Con profundo dolor en el alma

Para estas reflexiones me apoyo en un artículo del Forum Libertas.

Tres cosas que no se mencionan con respecto al horrendo escándalo de abusos sacerdotales en Pennsylvania:

(1) Estamos nuevamente ante una presentación que recoge décadas de delitos, y así logra cifras muy altas. Aclaramos: UN SOLO CASO ya sería demasiado. Pero no seamos ciegos: la presentación SIMULTÁNEA de tantos casos quiere producir un efecto determinado. Muchos casos han prescrito y ya han sido juzgados y condenados. De todas formas, el fiscal Josh Shappiro presenta todo junto para que tenga mayor efecto.

(2) En la mayor parte de los casos se trata de situaciones de homosexualidad. El poder del lobby LGBTI trata de frenar ese dato, que es real: mucho más del 90% de los casos tienen que ver con clero homosexual. Lo cual indica en qué dirección hay que mirar si de verdad se quiere un cambio para mejor en la Iglesia Católica.

(3) En la inmensa mayoría de los casos la ley de la Iglesia, el Derecho Canónico, NO SE APLICÓ. Una de las grandes vergüenzas nuestras como católicos, es que la falta de acción de los superiores ha terminado en que estos casos espantosos lleguen, con empeorada gravedad, a las autoridades civiles.

EN CUALQUIER CASO, lo que sigue es humildad, penitencia, conversión, dar el primer lugar a la reparación psicológica y espiritual de las víctimas, y luego: tener en cuenta los puntos aquí mencionados.

Cinco cosas en que era mejor el medio académico medieval

1. Capacidad de debate abierto

Las universidades medievales permitían las disputas abiertas y públicas, con reglas de juego bastante equilibradas, y con un lenguaje claro, en el sentido de: poca diplomacia y un esfuerzo consciente de llamar cada cosa por su nombre. Ejemplo típico es la postura del sacerdote diocesano que escribe una obra argumentando por qué es contrario a la Iglesia el surgimiento y el lugar nuevo que han adquirido las Órdenes Mendicantes. Santo Tomás le da una respuesta amplia, clara, dura y sin embargo respetuosa. Es una de sus varias obras que empiezan con la palabra “contra”: todo el mundo sabía a qué se oponía y todos querían saber qué daba como argumento de por qué se oponía.

Por contraste, la mayoría de los centros actuales, especialmente en humanidades, sufren de algo parecido al culto a la personalidad y la mentalidad gregaria. Lo primero significa que los encuentros académicos suelen tener largas presentaciones llenas de títulos y listas de grandes logros de sus conferencistas o ponentes, de modo que las disputas abiertas y los desacuerdos francos son bastante raros.

La situación es todavía peor allí donde todo desacuerdo se toma como una “ofensa.” Ahora resulta que contradecir a un abortista es ofender a las mujeres. Cuestionar el orgullo gay es automáticamente ser homofóbico. Al final resulta que el único lenguaje aceptable debe dulcificarse, castrarse y autocensurarse hasta el punto de la irrelevancia y la complicidad. Además, poco a poco se nos inculca la idea de que las grandes personalidades, sea por sus escritos, por su presencia en los medios o por sus obras sociales, son particularmente “intocables” y por ello puedo decir, por experiencia directa, que rara vez o nunca ve uno que un estudiante se atreva a hacer un cuestionamiento de fondo a una de tales personalidades. Súmese a esto que la mayor parte de los estudiantes actuales tienen serias dificultades para seguir un razonamiento, prefiriendo más bien los carriles cómodos del prejuicio, en uno u otro sentido, o el seguir pasivamente la opinión de la mayoría.

Mentalidad “gregaria” quiere decir que los profesores de una misma facultad, o de una misma corriente, institución o escuela de pensamiento, procuran defenderse unos a otros. En otros tiempos yo mismo vi que si algún profesor iba a ser cuestionado por “Roma” de inmediato se aplicaba la lógica de los mosqueteros: “uno para todos y todos para uno.” Por supuesto una consecuencia de ello es que la capacidad de autocrítica desciende a niveles ridículos, mientras, a la par, se favorece un estilo de trabajo tipo “lobby.”

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¿Por qué es pecado presumir?

Como ya quedó expuesto (q.20 a.1), todo movimiento apetitivo acorde con una apreciación falsa es de suyo malo y pecado. Pues bien, la presunción es un movimiento apetitivo porque entraña una esperanza desordenada. Pero está acorde con una apreciación falsa del entendimiento, lo mismo que la desesperación, pues como es falso que Dios no perdone a los penitentes o que no traiga a los pecadores a penitencia, también lo es que conceda perdón a quienes perserveran en el pecado y dé la gloria a quienes desisten de obrar bien. Es, por lo tanto, pecado. Resulta, sin embargo, menos pecado que la desesperación, pues más propio de Dios es compadecerse y perdonar, por su infinita bondad, que castigar: lo primero le compete a Dios por sí mismo; lo segundo, a causa de nuestros pecados. (S. Th., II-II, q.21, a.2, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Las falsas profecías de Malaquías y de Catalina Emmerick sobre los dos papas

“La “profecía de los dos papas” está tomada de los escritos de la beata Anna Catalina Emmerick. Muchos tradicionalistas (y también la propia falsa vidente María Divine Mercy, MDM), sostienen que esta “profecía” se refiere a la Iglesia después del Concilio Vaticano II y, en particular, a la relación entre el Papa Francisco y Benedicto XVI. El texto demuestra claramente que esto es totalmente falso: para empezar, las palabras transcritas de la Emmerick no son una profecía, sino una visión. Sabemos además que desde 1819 hasta el día de su muerte, en 1824, la Emmerick dictó sus visiones al poeta romántico Clemens Brentano, quien transcribió lo que decía sentado a su cabecera: esto pone en guardia sobre la interpretación al gusto de cada uno de las revelaciones privadas. ¡Hay que tener cautela a la hora de hacer paralelismos peligrosos en un discernimiento que corresponde sólo al Magisterio de la Iglesia!”

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Plegaria de una mujer asombrada por el amor de Dios

No me dan ganas de nada mas, sino solo de alabarte y agradecerte a ti, Oh Cristo, porque me has mirado con amor y misericordia. Siendo yo tan pecadora, al acercarme al confesionario me repites: déjame amarte una vez más.

Abre mi corazón, Cristo, abre lo más profundo de mí a tu amor, para que eso me baste y no quiera más que a ti. Que ese amor me lleve a entender cuán valiosa soy frente a tus ojos, y que las prohibiciones no son más que toques de amor tuyos hacia tus hijos.

No debe bastarme “no hablar mal del prójimo,” sino reconocer la grandeza que tú haces en mi prójimo. No debe bastarme “no tener relaciones sexuales,” sino amar al otro como Cristo lo hace. No debe bastarme “no perder el tiempo,” sino gastar el tiempo haciendo el bien.

Gracias porque nos levantas! Ofrezco en este momento un Avemaría por mi alma y por el alma de todas las personas que amo. Porque eso es amor, hablarle a Dios de las personas y hablar con las personas de Dios.

Amén.