Preciosa y profunda reflexión de Mons. Munilla, sobre el misterio de la Encarnación.
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
La grandeza del Verbo y la humildad del Niño Dios se cruzan y se leen mejor en el Corazón de la Virgen Madre.
Si la Palabra ya estaba presente en el mundo porque “todo fue hecho por medio de Ella;” y si ya estaba presente en su pueblo porque “De muchos modos hablo Dios por medio de los profetas,” ¿qué trae a nosotros la presencia nueva anunciada en el Evangelio donde se dice que “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”? La gran novedad es el PADECER. La Palabra que padece lo que para mí fue obstáculo, y lo vence, es la Palabra a la que puedo y he de unirme para alcanzar la plenitud de lo que ya era por creación, y de lo que la Ley y los Profetas me llamaban a ser para Dios.
Tres enseñanzas sobre el misterio de Cristo: (1) ¡Cuidado con la gnosis, que se disfraza de tantas cosas! Lo esencial de nuestra fe no es una idea, ni un manual para vivir esta vida, sino la noticia de un acontecimiento, el sacrificio de Cristo, que por amor opera nuestra redención. (2) El amor cristiano es siempre un mandamiento “nuevo” porque la luz que nos da el Señor nos permite abrirnos cada vez más al misterio que es cada vida humana; y el abismo del propio ser de cada uno; y la profundidad inescrutable de la Palabra que hemos recibido. (3) En la vida del cristiano no hay alternativa real a “amar” o “aborrecer”: el que no ama le está diciendo a Dios: “Sobra esta persona que hiciste.” Por eso sólo existe la posibilidad de amar, que nos abre a la vida de Dios y nos hace canales de esa misma vida.
LECTURA ESPIRITUAL para la Solemnidad de la Anunciación del Señor
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El domingo me traje el Misal Romano de la Iglesia para leer las rúbricas de la celebración Eucaristica y cuando llego a la parte del Credo me encuentro con que hay que hacer una inclinación cuando decimos ” FUÉ CONCEBIDO POR OBRA Y GRACIA DEL E. S. , NACIÓ DE SANTA MARIA VIRGEN.” eso jamás vi que nadie lo hiciera, ni jamás me lo enseñaron, y los muchos sacerdotes a los que les he escuchado decir la Santa Misa, nunca han dicho nada al respecto….La pregunta es: las rubricas son para cumplirlas en parte, en su totalidad o depende de criterios de cada celebrante? – DK
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Gracias por tu confianza. Efectivamente, esa es una rúbrica olvidada. Un signo externo: inclinar la cabeza es un recordatorio público de nuestra infinita gratitud, de nuestra adoración, y de cómo todos hemos de abajarnos frente a aAquel que se abajó por puro amor a nosotros.
Ahora bien, tal inclinación es en su raíz un gesto de AMOR. Y el amor hay que saber pedirlo y hay que saber darlo. Así sucede con todo en la liturgia: una buena y amorosa exhortación ayuda más que un regaño o el lenguaje de la ley por la ley. Nuestros contemporáneos vibran poco con el argumento de que “el ritual dice…” Y aunque deben importarnos nuestros preciosos rituales, el camino va más por hacer amar.
La buena catequesis y a buena predicación pueden ayudar mucho en ello.
El Evangelio se ha hecho presente por la carne de Cristo y se sigue haciendo carne de nuestra historia a través de los testigos que Dios ha ungido con su Espíritu.
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Al hablar de entrada de Dios en nuestra historia, ya podemos decir que el Señor está cerca y que hay un comienzo de su encarnación redentora en nuestra vida.
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SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Son abundantes las comparaciones entre Eva y María, y mucho nos ayudan a descubrir el lugar único de la Virgen María en el plan de salvación.
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Hola Fray, una consulta… la Sangre de Jesús ¿Tiene su punto de partida, desde el vientre de María? ¿Técnicamente hablando la Sangre de Cristo también contiene Sangre Mariana? Yo creo que es así, sin embargo algunos “pastores” protestantes indican que la sangre de María nunca se mezcló con la de Jesús y que la Sangre de Jesús descendió directamente por fluidez del Espíritu Santo. – I.C.
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La fe de la Iglesia, firmemente apoyada en la Sagrada Escritura y la predicación de los apóstoles, es clara al afirmar los siguientes puntos:
(1) La “carne” de Jesús, es decir, su realidad corporal toda, tiene su origen en la “carne” de María. Cuando el ángel le habla a José le dice que lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo (Mateo 1,20); luego todo el lenguaje de los capítulos 1 de Mateo y 1 y 2 de Lucas habla de una mujer “encinta” que “da a luz.” Esto indica que si Cristo participa de nuestra naturaleza humana, es solamente porque es verdaderamente hijo de María, como subraya san Pablo: “nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estábamos bajo la Ley” (Gálatas 4,4).
(2) Por otra parte, el cuerpo purísimo de la Virgen no es la explicación plena de la humanidad de Cristo. Él no es un apéndice o prolongación corporal de ella. Genéticamente son seres humanos distintos pues de otra manera el sexo de cristo sería femenino. Tampoco cabe decir, como lo hacen algunos predicadores católicos, con la mejor buena voluntad, que el cuerpo de nuestro Señor no tenía 46 cromosomas, como sucede en la especie humana, sino solo 23, por aquello de que su humanidad fue formada a partir de la Virgen solamente. Aun suponiendo que un ser pudiera ser viable y llegar saludable a edad adulta con la mitad de los genes humanos, ese NO sería un verdadero ser humano. Y por supuesto lo que un ser que no es humano nos diga sobre vencer el pecado, ayunar o ser buenos, es una anécdota pero no podría ser verdaderamente “camino” para nosotros. Bien lo enseña Santo Tomás de Aquino: si Cristo es “camino, verdad y vida” (Juan 14,6), esa frase sólo cabe entenderla como sigue: por su HUMANIDAD es camino hacia su DIVINIDAD, bien expresada como verdad y como vida.
(3) Si María es verdadero origen de Cristo, Verbo Encarnado, pero no es explicación completa de su ser corporal, quiere decir que hay un acto absolutamente único que está entre la humanidad de María, que es absoluta disponibilidad y completa docilidad, y la humanidad de Cristo, que es completa perfección y absoluta plenitud. Ese acto no tiene paralelo en ninguna otra obra de Dios. Los santos Padres de la Iglesia han expresado el carácter totalmente único de este acto, el de la Encarnación del Verbo, con palabras muy audaces. En su Sermón 52, por ejemplo, San Anselmo llega a decir: “Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María.” No hay paralelo a tal prodigio y si algo semejante quisiéramos buscar sólo hay un reflejo distante en la maravilla que es la creación misma del universo. Si nuestra fe afirma que Dios creó todas las cosas “de la nada,” podemos decir que María es “la nueva nada” (por su fe y perfectísima obediencia) que sirve de punto de partida para la “nueva creación,” que es Cristo mismo. Lo cual habla mucho de la santidad única de María pero también dice mucho de la distancia inconmensurable que sigue habiendo entre una creatura y Dios mismo, es decir, entre María y Cristo.
(4) Con ese contexto entendemos la unión y a la vez la distancia entre María y Cristo. Lo cual hace entender que, si bien en un sentido general, como ya se dijo, la humanidad de Cristo tiene origen, aunque no total. en la humanidad de María, no cabe hablar de una continuidad propiamente dicha ni en el ser ni en la corporeidad, entre María y Cristo. Por eso no es un lenguaje exacto decir que la Sangre de Cristo es sangre de María pues ni aún en el caso de los nacimientos según la naturaleza la sangre del hijo o de la hija participa del torrente sanguíneo de la mamá, de modo que a menudo son de grupos sanguíneos distintos.
(5) Tienen razón entonces los predicadores que subrayan la distinción entre la sangre de María y la de Cristo pero se equivocan si al hacer esa diferencia olvidan que el origen de la humanidad de Cristo, también en su corporeidad, requirió del cuerpo y sobre todo del SÍ voluntario de María.
La verdad de Dios en nuestra carne, como se ha manifestado en Cristo, es criterio normativo de toda otra verdad de fe.
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La gracia no es una cosa sino un modo de describir una relación.
La libertad de Dios, para el que nada es imposible, como fundamento de la libertad de María, y de cada uno de nosotros.
La piedad de Salomón en la dedicación del templo de Jerusalén nos empuja a reconocer en Cristo, con mayor amor, nuestro verdadero templo.
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Relación entre la verdad de la encarnación, la verdad del amor con que Dios nos ha amado, y la verdad del amor que hemos de tener los cristianos.
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Meditación sobre el lugar único de San José en al concepción virginal de Jesucristo.