LA GRACIA del Domingo 24 de Julio de 2016

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C

El Espíritu Santo nos hace reconocer nuestras culpas, nos lleva al arrepentimiento, nos da el don de la justificación y nos da la fuerza para que emprendamos el camino cristiano.

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La importancia del Don de Ciencia en nuestros días

[Predicación a un grupo de viudas consagradas de la Arquidiócesis de Bucaramanga.]

El don de ciencia nos ayuda a leer la presencia y acción de Dios en los conocimientos que nos brindan las ciencias, la historia, nuestra propia historia y los “signos de los tiempos.” Es don particularmente necesario en nuestra época en que el sentido de la generosidad, el compromiso, la penitencia y la perseverancia se na oscurecido.

Es Pentecostés: ¡Ahora sí está completa la Pascua!

El pecado pone al ego en el trono que sólo a Dios pertenece; pero la pretensión de ser dioses incluye la pretensión de que todos los demás sean sólo lacayos que sirven nuestro ego. La Biblia entera es la historia de cómo Dios ha vencido ese estado calamitoso a través del despertar nuestras conciencias y conducirnos a la persona de Cristo que nos revela la verdad de quién es el hombre y quién es Dios. Esta verdad, confirmada en la Resurrección, sólo se hace nuestra con el Don del Espíritu Santo, que es como un torrente de agua pura que purifica y que hace que el trono sea de Dios, es decir, que llegue el Reinado de Dios a nuestra vida. Así transformados, ya no buscamos intereses particulares, que al final siempre nos dividen, sino que corremos en búsqueda de la gloria divina, que es por supuesto el mayor bien para nuestro prójimo. por eso, con esta gracia nueva y renovadora del Espíritu formamos un solo Cuerpo en Cristo para alabanza de Dios Padre.

LA GRACIA del Domingo 15 de Mayo de 2016

DOMINGO DE PENTECOSTÉS, CICLO C

El Espíritu Santo ilumina la inteligencia para que reconozcamos que es bueno y malo, mueve la voluntad para que nos veamos como hijos de Dios y nos dispone para ser miembros de su Iglesia.

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LA GRACIA del Lunes 2 de Mayo de 2016

El Espíritu Santo busca llegar a lo profundo de nuestros corazones, iluminar nuestra inteligencia y mover nuestra voluntad de forma amorosa y potente hacia Cristo.

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LA GRACIA del Lunes 28 de Marzo de 2016

LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

El Espíritu Santo que resucita a Cristo es el mismo que nos da vida nueva, vida de resucitados, de renacidos, de redimidos; de modo que no somos más esclavos de nuestros pecados.

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¿María, Esposa del Espíritu Santo?

Necesito por favor luz en lo siguiente: En una catequesis acerca de un canto que dice ” A María, la esposa del Espíritu, alabanza honor y bendición…” Les decía que no esta bien llamar a la Virgen María esposa del Espíritu Santo porque, sí es verdad que por la acción del Espíritu Santo fue engendrado el hijo de Dios, pero Dios Padre es el Padre de Jesús, valga la redundancia; no es el Espíritu Santo el Padre de Jesús. María es la llena del Espíritu Santo mas no esposa… — A. Cárdenas.

* * *

Gracias por escribir. Es verdad que diversos autores, incluyendo santos como Luis María Grignon de Montfort y Juan Pablo II se han referido al Espíritu como “esposo” de la Virgen o equivalentemente la han llamado a Ella “esposa” del Espíritu. Pero eso no significa que esa expresión sea la más adecuada para referirse a este misterio de unión tan sublime. De hecho, hay buenos argumentos para no compartirla. Y si es cierto que hay margen para diversas interpretaciones, eso no quiere decir que cualquier interpretación se pueda dar ni tampoco que todas sean igualmente válidas. En la expresión “Esposa del Espíritu” hay serios inconvenientes que pueden condensarse en:

(1) María resulta con dos esposos. O alternativamente, José deja de ser verdadero esposo de María. Aparte de que repugna solo pronunciar estas palabras, semejante lenguaje se opone a lo que leemos en Mateo: “No temas acoger a María, tu mujer…” Y si la palabra “esposo,” aplicada al Espíritu Santo,no significa “verdadero esposo” entonces, ¿para qué usarla? ¿De verdad queremos afirmar que María tiene un esposo verdadero y otro simbólico?

(2) El uso milenario de “Espíritu” es femenino, en hebreo: Ruah. Aquí el problema no es sólo que repugne a nuestra sensibilidad eso de que la Ruah sea “esposo” de María sino que semejante idea tenía que ser completamente ajena a la mentalidad de los primeros cristianos; por lo mismo, es absolutamente artificial agregarla al texto bíblico.

(3) Si el Espíritu “esposo” engendra a Cristo, no sólo tenemos una similitud más que preocupante con los mitos paganos, según he señalado en otros lugares, sino que el Espíritu queda como Padre de Cristo, en detrimento de toda la revelación evangélica sobre la relación entre Cristo y su Padre del Cielo. Aún más, un Espíritu que hace de “padre” de Jesús, viene a completar el genoma de Cristo a partir de la célula germinal de María. Estamos en el terreno del lenguaje mítico del “semi-dios,” lo cual es semiarriano o monofisita, según se mire.

Mi sugerencia, humilde y razonada, es: evítese la expresión “Esposa del Espíritu Santo.” Úsense en cambio otras expresiones que hablan con suficiente elocuencia de unión, inhabitación y presencia; por ejemplo: María, Sagrario del Espíritu de Dios.

Fuego de un amor nuevo

«Hominem non habeo» -no tengo a nadie que me ayude. Esto podrían asegurar, ¡desdichadamente!, muchos enfermos y paralíticos del espíritu, que pueden servir… y deben servir. Señor: que nunca me quede indiferente ante las almas.

Ayúdame a pedir un nuev0 Pentecostés, que abrase otra vez la tierra.

“Si alguno de los que me siguen no aborrece a su padre y a su madre y a la mujer y a los hijos y a los hermanos y hermanas, y aun a su vida misma, no puede ser mi discípulo”. Cada vez veo más claro, Señor, que los lazos de sangre, si no pasan por tu Corazón amabilísimo, son para unos motivo permanente de cruz; para otros, origen de tentaciones -más o menos directas- contra la perseverancia; para otros, causa de ineficacia absoluta; y, para todos, lastre que se opone a un entregamiento total.

Más pensamientos de San Josemaría.

ESCUCHA, Los otros nombres del Espíritu Santo

[Predicación a los servidores del Grupo de Oración en la Parroquia de San Antonio Claret, en Lakewood, NJ.]

* Tres imágenes son muy frecuentes cuando se va a hablar del Espíritu Santo: el viento, el fuego y la paloma. Pero en el Nuevo Testamento hay también otras imágenes que nos enseñan bastante de la presencia y la acción del Espíritu.

(1) Las arras. Son como el “adelanto” que indica que un compromiso va en firme, ya se trate de un negocio o de una boda. El Espíritu Santo nos concede, en medio de nuestras batallas, un “adelanto” y certeza de que la victoria es de Dios, y con esa certeza anticipada nos da nueva fuerza.

(2) El Defensor. Mientras que el espíritu perverso es Acusador (satán), que quiere que nos concentremos en los defectos de los demás o que desesperemos de nuestra propia conversión, el Espíritu Santo es Defensor que nos llama al arrepentimiento mientras nos recuerda la inagotable misericordia divina.

(3) El Consolador. Su consuelo no es un contentillo o un premio de consolación o una caricia para el derrotado. Su consuelo es luz que nos muestra la unión de nuestro padecer con el padecer de Cristo, para que nos beneficiemos de su amor inmenso.

(4) El temblor. Varias veces en el Nuevo Testamento encontramos que un fuerte temblor acompaña o sigue a la oración de los discípulos. En ningún caso es temblor que destruye. Es más bien la señal de cómo Dios cambia los cimientos de una vida, sacándonos de las bases falsas y dándonos fundamento auténtico.

(5) Armonía. El Espíritu crea unidad enseñándonos a descubrir el bien hermoso y además necesario que Él mismo está haciendo en otros corazones.