Tema 2: El Santo Deseo y su relación con la acción del Espíritu Santo.
* El Santo Deseo es fruto de la presencia y la acción del Espíritu Santo en nosotros. Iluminando nuestra inteligencia, el Espíritu nos deja percibir la distancia entre lo que el mundo es y lo que Dios querría que fuese. Haciendo arder nuestra voluntad, el Espíritu nos permite experimentar como dolor la manera como el mundo a menudo da la espalda al plan de Dios. Centrando todo nuestro ser en Cristo, el Espíritu nos deja ver el camino que va del ser al deber-ser.
* Esa conciencia llena de luz y esa voluntad que com-padece tienen ya un mérito en sí mismas: son vínculo de unión de caridad con el sufrimiento de Cristo, especialmente en su intercesión ferviente en Getsemaní.
* Mas hay ocasiones en que el Espíritu nos habla, recordando y grabando profundamente en nuestro ser la voz de Cristo. En tales ocasiones el Espíritu nos da “consejos de Evangelio,” o “consejos evangélicos,” que de un modo intenso y en completa consonancia con las circunstancias concretas que nos rodean, indican qué hacer, incluso si ello puede parecer difícil o ridículo a nuestra propia conciencia. No se trata de cometer pecados sino de dar pasos audaces, que pueden parecer improbables pero que resultan inmensamente útiles con una eficacia que va mucho más allá de nuestras previsiones. Es algo así como entregar el timón al Espíritu en una acción específica.
* Hay testimonios de acciones semejantes en las vidas de los santos, cuando sus acciones podían parecer extrañas, y sin embargo, en retrospectiva se ve que no fueron hechas por búsqueda de algo exótico, incorrecto o excéntrico sino bajo la guía del Espíritu. Cuanto más se crece en fidelidad al Espíritu, mayor certeza en reconocer su paso y ser capaz de seguir su voz.
[Retiro Espiritual con un grupo de Hermanas Dominicas de la Presentación, en Bogotá. Semana Santa de 2014.]
Tema 7 de 8: Propuesta de renovación comunitaria
Especialmente los equipos pastorales de las diócesis y las instancias de discernimiento y gobierno en las comunidades religiosas han de hacerse preguntas específicas y tomar decisiones consecuentes. He aquí algunas indicaciones:
(1) Recuérdese ante todo aquello de la “Ecclesia semper reformanda.” Lejos de todo derrotismo o irenismo, sabemos que hay que evitar escandalizarse; acostumbrarse; negociar con el pecado; pretender solucionarlo todo con un par de acciones drásticas; reformar sólo a los que nos caen mal o son débiles ante nuestra autoridad.
(2) Hay que liderar con el ejemplo: Visibles sin ostentación ni exhibicionismo; accesibles y proactivos; sobrios en todo: funcionales sin lujos ni distancias innecesarias.
(3) Debemos cuidar la comunicación: Sea ella directa, ágil, clara, breve, con pocos adjetivos y adverbios.
(4) A pesar de los nuevos y ágiles medios de comunicación, no puede disminuir la importancia del tiempo compartido en persona. Necesitamos escritos más cortos y conversaciones más largas.
(5) Hacer apropiado énfasis en los logros: pedagogía del estímulo.
(6) Incluir elementos narrativos sobre todo de tipo testimonial.
(7) Sin perder eficiencia, cultivar un mayor sentido de paternidad y maternidad espiritual, lo cual implica incluir en el diálogo: tentaciones, sacramentos, oración, lecturas recomendadas.