SOLEMNIDAD DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
La primera transfiguración es la encarnación misma del Verbo de Dios.

Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
SOLEMNIDAD DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
La primera transfiguración es la encarnación misma del Verbo de Dios.
[Retiro ofrecido a un grupo de laicos de la Renovación Carismática en Lima, Perú, para el Pentecostés 2013.]
* “Gracia” es otra manera de decir “autodonación.” La Llena de Gracia es entonces la que mejor conoce al Espíritu Santo.
* El don de SABIDURÍA nos hace comulgar gustosamente con la verdad y el actuar divino en lo concreto de nuestra vida.
* Esa comunión se muestra perfectísima en el misterio de la Encarnación. No debemos mirar al Espíritu Santo como reemplazando la parte masculina, a la manera de los relatos de la mitología griega, o de otras mitologías.
* Lo que realiza el Espíritu queda mejor descrito como una confirmación y consagración de la unión de pareja entre José y María, para que Jesús llegue a ser don de Dios para la pareja, de modo que María es constituida Madre Virginal y José es constituido Padre Virginal de Cristo.
* Cristo mismo tiene es formado de la carne y sangre de María, que son de José por virtud de la verdad del matrimonio que les une. Tal “ser formado” de Cristo sólo puede compararse, y eso lejanamente, con el misterio mismo de la creación: así como Dios creó “de la nada,” así María es “la nueva nada” a partir de la cual es formado Cristo en su naturaleza humana y completa, que habrá de recorrer cada una de las etapas del desarrollo humano.
* Semejante obra del Espíritu enlaza el Antiguo y el Nuevo Testamento en María; y enlaza, como en matrimonio perfectísimo, la naturaleza humana y la naturaleza divina; y enlaza los anhelos de nuestra humanidad y la bondad generosa de la divinidad. Todo esto sucede en María y todo sucede “por obra y gracia del Espíritu Santo,” el mismo Espíritu que recibimos y en nosotros habita por el bautismo y por la confirmación.
En el misterio de la Encarnación se revela el misterio de la Trinidad.
SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Celebramos el amor grande que trajo a Dios-Hijo al seno de nuestra historia, gracias al SÍ de María.
La Primera Carta de Juan nos deja ver, de modo indicativo, que es verdad la encarnación, y de modo imperativo, que nuestra vida será lucha por defender el amor manifiesto en ese misterio.
La Primera Carta de Juan ofrece criterios claros para que uno vea la fe desde lo concreto y desde la vida.
Te tengo una pregunta que para mí es un chicharrón!!! que quiere decir HIPOSTATICO???? gracias!!! – Felipe G.
* * *
“Hipostático” viene por supuesto de “hipóstasis,” que es una palabra griega que significa: “lo que está debajo, lo que subyace.”
La idea es esta: debajo de los cambios que vemos hay cosas que permanecen. Una persona puede cambiarse de vestido, maquillaje, o incluso cambiar de tall, pero sabemos que hay algo que “debajo” de todos esos cambios permanece. En español a veces usamos la palabra “sujeto” para eso. El “sujeto” de todas las acciones de Pedro Pérez es Pedro Pérez, así se cambie de vestido o de apariencia.
Usualmente la palabra hipóstasis se ha traducido al español como “persona.”
Cuando la palabra “hipóstasis” se aplica al misterio de Cristo llegamos a un terreno muy interesante. ¿Cuál es la “hipóstasis” de Cristo? ¿En él hay una o dos hipóstasis? O sea: ¿Era Cristo “uno solo” o era “dos,” puesto que vemos que hay acciones suyas tan humanas como sentir cansancio y tan divinas como perdonar pecados?
Hubo un obispo hereje, llamado Nestorio, que dijo que en Cristo había dos hipóstasis, o en palabras suyas: “Uno es el hijo de María y otro es el hijo del Dios Eterno.” Según él, estas dos personas distintas estaban íntimamente unidas. Algo así como lo que decimos de la acción del Espíritu Santo en nosotros: está el Espíritu, estoy yo, pero el Espíritu me inspira, se une a mí, obra a través mío. Algo así creía Nestorio de Cristo.
Pero la enseñanza de Nestorio fue condenada por la Iglesia. Lo que los cristianos creemos es que en Cristo hay una sola persona, y que en esa persona se da una perfectísima unión “hipostática,” de modo que aunque en él hay dos naturalezas y entonces es verdadero Dios y verdadero hombre, él no es dos, sino uno: no es dos personas, sino una sola persona.
La expresión “unión hipostática” quiere decir entonces: la unión que existe en Cristo, y solamente en Cristo, por la cual todas sus acciones parten de un solo ser personal, que de hecho es la Segunda Persona de la Trinidad, aunque en el mismo Cristo hay todo y completo lo propio de la naturaleza humana, y todo y completo lo de la naturaleza divina.
“La Encarnación es el misterio y el dogma de la Palabra hecha carne. En este sentido técnico la palabra encarnación se adoptó, durante el Siglo XIII, procedente del latín incarnatio. Los Padres latinos, desde el Siglo IV, hacen uso común de la palabra; así San Jerónimo, San Ambrosio, San Hilario, etc. El latín incarnatio (in-caro, carne) corresponde al griego sarkosis o ensarkosis, palabras que se basan en Juan (1, 14) kai ho Logos sarx egeneto, “Y el Verbo se hizo carne”…”
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La Virgen María, especialmente en el misterio de su Anunciación, nos muestra cómo acoger el Evangelio.
La Encarnación del Hijo de Dios, verdadera boda entre la naturaleza humana y la divina, es señal indeleble de esperanza para todos.
SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
El misterio de la Encarnación recuerda la dignidad de toda vida humana.
Retiro Espiritual con las Dominicas Hijas de Nuestra Señora de Nazareth, del 26 al 31 de Diciembre de 2011. Tema 8: Espiritualidad de la Encarnación.
La Encarnación de nuestro Señor Jesucristo es un evento tan completamente singular que la única comparación posible es con la creación misma. Él es, de hecho, el “primogénito” de la nueva creación.
Si en la primera creación Dios obró a partir de la nada, la nueva “nada” es María Santísima, es decir, su disponibilidad absoluta a Dios la hace transparencia de su obrar e incluso de su ser. La Encarnación ha de ser vista como una especie de creación a partir de la carne de María, a partir de su “nada.”
Pero ese obrar libre y creador de Dios “a partir de” no se puede compaginar con la idea de una especie de intimidad entre Dios y la mujer, que es lo que queda supuesto si uno mira a José como excluido del misterio de la Encarnación, o si se piensa que María aportó sus cromosomas, dejando a Dios la aportación de lo que daría el varón. Dios no viene a reemplazar al varón, sino a bendecir y consagrar el amor de una pareja, pero de un modo nuevo, que sólo puede llamarse virginal. Por eso ha de decirse que María es Madre virginal de Cristo, y José, padre virginal de Cristo.
Esta inmensa santidad tanto de José como de María no fue preservada por Dios por vía de aislamiento, separándolos del mundo miserable y pecador, sino por vía de servicio. En la humildad está el secreto para escapar de las tupidas redes del demonio.
La Primera Carta de Juan es precioso documento que entre otras cosas ayuda a frenar una interpretación sesgada, de tipo gnóstico, que querían dar algunos al Evangelio.
No importa qué tan lejos te ha extraviado el pecado; de allí puede sacarte la mano de tu Dios.
El origen de Cristo se remonta a tiempos antiguos. Mucho antes de María, el pueblo entero estaba “embarazado” del Mesías, en virtud de la promesa que Dios hizo al rey David, por boca de Natán.