José Kentenich, un instrumento en manos de María

“El 15 de septiembre de 1968, tras la celebración de la Misa, murió el padre José Kentenich, fundador del movimiento de Schoenstatt, que es eminentemente mariano. De hecho, una de las oraciones más difundidas entre los miembros del movimiento es la muy conocida «Oh, Señora mía, oh, Madre mía…». Esta plegaria, ligeramente modificada por Kentenich, finaliza con estas palabras: «Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame, defiéndeme, utilízame, como instrumento y posesión tuya». Es la expresión de una relación activa con María. Ser instrumentos de la Mater, como la llaman cariñosamente los hombres y mujeres de Schoenstatt, es fiarnos de quien nos quiere y, por tanto, dejar nuestra vida y libertad en sus manos en estos tiempos difíciles y desafiantes…”

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Cuando Martín de Porres entró a la Orden de Santo Domingo

Martín dominico

El convento dominico de Nuestra Señora del Rosario, edificado en Lima sobre un solar donado por Francisco Pizarro y ampliado por el Consejo municipal en 1540, era un edificio inmenso, en el que había múltiples dependencias -iglesia, capillas, portería, talleres, escuela, enfermería, corrales, depósitos y amplia huerta-, y en donde vivían con rigurosa observancia unos doscientos religiosos, y un buen número de donados y también esclavos o criados.

Entre los dominicos de entonces había tres clases: los padres sacerdotes, dedicados al culto y a la predicación, los hermanos legos, que hacían trabajos auxiliares muy diversos, y donados, también llamados oblatos, que eran miembros de la Orden Tercera dominicana, recibían alojamiento y se ocupaban en muchos trabajos como criados. Padres y hermanos llevaban el hábito completo, y en aquella provincia era costumbre llevar dos rosarios, uno al cuello y otro al cinto. Los donados llevaban túnica blanca y sobrehábito negro, pero no llevaban escapulario ni capucho.

Cuando Martín, un muchacho mulato de 16 años, en 1595, solicitó ser recibido como donado en el convento del Rosario, el prior, fray Francisco de Vega y el provincial, fray Juan de Lorenzana, que ya debían conocerle, le admitieron sin ninguna dificultad. No tardó en enterarse don Juan Porres de que su hijo había dado este paso, y aunque aprobaba que se hiciera religioso, hizo cuanto pudo para que fuera hermano lego, y no se quedara como donado, ya que esto era como hacerse un criado para siempre. Pero Martín se resistió decididamente: «Mi deseo es imitar lo más posible a Nuestro Señor, que se hizo siervo por nosotros». Tomó, pues, el hábito dominico de donado, y al día siguiente recibió ya su primer ministerio conventual: barrer la casa.

Un fraile humilde

Conocemos muchas anécdotas de la vida de fray Martín, recogidas como testimonios jurados en los Procesos diocesano (1660-1664) y apostólico (1679-1686), abiertos para promover su beatificación. Buena parte de estos testimonios proceden de los mismos religiosos dominicos que convivieron con él, pero también los hay de otras muchas personas, pues fray Martín trató con gentes de todas clases.

Pues bien, de las informaciones recibidas destaca sobremanera la humildad de San Martín. Acerca de ella tenemos datos impresionantes.

Fray Francisco Velasco testificó que, siendo él novicio, acudió a la barbería del convento, y como fray Martín no le hiciera el arreglo como él quería, se enojó mucho y le llamó «perro mulato». Respuesta: «Sí, es verdad que soy un perro mulato. Merezco que me lo recuerde y mucho más merezco por mis maldades». Y dicho esto, le obsequió luego con aguacates y un melocotón.

En otra ocasión, no habiendo podido acudir inmediatamente a atender a un fraile enfermo que reclamaba sus servicios, éste le dijo cuando por fin llegó: «¿Esta es su caridad, hipocritón embustero? Yo pudiera ya haberlo conocido». A lo que fray Martín le respondió: «Ése es el daño, padre mío; que no me conozco yo después de tantos años ha que trabajo en eso y quiere vuestra paternidad conocerme en cuatro días que ha que me sufre. Como esas maldades e imperfecciones irá descubriendo en mí cada día, porque soy el peor del mundo».

Otra vez estaba fray Martín limpiando las letrinas, y un fraile le dijo medio en broma si no estaría mejor en el arzobispado de México, a donde quería llevarlo el Arzobispo electo. El respondió: «Estimo más un momento de los que empleo en este ejercicio que muchos días en el palacio arzobispal».

Pero una de las muestras más conmovedoras de su humildad fue la siguiente. En el convento del Rosario se produjo un día un grave aprieto económico, y el prior tuvo que salir con algunos objetos preciosos para tratar de conseguir algún préstamo. Enterado fray Martín, corrió a alcanzarle para evitarlo. El sabía que los negros vendidos como esclavos eran bien pagados, hasta unos mil pesos. Y recordaba que Santo Domingo se ofreció como esclavo a los moros para sustituir al hermano de una pobre viuda. Mejor, pues, que desprenderse de objetos preciosos del convento, era otra solución: «Padre, yo pertenezco al convento. Disponga de mí y véndame como esclavo, que algo querrán pagar por este perro mulato y yo quedaré muy contento de haber podido servir para algo a mis hermanos». Al prior se le saltaron las lágrimas: «Dios se lo pague, hermano Martín, pero el mismo Señor que lo ha traído aquí se encargará de remediarlo todo».


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

365 días para la Biblia – Día 019

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura. – Día 019 de 365

Génesis 27
Salmo 18,31-51
Mateo 11,16-30

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

Todo comenzó con un brownie de marihuana

“Cuando Federico Ávila se dio cuenta que su hijo consumía no le tembló la mano para denunciarlo en su propio colegio. Tras contar su historia en La W, ahora emprende una lucha para que las instituciones educativas cumplan la ley y activen protocolos más eficientes frente a estos casos…”

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¿Juzgar es lo mismo que decirle a la gente cómo debe vivir su vida?

Fray Nelson. Yo no soy quién para decirle a nadie cómo debe vivir su vida, y tú tampoco. Por consiguiente, no se debe juzgar. Así de simple. — G.G.

* * *

La frase “no soy quién para decirle a nadie cómo debe vivir su vida” impacta. Tiene efecto retórico fuerte. Pero esa frase no corresponde en realidad al tema en discusión.

Decir a alguien cómo debe vivir su vida es pretender adueñarse de la libertad y el destino de esa persona. Nadie niega que eso repugna a la dignidad humana. Pero repito: ese no es el tema en discusión.

El tema de fondo es la generalidad y la superficialidad con que se utilice el “no juzguen.” Y resulta que lo que se plantea como “juzgar” es esto: expresar cualquier parecer sobre actos específicos de personas determinadas.

Dicho de otro modo: estamos ante el sofisma del “hombre de paja”. Se usa la versión hipertrofiada de juzgar (que sería manejarle la vida a otra persona) para decir que no se puede juzgar, mientras que los “juicios” necesarios en la vida cristiana y en toda vida humana no aluden a adueñarse de la vida de nadie sino a llamar bien a lo que bueno y mal a lo que es malo.

Señalar un mal PARTICULAR y mostrar el camino hacia un bien DETERMINADO ciertamente supone una forma de “juicio” pero ese juicio no sólo es lícito sino en cierto modo obligatorio. Es el modo de juicio que los creyentes reconocemos inmediatamente en numerosas palabras de Cristo y luego de sus apóstoles. En ese sentido, ellos ciertamente juzgaron, y con bastante frecuencia.

Si miramos nuestro propio entorno, abundan los ejemplos de cómo es oportuno y razonable juzgar de actos concretos para bien de todos: si oigo a mi amiga que va a seguir un tratamiento con un medicamento que se ha demostrado seriamente perjudicial por sus efectos secundarios, y le digo: “NO te tomes eso porque a la larga te hace más daño que bien,” claramente estoy interfiriendo (muy positivamente) con el curso de sus acciones. No le estoy diciendo qué hacer con su vida pero sí estoy haciendo un juicio sobre qué es bueno o malo para ella. Y es de agradecer.

Si un amigo me cuenta que le es infiel a su novia, y lo cuenta entre risas, porque no le parece grave, y yo le manifiesto, con respeto y cariño pero también con claridad, que no estoy de acuerdo, ese es un juicio. Mi amigo verá qué decisiones toma, pero ¿sería yo mejor amigo de él si no le dijera nada, sabiendo el daño que causa a varias personas, incluyéndose a sí mismo? ¿Es mejor y más correcto dejar que las cosas pasen, y nunca opinar de nada para que nunca digan que estoy juzgando? Y cuando salgan las consecuencias previsibles de una decisión mal tomada, por parte de mi amigo, ¿no tendrá él razón de decirme que por qué no le advertí cuando él estaba enceguecido por sus ilusiones de seductor?

Es evidente que hay muchos modos de juzgar. Habrá quien quiera gobernarle la vida a otros. Habrá quien hable con arrogancia. Habrá quien sea hipócrita. Habrá quien pretenda imponer sus ideas o su religión a toda costa. Pero todos esos ejemplos de maneras perversas de juzgar no eliminan el hecho de que sí hay modos oportunos de juzgar de los ACTOS para hacer bien a las personas, tanto a los directamente implicados como a los que puedan ser afectados de modo colateral.

A la vista de estos hechos, uno ve que es pésima idea absolutizar el tema del “no juzgar.” Por evitar los modos perversos de juicio estamos eliminando bienes muy necesarios, tanto en términos de corrección fraterna (que SIEMPRE supone un juicio sobre actos) como en términos de legislación para grupos humanos.

Por eso me parece oportuno y valiente mostrar que se ha abusado de la expresión “no juzgar” y por ello también es saludable mostrar ese abuso y superarlo.

365 días para la Biblia – Día 018

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura. – Día 018 de 365

Génesis 25–26
Salmo 18,1-30
Mateo 11,1-15

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.