¿Existe el amor para siempre?

Padre Nelson, me considero una persona normal, en el sentido de que mis historias son las de muchas jóvenes de mi edad. Y entre esas historias está que mis papás se separaron cuando yo tenía 11 años y medio. Un día me puse a ver, y entre mis amigas esa es la norma y no la excepción: todas somos hijos de papás separados; creo que con una excepción. La pregunta es si tiene sentido seguir hablando de amores “eternos” cuando lo que uno ve son amores a término limitado. Además, tampoco estoy segura de ue se la mejor idea estar buscando esos amores perpetuos cuando a veces la gente sigue unida pero en medio de la indiferencia o incluso de las agresiones. ¿Usted qué piensa? — K. S.

* * *

A medida que la sociedad se vuelve más superficial, más individualista, más acelerada, vamos perdiendo cualidades que luego hacen falta, no sólo para cosntruir familias estables y felices sino también para todo lo que pueda darle firmeza y futuro a nuestros jóvenes. Quiero decir: el lenguaje del egoísmo y la ley de la jungla se imponen, y eso es una invitación a la trampa, la crueldad y el abuso… en todos los frentes, no sólo en la familia.

Hay un artículo bueno de ALETEIA que creo que ilumina puntos muy importantes sobre todo porque se atreve a pensar en grande, a pensar en santidad:

“Hoy pienso en todas las familias que tienen como modelo la sagrada familia. Pienso en el ideal y lo lejos que a veces se encuentra la realidad. Miro a José y a María en Belén. José mira a María. Ella calla conmovida. Ha llegado Dios a sus manos en la carne de un niño. El sí que pronunciaron se ha hecho realidad. Su Fiat sagrado. José mira a María. ¡Cuánto la quiere!

Miro hoy la intimidad que hay entre ellos. Su complicidad llena de ternura. Miro sus miedos que les hacen dudar. Miro todos sus sueños guardados en el alma. Veo a José preocupado de cada detalle. Miro a María calmando a José cuando se preocupa demasiado por las cosas que no salen bien. María sonríe. José la abriga. Carga él con lo más pesado. Ella se siente querida y cuidada.

Los dos velan al Niño esta noche. Los dos cuidan a Jesús en Belén. Los dos huyen después con Jesús a Egipto. En sueños lo comprenden todo. Los dos educan a Jesús en Nazaret cuando pueden regresar a casa. Años de silencio en los que Jesús crece en alma y cuerpo, se fortalece.

¡Cuánta renuncia escondida en treinta años de camino oculto! El amor siempre renuncia a los propios planes por el otro. José y María renunciaron a tantas cosas por seguir el plan de Dios. Sabían que Dios cuidaría de ellos toda la vida. Consagran su vida a ese niño que es Dios, que es hombre, que es su mayor tesoro. Ese mismo Dios que toca hoy la tierra y llega a mi vida.

José creyó al ver a María creer. Sabe de golpe que todo merece la pena sólo por estar con ella. María es el lugar de José. Su hogar sagrado. Su seguro más verdadero. María mira a José. Se alegra de que Dios le diera un hombre así para cuidar sus pasos. Un hombre justo, fiel. Se siente tan amada por él. El amor entre ellos construye su casa. Es el pilar más sólido. El más necesario. Ese amor matrimonial es tan sagrado.

Pero sé que al mismo tiempo el amor matrimonial es tan frágil. El amor de José y María es la referencia que anima. Un amor que parece imposible en la tierra. Pero para Dios no hay nada imposible. Un amor que todo corazón desea. Así quiere ser el amor de los esposos. Un amor humano y frágil que sueña con ser un amor santo.

Todos los matrimonios están llamados a la santidad como comenta el P. Kentenich: Queremos ser santos no a pesar de estar casados y de las cosas de la vida conyugal, sino precisamente porque estamos casados. Que el matrimonio sea un medio para la santidad.

Dios llama hoy al hombre a ser santo en ese camino particular para él soñado. La vida matrimonial es camino de santidad. El amor matrimonial es algo tan sagrado. Hay muchos matrimonios que viven muy santamente y son el testimonio más cercano del amor que Dios nos tiene. Un reflejo del amor trinitario. Ojalá hubiera cada vez más matrimonios santos o al menos que lucharan cada día por llevar una vida santa.

Dios me llama hoy a amar santamente. Miro el amor entre los esposos y veo que es un camino hacia el cielo. El camino más directo que Dios ha pensado para ellos.

Pero muchas veces sucede que la familia no es una escuela de santidad. Y el amor entre los esposos languidece, se enfría y deja de expresar una honda ternura. Comienzan las tensiones, las distancias, el desamor. Desaparece ese amor generoso que siempre soñaron. Ese amor fuerte que ha de ser el fundamento de todo. El amor deja de expresarse en gestos.

Hace falta siempre que el amor se alimente de la renuncia y de la generosidad. Un amor que no mida y acepte la asimetría como estilo de vida. Un amor que descanse en el amor que Dios nos tiene.”

Cómo enseñar a los niños a enfrentarse a las burlas

“Los niños pueden llegar a ser muy crueles, sobre todo cuando se burlan de otros pequeños. Muchos se comportan de esa forma porque no han desarrollado completamente la capacidad de ser empáticos y ponerse en el lugar del otro. De hecho, los niños nacen siendo demandantes, exigiendo cuidados, solo más adelante desarrollan lo que se conoce como la “Teoría de la Mente” y son capaces de desarrollar la empatía. Por supuesto, también depende de la educación que hayan recibido.En todo caso, siempre es conveniente preparar a tu hijo para hacerle frente a las burlas sin tener que recurrir a la violencia. De esta forma le ayudarás a crear una especie de coraza emocional para proteger su autoestima. Y se trata de un regalo invaluable para la vida…”

Haz clic aquí!

Cuatro tipos de felicidad

Según Santo Tomás, la aspiración más propia y común de los seres humanos es la felicidad. Y aunque hay muchos engaños en esta tierra, es admirable que el genuino bien mayor, esto es, la felicidad que trae la plenitud humana, es también la plenitud de la obra del amor divino: aquello que llamamos santidad. Hay varios tipos de felicidad. La NATURAL, que tuvo su máxima expresión en el paraíso del Edén, corresponde a la satisfacción de aquellas necesidades o el acceso a aquellos placeres que son propios de nuestra naturaleza humana, considerada en su integralidad y jerarquía. Fácilmente los bienes de esta felicidad conducen a la FALSA felicidad, que consiste en reemplazar los bienes mayores, según razón, por bienes menores pero más sensibles o inmediatos. Es este el espacio en que el demonio utiliza su estrategia “D & D,” o sea: llevarnos distraídos por la vida para atraparnos en la desesperación con la muerte. Por eso la grandeza de la felicidad PARADÓJICA, la de la Cruz: la que nadie nos puede quitar y que está a salvo de los engaños del enemigo. Es ella ciertamente el camino cierto a la felicidad ETERNA.

Aprendiendo a leer a San Juan

Una forma especial de lectura se requiere para captar mejor el mensaje de San Juan. Pero vale la pena: hoy descubrimos que aunque hay fuerzas que pretenden confundirnos y cambiarnos en la fe, es posible perseverar si nos mantenemos en la sana doctrina y en unión con el Espíritu Santo, que habita en nosotros.

Fecundidad: llamados a dar mucho fruto

Nuestra FECUNDIDAD es deseo expresamente manifiesto de Jesucristo, allí donde dice que nos ha destinado para que demos fruto abundante (Juan 15). Y es que es propio de Dios la abundancia y la diversidad, en cuanto en ella se manifiesta una armonía y belleza que está en todo pero lo trasciende todo. Es lo mismo que Él quiere de su creación: “creced y multiplicaos” (Génesis 2). Según aquellas obras que se atribuyen de modo más frecuente a cada una de las Divinas Personas, uno ve la múltiple fecundidad que Dios quiere para su Iglesia. A Dios Padre se atribuye la creación, que nos habla de la fecundidad en términos de hijos. A Dios Hijo se atribuye sobre todo la redención, que nos habla de la fecundidad que se da en cada conversión, que es vida nueva. A Dios Espíritu se atribuye sobre todo la santificación, que nos habla de la fecundidad que se da en cada santo y cada santa: vida plena, vida eterna. No es extraño que el demonio quiera destruye estos modos de fecundidad pero tampoco es extraño que quien está en Dios vence a toda estrategia del enemigo malo.

Ejercicio de las virtudes teologales en la construcción de la fraternidad

La fraternidad propia de la vida comunitaria no brota espontáneamente. No es artificial pero debe ser construida sobre una base que va más allá de lo puramente humano. Es ahí donde uno comprende que son indispensables las virtudes teologales. La FE no consiste en imaginar, o en no ver lo que estamos viendo, en cuanto a los defectos de los demás. Lo más importante de la fe es que aprende a reconocer el paso de Dios en la vida del hermano. Todos somos historias a medio escribir. En la medida en que reconocernos lo que Dios ha hecho y está haciendo en la persona, no negamos lo que es pero descubrimos su ser como abierto a un futuro donde el Señor puede ser y quiere ser protagonista desde su amor y su gracia. La ESPERANZA no puede limitarse a los cálculos a partir de lo que ven nuestros ojos. Esperamos solamente a partir del dato básico de que cada corazón está en manos de un Dios, que es bien capaz de dar sorpresas. Por eso mismo, la CARIDAD fraterna no es asunto de compatibilidad ni mucho menos de simple simpatía: es la resolución de ayudar a construir en la dirección del plan de amor de Dios para nuestros hermanos.

Sudoku 087 de 100

El propósito de un sudoku es llenar todas las casillas con los números del 1 al 9, de modo que no haya números repetidos en ninguna fila, en ninguna columna o en ninguno de los nueve cuadros menores.

[Si buscas la solución al Sudoku 086, haz click aquí.]

La fraternidad brota de las verdaderas virtudes

La dificultad para la convivencia humana suele estar en que todos estamos más dispuestos a recibir que a dar. Cambiar esta actitud y estar dispuestos a aportar lo nuestro es siempre asumir el camino de la virtud. Necesitamos virtudes humanas, virtudes domésticas y virtudes teologales. No se excluyen ni se oponen sino que se complementan estos tipos de virtudes. En cuanto a las virtudes humanas, es importante dar su lugar a las llamadas “cardinales” porque precisamente son los ejes en torno de los cuales giran las demás. La PRUDENCIA como virtud cardinal nos exhorta a pensar, hablar y obrar del modo mejor. La necedad cansa, causa conflictos y estropea resultados. Pero la prudencia no significa pasividad, negociación por conveniencia, cobardía o deseo de complacer a toda costa. La prudencia, en cambio, nos hace capaces de observar mejor lo que viven otros alrededor nuestro, y también reconocer cuál es el impacto positivo o negativo de nuestras acciones o silencios. La prudencia nos pone en la ruta de cuál es el bien mayor, más allá de nuestros bienes inmediatos y egoístas. La prudencia, en fin, nos hace discípulos perpetuos de la verdad que siempre conserva capacidad de sorprendernos. La JUSTICIA hay que entenderla desde dos puntos fundamentales: que ante todo hay que ser justos con Dios, dándole su lugar, y que ser justos con el prójimo implica lo que leemos en Hechos de los Apóstoles: dar a cada uno según su necesidad. Surge así de todos una unidad y una armonía que son el cimiento sólido de la fraternidad verdadera.