¿Con qué autoridad declara la Iglesia que alguien es un santo?

Fray Nelson muy buenas tardes, manifestándole mi confianza en su fe y conocimientos quisiera hacerle la siguiente pregunta: Partiendo de que no debemos juzgar al prójimo, es decir, que no tratemos de tomar el lugar de Dios definiendo el desenlace final de una persona, ¿cómo se explica que nosotros como iglesia digamos que alguien es Santo, o que está en la presencia plena de Dios? — B.E.C.

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Tienes razón cuando manifiestas tu asombro por el hecho de que la iglesia se atreva a declarar que una persona está en la presencia de Dios y que es y será bienaventurado para siempre. Efectivamente si la iglesia deben diera únicamente de los recursos y los conocimientos humanos nunca podría declarar algo semejante.

Pero si lo piensas bien te das cuenta que la misión misma de la iglesia trasciende desde el principio los recursos puramente humanos. Cada vez que celebramos los sacramentos estamos afirmando que suceden cosas que trascienden completamente los límites y las capacidades de la simple naturaleza. Un bautizado no es simplemente un niño al que le cayó un poco de agua es alguien a quien se aplican una vez y para siempre todos los méritos de la santísima pasión de nuestro Señor Jesucristo.

La Iglesia puede obrar así en los sacramentos y especialmente en la Eucaristía porque en ella obra la fuerza infinita del Espíritu Santo que Jesucristo le concedió y le concede. La asistencia del Espíritu Santo es la que garantiza que la palabra de la Iglesia no sea simplemente palabra y opinión humana. Esa misma asistencia es la que le permite reconocer cuándo la obra del Espíritu Santo se ha completado en una persona. Y es por esta razón por la que la iglesia después de discernir cuidadosamente los testimonios del pueblo de Dios y después de suplicar y verificar señales completamente sobrenaturales, como son los milagros, se atreve a afirmar que alguien está para siempre en la presencia de Dios.

Sudoku 090 de 100

El propósito de un sudoku es llenar todas las casillas con los números del 1 al 9, de modo que no haya números repetidos en ninguna fila, en ninguna columna o en ninguno de los nueve cuadros menores.

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La fuente de la paz

Cuando te abandones de verdad en el Señor, aprenderás a contentarte con lo que venga, y a no perder la serenidad, si las tareas -a pesar de haber puesto todo tu empeño y los medios oportunos- no salen a tu gusto… Porque habrán “salido” como le conviene a Dios que salgan.

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