más espacios de silencio. Tener particular cuidado con las avalanchas de noticias y con las letras de la música que uno oye.

(2) Santificar la memoria: las jaculatorias o meditaciones breves van limpiando la mente y dando orden al corazón.

(3) Buscar mejores tiempos y lugares para escuchar, no desde la perspectiva de entrar condenando ni de ser cajas de soluciones, sino como quien quiere aprender cómo es en verdad la otra persona, porque no la da por ya conocida.

(4) Practicar la asertividad: en lugar de presentarnos como conocedores del mundo interior de los demás, y de sus intenciones, conviene aprender a expresar con sencillez y verdad lo que vamos viviendo y sintiendo nosotros. Es distinto decir: “Es que tú crees que yo soy un mentiroso,” a decir: “Me siento juzgado injustamente.”

* Son grandes las bendiciones que el lenguaje, que es don de Dios, puede traer a nuestra vida. Esas bendiciones pueden y deben expresarse en opciones concretas:

(1) Acostumbrémonos a bendecirnos unos a otros.

(2) ¡Hay que tener espacios compartidos de oración en familia!

(3) Y hay que liberar nuestros espacios de familia de todo lenguaje agresivo o malediciente. Que los nuestros sean espeacios de bendición y verdaderas plataformas para transmitir a otros el bien recibido.

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ESCUCHA, Nuestra tarea como cristianos católicos

[Conferencia en San Luis Potosí. Mayo de 2014.]

* Es imposible la moral cristiana sin la alegría cristiana: sólo el que tiene el gozo y gratitud de saberse amado por Cristo llega a ser obediente en todo a Cristo.

* Los tiempos del heroísmo y los tiempos de la santidad ya llegaron. No hay futuro para la Iglesia sin heroísmo como fruto de la gracia.

* Areas especiales de combate:

(1) Defensa de la vida humana. No sólo aborto y eutanasia. En la raíz está el egoísmo de la pareja trae a los hijos la convicción de que estorban. Los jóvenes se ven ante la posibilidad de dejarse al abandono si no encuentran espacios sanos de acogida. Los jóvenes piden dos cosas: que seas verdadero y que les des tiempo.

(2) Defensa de la familia: no sólo la parte legal sino sobre todo familias felices, unidas y generosas. los que no tengan a Cristo como rey no alcanzarán fidelidad.

(3) Impregnarlo todo de Cristo; atención al papel irreemplazable de los laicos.

[podcast]http://fraynelson.com/conferencias/crecimiento/nuestra_tarea_como_cristianos_catolicos.mp3[/podcast]

La Revolución Antropólogica de las teorías Queer

Muchos ingenuos creen que lo de los derechos para personas con atracción por su mismo sexo es algo que afecta a unos pocos contra los que se han cometido muchas injusticias; la verdad es que detrás de la supuesta igualdad viene una imposición brutal que afectará toda la sociedad, la educación y la familia. El recurso siempre es que hay que evitar la homofobia, como si fuera el único y peor pecado; de ahí se pasa a la obligatoriedad de aceptar como docentes y figuras de ejemplo a quienes promueven estilos homosexuales o transexuales, hasta disolver toda noción de sexo y de género y convertirnos en consumidores de placer estéril, fáciles de manipular frente al dios Mercado.

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El libro-entrevista al cardenal Müller sobre la familia

“Seamos claros. El cardenal no dice nada nuevo, pero ha prestado un magnífico servicio a la Iglesia con este librito. Explica la doctrina de la Iglesia sobre el sacramento del matrimonio, su indisolubilidad, el carácter pecaminoso del adulterio -divorciados vueltos a casar-, la necesidad de no estar en pecado mortal para acercarse a comulgar, etc. Y añade, cosa que tampoco es nuevo, que ni un Papa ni un concilio ecuménico puede cambiar la doctrina de la Iglesia…”

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