Camino del Fuego de Dios

El Espíritu Santo, Don de Dios, no puede ser recibido de otra manera si no es como regalo. Por eso nuestra actitud ha de ser la de aquellos que reconocen su pobreza radical, como creaturas y como pecadores. Desde la conciencia de tal necesidad oraremos junto a los Pobres de Yahvéh, y a ejemplo de María seremos morada de Dios por el Espíritu.

¿Cómo es al fin el tema del perdón en el Padrenuestro?

Las dos palabras claves en cuanto al perdón, en el Padrenuestro, son: “soltar” (que se suele traducir por “perdonar”) y “deudas/obstáculos” (que se suele traducir hoy por “ofensas”). El sentido general parece ser el de quitar todo obstáculo que debe o aplace la obra de Dios, es decir, su reinado y su voluntad. En ese sentido, le pedimos a Dios que deshaga todo nudo, y derribe toda barrera que nosotros hemos creado por nuestros pecados. Con respecto al prójimo, lo que ofrecemos es el primer acto del perdón, es decir, el “soltar,” el no obsesionarse por una victoria a base de venganza, el entregar todo al Señor, y así dejarlo obrar en nuestras historias malheridas.

LA GRACIA del Domingo 31 de Diciembre de 2017

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, JOSÉ Y MARÍA, CICLO B

La negación de la fecundación dentro de la familia contradice el plan de Dios, es propio del espíritu del mal ¿Hacia dónde va una civilización así? ¿Qué consecuencias trae esto?.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Ayúdanos a divulgar este archivo de audio en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios.]

Sobre la voluntad de Dios y la voluntad humana

En el Padrenuestro pedimos a Dios que haga su voluntad. ¿Significa ello la anulación de nuestro ser y querer? Así han querido entenderlo los enemigos de la fe, que ven la relación entre Dos y el hombre a la manera de un balancín, de modo que afirmar a Dios sería negar al hombre, y lo contrario. La realidad son embargo es mucho más compleja porque es compleja la voluntad del hombre. Cumplir el querer divino puede ser contradicción y mortificación en un cierto plano superficial pero es a la vez afirmación y gozo en otro sentido más profundo y permanente.

ROSARIO de las Semanas 20171229

#RosarioFrayNelson para el Viernes:
Contemplamos los Misterios de la Dolorosa Pasión

Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús, que vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron.
  2. En el segundo misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos la agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní intercediendo por nosotros los pecadores.
  3. En el tercer misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús, juzgado por el sanedrín, y luego por la autoridad romana, y así condenado a muerte.
  4. En el cuarto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos la flagelación de Nuestro Señor Jesucristo, porque sus heridas nos han curado.
  5. En el quinto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús coronado de espinas: Rey humilde y Príncipe de Paz.
  6. En el sexto misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús que carga con su cruz.
  7. En el séptimo misterio de la Dolorosa Pasión contemplamos a Jesús que muere en la Cruz.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

Venga a nosotros tu Reino

La versión humanista del Reino de Dios, que es bastante frecuente hoy así no se le dé ese nombre, quiere traducir el Reino en términos de “valores” que luego se vuelven “proyectos” y que finalmente quedan en manos de la astucia de expertos y técnicos, y en manejos económicos y políticos. El sentido bíblico es diferente: en realidad se trata de que Dios reúne, y Él reina ante todo en el Corazón de Jesucristo y en los corazones de aquellos que, acogiendo su Palabra, creen en Él y viven en comunión con Él. Sin embargo, no es una realidad puramente interior sino que destella en obras de caridad y santidad.

Por qué es importante decir Padre nuestro del Cielo, o también: que estás en el Cielo

En el auge de la Teología de la Liberación no faltaron los que pensaban que hablar del “cielo” era una especie de “espiritualización” que nos alejaba de los problemas y dolores concretos de la vida presente. Surgieron por ello versiones del Padrenuestro que hablaban del Dios que está en los pobres, o “en los que aman la verdad.” Aunque hubiera algo correcto en ese intento, lo cierto es que quienes tales cambios proponían parecen haberse equivocado de religión. Para la mitología griega, por ejemplo, el Olimpo sí que era un lugar exclusivo, propio para unos dioses lejanos, egoístas y temperamentales. Dioses a los que había que arrebatarles con astucia sus dones, como hizo Prometeo con el fuego, que por ello fue horriblemente castigado. Hablar de un dios en el Olimpo era hablar de un dios distante con el que a lo sumo era posible negociar, sobre todo para evitar daños y problemas. El Dios de la Biblia es distinto. No es egoísta sino generoso. No esconde los dones sino que los envía. No se protege sino que nos defiende. No se aparta sino que envía a su propio Hijo. El Dios de la Biblia es poderoso sin envidia, y su Cielo es la expresión de una soberanía que no dejará impune la maldad y los abusos de los poderes de esta tierra. Negar el Cielo de Dios es negar la esperanza última de justicia para toda la Humanidad.

Cristo, y su manera de ser Hijo

Toda la vida del Señor estuvo marcada y sellada por su relación con Dios Padre: En la Anunciación: Lucas 1,35 * En la huida a Egipto: Mateo 1 * Cuando niño, en el templo de Jerusalén: Mateo 2 * En el Bautismo: Lucas 3 * En la Transfiguración: Lucas 9 * En toda su vida: la voluntad del Padre es su “alimento”: Juan 4 * Le acusan de igualarse con Dios por llamarlo su Padre: Juan 10 * Cristo hace las mismas obras de su Padre: Juan 10 * Y de hecho, bello a Él es ver al Padre: Juan 14 * A las puertas de la Pasión, sabe que está con el Padre, que nunca lo abandona: Marcos 14 * En la Pasión misma, hasta encomendar su ser al Padre: Lucas 23.