“La experiencia de nuestra culpa y de ser objeto de misericordia de Dios, transforma nuestro corazón hasta hacerlo semejante al de Él… así al dejarnos moldear por sus manos cuan noble arcilla, el Señor nos concederá el don de amar con el mismo amor con que Él nos ama, de este modo nuestros amores serán ofrendas permanentes al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo porque esa es nuestra vocación queridos míos, nuestra vocación es el amor y Dios es amor…”
Serie de predicaciones con las Monjas del Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Fe, en Argentina.
Tema 3 de 4: Lo doloroso
* Desde un punto de vista fisiológico, el dolor es notificación de un problema o amenaza, y como tal es indispensable para la conservación de la salud.
* Ser insensible no es, ciertamente, una cualidad. La empatía, la solidaridad, la compasión y la misericordia son todas experiencias de cercanía y fraternidad que finalmente parten de algo sencillo y profundo: la capacidad de sentir el dolor del otro.
* Aquel que ama a Cristo, y de modo especial, aquella alma consagrada que se considera “Esposa de Cristo” no puede llevar una vida desconectada del dolor, no sólo por el sufrimiento que Él padece en la persona de sus “hermanos más pequeños” sino porque los intereses y la gloria del Esposo son ofendidos de continuo. En este sentido, el dolor es muestra y condición de amor.
* Hay dolores de varias clases, que podemos agrupar en tres casillas: (1) el dolor del esfuerzo, como el de un atleta que se entrena; (2) el dolor de una pérdida, sea por alguien que ha fallecido o por un derecho que no se ha respetado; (3) el dolor de la penitencia, en cuanto ofrenda para perdón de los pecados e intercesión que se une a la Cruz de Cristo. La madurez consiste en pasar, durante la vida, todo a las casillas (1) y (3), y llegar a la hora de la muerte con todo en la casilla (3).
“la situación es muy diferente cuando un hecho imprevisto (un choque, un secuestro, un atentado, un accidente de trabajo), irrumpe en una vida y provoca una muerte inesperada. Una curva mal tomada, un pinchazo en la rueda, una balacera en la calle, un terremoto, un incendio en el avión o en el barco: hechos veloces, hechos inesperados, violentos, a veces misteriosos, nos arrancan la presencia de un ser querido…”
Hay un bien que puede nacer del sufrimiento. Y hay también muchos que sufren, pero su dolor sólo será iluminado por aquellos, como María, que han bebido del misterio de la Cruz de Jesús.
En la Virgen Dolorosa celebramos un amor que, en circunstancias de extrema estrechez y dificultad, no se rindió sino que siguió unido a Dios y su plan.
Contrary to many people’s compulsion to look away during a painful event such as an injection, scientists found that looking at your body – in this case the hand – reduces the pain experienced.
The team also showed that magnifying the hand to make it appear larger cut pain levels further still.
The study, published in Psychological Science, is shedding light on how the brain processes pain.
The researchers say that gaining a better understanding of this could lead to new treatments.
Retiro de Evangelización para la Comunidad Hispana, en Conyers, Georgia (2 de 4). Hay dolores que nos destruyen y dolores que a la larga nos construyen y hacen crecer. ¿En dónde radica la diferencia?.
El Sábado Santo la Iglesia hace memoria de la Virgen María, en su condición de Virgen y Madre Dolorosa. Su padecer junto a Cristo y por razón de Cristo se convierte en un lenguaje de amor que revela con singular densidad lo que significa conocer a Jesús y seguirlo, pasando por la Cruz, hasta la gloria.