Oración de un cristiano tibio

Espíritu Santo de Dios:

Sé que te necesito
porque a veces no siento que te necesito.
Pobre de mí, si no percibo la urgencia,
la sed, el anhelo infinito
de tu presencia bendita.
Dios Altísimo: que yo no sienta necesidad de ti
es grave señal de cuánta falta haces en mi vida.

Sé que te necesito
porque leo de personas santas
y no se me enciende el pecho
con ansia de darte una alegría semejante
a la que ellos te dan.
Se ve que me he vuelto de hielo,
y es evidente
que sin ti jamás valdré para el cielo.

Sé que te necesito
porque cada día las noticias
me hablan de traiciones, abortos y más muertes.
Y los ojos se me quedan secos.
¿Dónde perdí las lágrimas?
¿Por qué se acabó el dolerme el pecho?
Todo es culpa mía.
Y es señal de que sin ti
no voy a ser un milímetro mejor de lo que soy.

Sé que te necesito.
Lo sé con certeza soberana.
Lo saben mis entrañas
y me lo repite el corazón.
Sé que te necesito
con mayor prisa y en mayor proporción
de todo lo que yo pudiera enunciar.
Apiádate de mí, y ven.

Sé que te necesito.
Por piedad te suplico:
Haz que por lo menos tenga idea
de lo poco que he sido,
de lo mal que he vivido,
de lo mucho que he perdido,
y sobre todo,
que hasta el final
pueda saberte superior a mis males.

Sé que te necesito
porque tú me concedes saberlo.
Ven a vencerme,
porque ese será mi bien.
Revienta mi mundo y haz un mundo nuevo.
Renueva la faz de la tierra.
Por amor, por piedad, por favor.

Amén.

Oracion corta al Espiritu Santo

Consuelo del alma

¡Oh Espíritu Santo! Amor del Padre y del Hijo: Inspíranos siempre lo que debemos pensar, lo que debemos decir, lo que debemos hacer, lo que debemos evitar; para procurar vuestra gloria y el bien de los demás. Amén.

(Compartida por el P. Roberto Mena)

Oracion para que pidamos el Amor Mayor

Oración pidiendo al Señor que nuestras comunidades y nuestra misión crezcan en la dimensión del Amor Mayor.

Unidos en la plegaria, Señor, queremos entregarte esta intención que tu amor pone en el alma: danos el amor mayor.

Haz, Señor que, en el Nombre de tu amado hijo Jesucristo y mirando el precioso y santísimo Corazón Inmaculado de María, nosotros nos levantemos por encima de prejuicios; que jamas pongamos en primer lugar nuestras simpatías o antipatías; que sepamos encontrar tu voluntad y que nuestro gozo sea hacer tu voluntad.

Padre Dios, con la poderosa intercesión de ese Corazón que atrajo el primer Pentecostés, y con la eficaz intercesión de nuestros Ángeles custodios, ¡Ven Señor, ven! ¡Ven con el don de tu Divino Espíritu, para que aprendamos a ser Iglesia mas allá de los amores de la carne; para que aprendamos a servir tu evangelio mas allá de nuestras propias conveniencias; para que aprendamos a caminar en tu presencia más allá de nuestros gustos!

En la Biblia, Señor, tú no dejaste ni una sola promesa para el gusto: el gusto no tiene ni una sola promesa. Lo que tiene promesa es: la fe, la obediencia, la docilidad, la perseverancia; eso sí tiene promesas.

Yo te pido, Señor que las promesas debidas a la fe y a la obediencia, a la docilidad y la perseverancia, se cumplan en nosotros; que nosotros seamos pueblo tuyo; que se nos note Señor cuál es el amor que nos ha dado origen, porque dice el capitulo primero del evangelio de Juan: estos “no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios” (Juan 1, 13). Y Jesús dice: “Lo que nace de la carne es carne; lo que nace del Espíritu es Espíritu” (Juan 3, 6).

Que seamos pueblo nuevo, renacido en la gracia poderosa del Espíritu, y que con ese amor, con esa luz, podamos conquistar muchos corazones para que se acerquen a ti, para que vivan su fe con plenitud y con gozo, y para que también ellos la puedan transmitir a otros, que a su vez le cuenten la noticia a otros, que surjan y lo cuenten a sus hijos, a la generación que ha de venir.

¡Oh sí, pueblo de Dios, “dad la vuelta en torno a Sion, contando sus torreones; fijaos en sus baluartes, para poder decirle a la próxima generación: éste es el Señor, nuestro Dios, él nos guiará por siempre jamás” (Salmo 49 [48], 12-14 )!

Entregamos estas intenciones al Corazón Sagrado de Cristo, horno bendito del que sale ese fuego que todo lo transforma, el fuego del Espíritu. Entregamos esta oración en las manos virginales y perfumadas de María Santísima, en su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe.

Y que la bendición de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre. Amén.

ESCUCHA, construir comunidad, carne y espiritu

[Predicación en la Misión Santa Ana, de la Arquidiócesis de Miami.]

* Los seres humanos nos agrupamos por diversas razones. Las más comunes son: gusto, conveniencia, interés, miedo y deseo. El amor que está detrás de de esas razones es el que la biblia llama “amor carnal.” Obsérvese que “carne” no alude simplemente a sexo.

* El amor carnal tiene un lugar importante en la vida humana, en la medida en que permite formas de asociación y cooperación que van desde la libre empresa hasta la unión procreadora. Pero el amor carnal es insuficiente para fundar sobre él comunidad.

* En efecto, la oferta del amor salvador de Dios es necesaria para todos, sin distinciones, y el amor carnal ciertamente hace distinciones según los gustos y las conveniencias. por eso, el amor propio de la redención ha de ser un amor mayor, uno que pasa por encima de las motivaciones del amor carnal.

* Vemos brillar ese amor mayor en la Santísima Virgen María, quien vio en el calvario a su Hijo completamente abandonado de sus discípulos, pero luego oró por y con esos mismos discípulos, implorando el Don del Espíritu.

* Las notas básicas de ese Amor Mayor se ven bien en el Padrenuestro, de la primera a la última de sus palabras.