Una presentación del carisma dominicano

“Lo que hacemos es fruto, antes que nada, de quiénes somos y cómo vivimos. Todo el propósito de nuestra vida es prepararnos como predicadores del Evangelio para que nuestra vida irradie el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios e implantar la Iglesia en el mundo…”

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Breve reflexión sobre el tiempo litúrgico de navidad

Quiero hacer un sencillo contraste entre la manera como el mundo vive la navidad y la manera cómo propone este tiempo la Iglesia. 

Creo que esta comparación resulta útil porque va más allá del hecho de la navidad, incluso sirve para que descubramos cómo estamos viviendo muchas cosas. Cuando hablamos de la navidad según el mundo, hablamos de algo que llega pronto, envuelve a todos, produce muchos gastos, deja algunos remordimientos y después se disuelve rápidamente. Podríamos decir que se va con la misma prisa con la que viene. Por el contrario, la Iglesia vive el misterio de la navidad con una preparación, relativamente prolongada, que es el adviento. 

Hay una cumbre celebrativa que es la noche y el día de navidad, y después una octava que nos deleita con la contemplación del misterio del hijo de Dios y con una secuencia de Santos tan distintos y, sin embargo, tan apropiados para llevarnos a la gratitud. Después de esa octava, todavía tenemos otros días en los que una nueva celebración, la Epifanía, eleva nuestro corazón para que no nos quedemos solamente en el hecho de que Cristo nació, sino que vayamos al significado de su presencia entre nosotros.

Por último, este tiempo litúrgico de navidad nos conduce al misterio de su ocultamiento en la humildad de Nazaret, a la vez que prepara su manifestación definitiva a partir del bautismo. 

Así que, el contraste entre la manera mundana y la manera de la Iglesia es bastante fuerte porque lo del mundo es todo acelerado y la propuesta de la Iglesia es pausada y llena de ritmo. En la lógica del mundo está la exterioridad y el espectáculo; en el camino de la Iglesia está la interioridad y la transformación. En la lógica del mundo está el gasto y el oropel; en la lógica de la Iglesia está la humildad y la acogida de la salvación. 

Creo que es un contraste que nos enseña mucho de la manera como vivimos y sobre lo que realmente deseamos.

Breve ordo para la semana del 6 al 12 de Enero de 2019

Homilías breves para esta semana:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLRmr1_QLb8pfXWJFqAcP-T3tuAm_mn3mD


Lectura Espiritual para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

Domingo, 6 de Enero de 2019: Solemnidad de la Epifanía del Señor

Lunes 7:

Martes 8:

Miércoles 9:

Jueves 10:

Viernes 11:

Sábado 12:



365 días para la Biblia – Día 127

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 127 de 365

1 Samuel 3–5
Salmo 119,145-160
Marcos 5,1-20

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

Inseparable unión del amor a Dios y al prójimo

Según hemos expuesto (1-2 q.54 a.3), los hábitos no se diferencian sino porque cambia la especie de sus actos; todos los actos de una especie pertenecen al mismo hábito. Pues bien, dado que el carácter específico de un acto lo constituye la razón formal de su objeto, por fuerza han de ser de la misma especie el acto que versa sobre la razón formal del objeto y el que recae sobre un objeto bajo tal razón formal, como son específicamente lo mismo la visión con que se ve la luz y la visión con que se ve el color por medio de la luz. Ahora bien, la razón del amor al prójimo es Dios, pues lo que debemos amar en el prójimo es que exista en Dios. Es, por lo tanto, evidente que son de la misma especie el acto con que amamos a Dios y el acto con que amamos al prójimo. Por eso el hábito de la caridad comprende el amor, no sólo de Dios, sino también el del prójimo. (S. Th., II-II, q.25, a.1, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

San Basilio Magno hablando sobre la acción del Espíritu Santo

De quien ya no vive de acuerdo con la carne, sino que actúa en virtud del Espíritu de Dios, se llama hijo de Dios y se ha vuelto conforme a la imagen del Hijo de Dios, se dice que es hombre espiritual. Y así como la capacidad de ver es propia de un ojo sano, así también la actuación del Espíritu es propia del alma purificada.

Así mismo, como reside la palabra en el alma, unas veces como algo pensado en el corazón, otras veces con algo que se profiere con la lengua, así también acontece con el Espíritu Santo, cuando atestigua a nuestro espíritu y exclama en nuestros corazones: Abba (Padre), o habla en nuestro lugar, según lo que se dijo: No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Ahora bien, así como entendemos el todo distribuido en sus partes, así también comprendemos el Espíritu según la distribución de sus dones. Ya que todos somos efectivamente miembros unos de otros, pero con dones que son diversos, de acuerdo con la gracia de Dios que nos sido concedida.

Por ello precisamente, el ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies: «No os necesito.» Sino que todos los miembros completan a la vez el cuerpo de Cristo, en la unidad del Espíritu; y de acuerdo con las capacidades recibidas se distribuyen unos a otros los servicios que necesitan.

Dios fue quien puso en el cuerpo los miembros, cada uno de ellos como quiso. Y los miembros sienten la misma solicitud unos por otros, en virtud de la comunica­ción espiritual del mutuo afecto que les es propia. Esa es la razón de que cuando un miembro sufre, todos sufren con él; cuando un miembro es honrado, todos le felicitan.

Del mismo modo, cada uno de nosotros estamos en el Espíritu, como las partes en el todo, ya que hemos sido bautizados en un solo cuerpo, en nombre y virtud de un mismo Espíritu.

Y como al Padre se le contempla en el Hijo, al Hijo se le contempla en el Espíritu. La adoración, si se lleva a cabo en el Espíritu, presenta la actuación de nuestra alma como realizada en plena luz, cosa que puede deducirse de las palabras que fueron dichas a la samaritana. Pues como ella, llevada a error por la costumbre de su región, pensase que la adoración había de hacerse en un lugar, el Señor la hizo cambiar de manera de pensar, al decirle que había que adorar en Espíritu y verdad; al mismo tiempo, se designaba a sí mismo como la verdad.

De la misma manera que decimos que la adoración tie­ne que hacerse en el Hijo, ya que es la imagen de Dios Padre, decimos que tiene que hacerse también en el Espí­ritu, puesto que el Espíritu expresa en sí mismo la divinidad del Señor.

Así pues, de modo propio y congruente contemplamos el esplendor de la gloria de Dios mediante la iluminación del Espíritu; y su huella nos conduce hacia aquel de quien es huella y sello, sin dejar de compartir el mismo ser.

Estudio sobre un caso de histerectomía moralmente aceptable

“La Santa Sede considera lícita la histerectomía (extirpación del útero) cuando éste «se halla de forma irreversible en un estado tal que ya no puede ser idóneo para la procreación, y médicos expertos han alcanzado la certeza de que un posible embarazo conducirá a un aborto espontáneo, antes de que el feto pueda alcanzar el estado de viabilidad»…”

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365 días para la Biblia – Día 126

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 126 de 365

1 Samuel 1–2
Salmo 119,129-144
Marcos 4,21-41

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.