* Los aspectos exteriores, por ejemplo, en la liturgia, son importantes; pero indudablemente lo más importante es la preparación y disposición interiores.
* Podemos aprender del pueblo judío qué significa prepararse, es decir, tener ojos para la Pascua. Cinco recomendaciones ayudan:
(1) Anámnesis: recordar las proezas del señor; tener presente el camino que ha recorrido en la propia vida también.
(2) Predicación doctrinal, sustanciosa, en comunión con la Iglesia: para reconocer el paso de Dios en el hoy y no sólo en el ayer.
(3) Reconocimiento de las propias culpas, sin transferencias de responsabilidad, y sin justificaciones o disculpas. Es decir: el don de la contrición, que hay que pedirlo.
(4) Despedirse de toda forma de auto-redención, del estilo: “Si te concentras y lo visualizas, tú lo puedes.”
(5) Abrirse a la novedad de Dios, con la certeza de que Él puede dar un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Al igual que los primeros cristianos nos llenamos de gozo al saber que Cristo está presente en la Eucaristía, en las Escrituras, en la comunidad que lo celebra, en el marginado.
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Un estudio del contexto social que abrió las puertas al primer marxismo, basado en análisis económicos.
Y luego, una exploración del motor creado por Carlos Marx: el odio como oferta de desquite para distintos sectores de la sociedad.
Al final, una clarificación sobre los tres frentes en que se está ya desenvolviendo la lucha anunciada por la Santísima Virgen en Fátima:
(1) Un frente INTELECTUAL, que debe desenmascarar al cientificismo.
(2) Un frente SOCIAL, que debe matar de hambre al odio, que busca su justificación en las injusticias. Este frente implica un compromiso serio contra los diversos modos de opresión a los más diversos sectores de la sociedad.
(3) Un frente ESPIRITUAL, pedido expresamente por la Virgen María en Fátima, en la forma de conversión, penitencia y oración.
En el primer misterio de la Antigua Alianza contemplamos la paciencia de Dios, que no detuvo su amor ante el pecado de los hombres.
En el segundo misterio de la Antigua Alianza contemplamos el camino de fe de Abraham.
En el tercer misterio de la Antigua Alianza contemplamos el éxodo de la tierra de Egipto.
En el cuarto misterio de la Antigua Alianza contemplamos el don de la Ley hecho a Moisés y a su pueblo junto al Monte Sinaí.
En el quinto misterio de la Antigua Alianza contemplamos la gran promesa de Dios al rey David: que el cetro real no se apartaría de su descendencia.
En el sexto misterio de la Antigua Alianza contemplamos la valiente vocación de los profetas, por quienes el Espíritu Santo nos habló de muchas maneras.
En el séptimo misterio de la Antigua Alianza contemplamos a el pequeño resto de Israel, que permaneció fiel y fue semilla de la Nueva y Eterna Alianza.
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En el primer misterio de la creación contemplamos la sabiduría y la hermosura con que Dios ha dispuesto todas las cosas, en su tiempo y en su lugar.
En el segundo misterio de la creación contemplamos el poder de la Palabra creadora de Dios, pues todo ha venido a ser porque él lo dijo y existió.
En el tercer misterio de la creación contemplamos que Dios hizo los cielos y los Santos Ejércitos celestiales.
En el cuarto misterio de la creación contemplamos que Dios hizo el universo visible, y suyo es cuanto hay en esta tierra.
En el quinto misterio de la creación contemplamos que Dios formó al hombre y a la mujer.
En el sexto misterio de la creación contemplamos la vocación del hombre para que se multiplique y domine la tierra en nombre de Dios y obediencia a él.
En el séptimo misterio de la creación contemplamos el paraíso, primera imagen de la felicidad que Dios quiso para sus hijos.
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