Levántame, Señor, que estoy caído

Levántame Señor, que estoy caído,
sin amor, sin temor, sin fe, sin miedo;
quiérome levantar, y estoyme quedo;
yo propio lo deseo, y yo lo impido.

Estoy, siendo uno solo, dividido:
a un tiempo muerto y vivo, triste y ledo;
lo que puedo hacer, eso no puedo;
huyo del mal y estoy en él metido.

Tan obstinado estoy en mi porfía,
que el temor de perderme y de perderte
jamás de mi mal uso me desvía.

Tu poder y bondad truequen mi suerte:
que en otros veo enmienda cada día,
y en mí nuevos deseos de ofenderte.

Amén.

Nueva Granada cristiana

Como hemos visto, en el siglo XVI la acción misionera en Nueva Granada hubo de vencer, con grandes trabajos, incontables dificultades y resistencias. Sin embargo, el árbol de la cruz siempre da buenos frutos, y como dice el historiador jesuita Antonio de Egaña, «a pesar de todo este cúmulo de fuerzas contrapuestas a la obra misional, el siglo XVII neogranadino conoció una edad media de glorias y de resultados positivos. En la capital bogotana, dominicos y jesuitas cimentaron instituciones docentes de amplia eficacia; en el mundo misional, en zonas de indígenas, nuevas generaciones de indios se educaron en las escuelas misionales, con el catecismo como primera asignatura, y además con otros conocimientos adaptados a su estado mental; comenzaron a adentrarse en la vida civilizada gentes hasta entonces montaraces; se iban ya domesticando costumbres inveteradas de canibalismo antropófago, y las relaciones sexuales adquiriendo un grado superior de moralidad. No es raro hallar notas de optimismo en las narraciones de la época, confirmándonos que la labor misional no era estéril» (Historia 549-550).


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

Las máquinas deben estar regidas por el principio de salvar a los seres humanos

Programar inteligencia artificial es un verdadero reto. Pero necesario. En muchos dilemas no nos ponemos de acuerdo, unos piensan de una manera y otros de otra, y se queda la decisión sin tomar. Pero aquí no se puede no legislar. Imagine el típico ejemplo de un coche autónomo. Quizá en algún momento tenga que decidir entre arrollar a un niño o a un abuelo. Hay que programar algo para ese instante, porque el día que se produzca un accidente la gente empezará a quejarse.

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365 días para la Biblia – Día 195

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 195 de 365

2 Crónicas 25–27
Proverbios 21,1-15
Romanos 13

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

365 días para la Biblia – Día 194

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 194 de 365

2 Crónicas 22–24
Proverbios 20,16-30
Romanos 12

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

¿Perdonar a Dios?

Buenos días Fraynelson. Cóno estás? Soy de Argentina, Chaco, Barranqueras. Quería hacerte una consulta: Necesitaba saber sobre PERDONAR A DIOS. eso es válido? sabía de PERDONARSE A UNO MISMO – PERDONAR AL HERMANO – PEDIR PERDÓN A DIOS – pero de PERDONAR A DIOS eso si es válido no lo comprendo! podrías darme luz. desde ya muchas gracias. — A.G.

* * *

La expresión “perdonar a Dios” es un modo metafórico de referirse a la experiencia que tienen algunas personas que han pasado por situaciones de terrible dureza o muy prolongado sufrimiento. Cuando alguien pasa por algo así fácilmente siente que Dios tiene responsabilidad en lo que le sucede. La pregunta más frecuente es: “¿Por qué a mí?” A menudo esta pregunta va acompañada de una comparación con otras personas, que uno considera menos buenas y a la vez más afortunadas.

Por supuesto, estos sentimientos son injustos, pero la persona adolridad y contristada carece de la objetividad para un análisis reposado de las cosas. Su corazón puede llenarse de amargura y entonces, aunque las circunstancias duras pasen y queden en el pasado, los resentimientos contra Dios puedan todavía quedar.

Es en estas circunstancias en las que se entiende lo de “perdonar a Dios.” No es que Dios haya sido nunca culpable de nada de lo que a uno le ha sucedido pero al usar esta expresión de lo que se habla es de tomar consciencia de los sentimientos que uno ha dejado acumular, y luego desechar tales ideas. Es un ejercicio que puede ayudar a limpiar la mente quitando obstáculos para poder construir una relación de amor y obediencia con el Dios verdadero.