¿Cómo ve la Iglesia Católica las elecciones presidenciales?

Muchos lectores nos han pedido indicaciones sobre el proceso electoral de Colombia, y de otros países, a su vez.

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Los obispos de Colombia han publicado un documento ilustrativo, del cual tomamos estas pistas:

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) pone a disposición de todos los colombianos, en texto y video, el mensaje de nuestros obispos con vistas a los comicios electorales que se realizarán en el país este año.

El mensaje titulado: “Construir juntos un país que sea patria y casa de todos” consta de siete puntos que brindan a los colombianos criterios y fundamentos para ejercer un voto responsable, libre y consciente que le dé transparencia al proceso electoral de 2018.

“Los obispos católicos de Colombia, como ciudadanos y pastores, consideramos que los comicios, son una oportunidad para dar juntos “un nuevo paso” hacia la construcción de un país que sea patria y casa para todos, recordando que Colombia necesita la participación de todos para abrirse al futuro con esperanza”, señala la introducción del mensaje.

En el mensaje se resaltan siete puntos:

Derrotar la indiferencia e involucrarse en el proceso electoral.

Acabar con la corrupción y reforzar con el voto el comportamiento ético.

Exigir campañas transparentes y que favorezcan la unidad.

Analizar la trayectoria y propuestas de los candidatos.

Pensar en las necesidades más urgentes del país.

Elegir a quienes les duela la realidad de los colombianos.

Asegurar el país sobre valores fundamentales y proteger la institucionalidad.

Esto se llama verdadera responsabilidad

Me parecen muy lógicas tus ansias de que la humanidad entera conozca a Cristo. Pero comienza con la responsabilidad de salvar las almas de los que contigo conviven, de santificar a cada uno de tus compañeros de trabajo o de estudio… -Esta es la principal misión que el Señor te ha encomendado.

Compórtate como si de ti, exclusivamente de ti, dependiera el ambiente del lugar donde trabajas: ambiente de laboriosidad, de alegría, de presencia de Dios y de visión sobrenatural. -No entiendo tu abulia. Si tropiezas con un grupo de compañeros un poco difícil -que quizá ha llegado a ser difícil por tu abandono-, te desentiendes de ellos, escurres el bulto, y piensas que son un peso muerto, un lastre que se opone a tus ilusiones apostólicas, que no te entenderán… -¿Cómo quieres que te oigan si, aparte de quererles y servirles con tu oración y mortificación, no les hablas?… -¡Cuántas sorpresas te llevarás el día en que te decidas a tratar a uno, a otro, y a otro! Además, si no cambias, con razón podrán exclamar, señalándote con el dedo: «hominem non habeo!» -¡no tengo quien me ayude!

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