El valor de las misas en latín

Padre Nelson: varios de mis amigos, católicos con una buena formación, se han ido acercando a las misas en latín porque hay unos padres aquí cerca que celebran con el rito “extraordinario.” Y le soy sincero, Padre, a mí si me parece extraordinario porque veo fervor, respeto, atención y sentido de lo sagrado, que son cosas que se han perdido en muchos lugares. Alguien me decía, con motivo de la muerte de un tío mío, que le mandara celebrar 30 misas pero en latín, o sea, con esos padres, supongo yo. Y me quedó la duda: ¿por qué tiene que ser en latín? ¿Es que la misa en latín por decirlo así “vale más”? Gracias por su tiempo. — R.B.

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Para abordar una pregunta cono la tuya, hay que partir de qué es la misa, para ver de dónde proviene su valor. En el número 1322 del catecismo leemos: “La Sagrada Eucaristía culmina la iniciación cristiana. Los que han sido elevados a la dignidad del sacerdocio real por el Bautismo y configurados más profundamente con Cristo por la Confirmación, participan por medio de la Eucaristía con toda la comunidad en el sacrificio mismo del Señor.”

De inmediato comprendemos el valor infinito, incomparable que tiene la Misa, y que proviene enteramente de la unión con el sacrificio de Cristo, en amor y obediencia, sobre el madero de la Cruz. Ese valor intrínseco de la Misa, que sin duda es el más importante, no tiene nada que ver con el idioma o los instrumentos musicales que se utilicen, si se utilizan.

Uno puede hablar de valores adicionales o extrínsecos, que provienen de las disposiciones del celebrante y del pueblo de Dios que participa. Efectivamente, el fervor de quien preside y el recogimiento de la asamblea ayudan a que el valor intrínseco, infinito e inmutable de la Misa alcance con mayor abundancia a los que están presentes. Y de nuevo: uno se da cuenta de que esas disposiciones no tienen que ver con que sea rito ordinario o extraordinario, o que sea misa en latín, inglés, español o swahili.

De modo accidental y ocasional hay factores que pueden impactar el alma y facilitar que surjan las mencionadas disposiciones. Un lugar solemne, o históricamente muy significativo, puede causar ese efecto. Supongamos el caos de las personas que peregrinan a Tierra Santa y tienen una eucaristía en el Santo Sepulcro: un lugar de tan enorme significación ayuda a que uno se disponga con mayor intensidad para recibir el bien propio del sacrificio eucarístico pero el Cristo a quien nos unimos en tales circunstancias no es distinto del Cristo que puedo encontrar en el sagrario humilde de una capilla de mi pueblo. En el mismo nivel se encuentran elementos como el canto o la lengua. La hermosa cadencia de la lengua latina, y la consideración sobre cuántos siglos han pasado en que la Iglesia oró en esa lengua, pueden causar un impacto saludable en el corazón, que entonces se dispone mejor para la Misa. Pero tales elementos tienen solamente un valor extrínseco y ocasional, y no deben ser despreciados pero tampoco sobrevalorados.

De nuevo: lo propio de la Misa es la unión de fe y amor con Cristo en su sacrificio, y si nos centramos en ello vamos por buen camino.

LA GRACIA del Martes 2 de Mayo de 2017

Cristo nos conduce a descubrir que Él es el verdadero alimento y que el Padre celestial es el Único que dirige nuestro camino.

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LA GRACIA del Domingo 30 de Abril de 2017

DOMINGO III DE PASCUA, CICLO A

Cristo es el gran Maestro que nos conduce hacia el misterio de su presencia viva que se queda con nosotros después de la resurrección en el Pan compartido, la Eucaristía.

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LA GRACIA del Jueves 13 de Abril de 2017

JUEVES SANTO

El mayor consuelo que tenemos mientras vamos de camino en esta tierra es la Eucaristía, porque es el único sacramento en que Cristo obra y Él mismo está presente hasta el punto de decir: Adorémosle.

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Sobre la conciencia personal y la comunión de quienes viven en adulterio

“La errada convicción de poder acceder a la Comunión eucarística por parte de un divorciado vuelto a casar, presupone normalmente que se atribuya a la conciencia personal el poder de decidir en último término, basándose en la propia convicción,sobre la existencia o no del anterior matrimonio y sobre el valor de la nueva unión. Sin embargo, dicha atribución es inadmisible. El matrimonio, en efecto, en cuanto imagen de la unión esponsal entre Cristo y su Iglesia así como núcleo basilar y factor importante en la vida de la sociedad civil, es esencialmente una realidad pública…”

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Construcción de Dios [La Comunidad en los Hechos, 9 de 20]

Los cristianos, a diferencia de muchos países que celebran la Independencia, “celebramos la dependencia a Dios” y que tenemos a Quién acudir.

En cada oración se celebra la dependencia porque comenzamos por invocar a Dios y reconocer nuestros límites. La oración es la constancia de nuestro limite y, en un sentido amplio, es nuestra comunión. La oración nos une, afianza el espíritu de comunidad y en las necesidades nos hermanamos.

La Eucaristía, máxima y suprema oración, está presente Dios de una manera suprema, sin límite, irrestricta e inigualable. Esta presencia de Dios hace que la Eucaristía sea más que una oración por ser la fuente de donde emana toda Gracia. La Iglesia acude una y otra vez a la Eucaristía para renacer.

“El temor sobrecogía a todos, y por medio de los apóstoles se realizaban muchos prodigios y señales.” (Hechos 2,43)

Surgen dos cuestiones: 1. ¿Dónde están esos prodigios y señales en nuestra época? y 2. ¿por qué la gente se atemorizaba y qué clase de temor era?

Hay que reconocer que hemos decaído mucho en la fe. Cuando la Iglesia crece, los prodigios aumentan. Cabe pensar que si no hay milagros, ni crecimiento es porque no salimos de la zona de confort. La falta de fe se ve en que solo acudimos a la oración como último recurso.

Los santos viven la presencia de Dios en todo momento y en diálogo permanente y continuo con Él. A veces no surgen más milagros porque somos duros y no creemos y no tenemos el don de Piedad. No podemos ser crédulos (creyendo cualquier cosa) ni tampoco ser incrédulos (aquellos que no creen nada). Hay un punto medio que se llama el verdadero creyente.

Necesitamos corazón de hijos para que Dios pueda seguir haciendo cosas extraordinarias. Estamos rodeados de milagros, pero necesitamos, aparte de fe, la capacidad de verlos, que consiste en decirle a Dios de corazón: “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”.

Sacerdote cubano se niega a suspender las Eucaristías por duelo a mandatario

“Mario Lleonart, redactor de la publicación Translating Cuba, denunció el intento de las autoridades cubanas de imponer el luto nacional por la muerte del dictador comunista Fidel Castro a las iglesias del país. En su recuento de las medidas incluyó un testimonio de un sacerdote anónimo que se enfrentó a los funcionarios y declaró que no suspendería la celebración de las Eucaristías…”

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Transubstanciación: ya no pan ni vino, sino cuerpo y sangre de Cristo

“El director de la oficina de prensa de la Santa Sede, Greg Burke, al presentar el programa del viaje del papa Francisco a Suecia para conmemorar el 500º aniversario de la Reforma luterana, invitó a leer antes del viaje el documento «Luteranos y católicos: del conflicto a la comunión» (19-VI-2013), elaborado por una comisión mixta de católicos y luteranos. En el número 154 de este documento, al tratar de la Eucaristía, se hacen algunas consideraciones que conviene analizar atentamente, dada la suma importancia de la cuestión: «Tanto luteranos como católicos pueden afirmar en conjunto la presencia real de Jesucristo en la Cena del Señor: “En el sacramento de la Cena del Señor, Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, está presente total y enteramente, con su cuerpo y su sangre, bajo los signos del pan y del vino” (Eucaristía 16). Esta declaración en común afirma TODOS los elementos esenciales de la fe en la presencia eucarística de Jesucristo sin adoptar la terminología conceptual de “transubstanciación”». No es verdadera la primera frase, pues, esa presencia real no se produce en la Cena luterana –vuelvo al final sobre esta gravísima cuestión–. Pero tampoco es admisible el término «todos», que he destacado, ya que la declaración citada no confiesa un elemento fundamental de la fe dogmática de la Iglesia sobre el modo de la presencia real de Cristo en la Eucaristía…”

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Oración humilde al acercarse a comulgar

¡Oh mi piadoso Señor Jesucristo! Yo pecador, sin presumir de mis méritos, sino confiando en tu bondad y misericordia, temo y vacilo al acercarme a la mesa de tu dulcísimo convite, pues tengo el cuerpo y el alma manchados por muchos pecados, y no he guardado con prudencia mis pensamientos y mi lengua.

Por eso, oh Dios bondadoso, oh tremenda Majestad, yo, que soy un miserable lleno de angustias, acudo a ti, fuente de misericordia; a ti voy para que me sanes, bajo tu protección me pongo, y confío tener como salvador a quien no me atrevería a mirar como juez.

A ti, Señor, muestro mis heridas y presento mis flaquezas. Sé que mis pecados son muchos y grandes, y me causan temor, mas espero en tu infinita misericordia. Oh Señor Jesucristo, Rey eterno, Dios y hombre, clavado en la cruz por los hombres: mírame con tus ojos misericordiosos, oye a quien en ti espera; Tú que eres fuente inagotable de perdón, ten piedad de mis miserias y pecados.

Salve, víctima de salvación inmolada por mí y por todos los hombres en el patíbulo de la cruz. Salve, noble y preciosa sangre, que sales de las llagas de mi Señor Jesucristo crucificado y lavas los pecados de todo el mundo.

Acuérdate, Señor, de esta criatura tuya, redimida por tu sangre. Me arrepiento de haber pecado y deseo enmendar mis errores. Aleja de mí, Padre clementísimo, todas mis iniquidades y pecados, para que, limpio de alma y cuerpo, sea digno de saborear al Santo de los santos.

Concédeme que esta santa comunión de tu cuerpo y de tu sangre, que indigno me atrevo a recibir, sea el perdón de mis pecados, la perfecta purificación de mis delitos, aleje mis malos pensamientos y regenere mis buenos afectos; conceda eficacia salvadora a las obras que a ti te agradan; y, finalmente, sea la firmísima defensa de mi cuerpo y de mi alma contra las asechanzas de mis enemigos.

Amén.

María en la Eucaristia

De diversos modos la Santísima Virgen está presente en la celebración de la Eucaristía:

Por el misterio de la Encarnación.

Como ejemplo de verdadera discípula.

Como ayuda con su intercesión.

Como modelo de la Iglesia entera.

Como llamado a nuestra esperanza.

Como primera que adora y comulga.

Como Sagrario Misionero.