Cómo se practicó la esclavitud a gran escala en América
Práctica de la esclavitud
Por lo que se refiere a la práctica histórica, hallamos en la antigüedad la esclavitud en todas las culturas, aunque con modalidades muy diversas. Las mismas fronteras verbales entre las palabras siervos, cautivos y esclavos son bastante difusas. El imperio romano en su apogeo tenía 2 o 3 millones de esclavos, es decir, éstos eran un 35 o 40 % de su población (Klein, La esclavitud… 15).
En la Europa cristiana medieval la esclavitud declina hasta casi desaparecer en muchos lugares. Pero reaparece poco a poco en la Europa renacentista, en Italia, durante los siglos XIII al XV, por sus relaciones comerciales con Oriente, y en Portugal, desde mediados del XV, por su comercio con Africa. En ciertas familias ricas de la aristocracia o del comercio tener un esclavo -un eslavo blanco oriental o uno negro africano- contribuye no sólo a prestar unos servicios domésticos, sino sobre todo a dar una nota exótica de distinción.
Europa, a partir del XVI, admite sin mayores problemas el crecimiento de la esclavitud, que se multiplica después más y más. Entonces la esclavitud, más o menos como hoy el aborto, llega a verse como un mal admisible y justificable.
«La esclavitud del negro como institución -afirma Enriqueta Vila Villar- era, en esta época, un hecho admitido por todos. Los teólogos y la iglesia en general mantuvieron diferentes tendencias: algunos cerraron los ojos ante ella y se abstuvieron de ningún comentario; otros se procuparon de denunciar la violencia de la trata, y otros se detuvieron a hacer un inventario de las ventajas y los inconvenientes, llegando a reconocer la necesidad de mantener el «statu quo» establecido. Entre los primeros se podría citar al padre Vitoria; entre los segundos a Tomás de Mercado, Alonso de Sandoval, Bartolomé de Albornoz y el jesuita Luis de Molina, por destacar los más conocidos; y entre los terceros al también jesuita padre Vieira, que consideraba indispensable la esclavitud como único medio de mantener [en Brasil] la economía del azúcar y los intereses de la propia Compañía. Aunque este último, después de un profundo estudio, condena los métodos empleados en el tráfico negrero» (Hispanoamérica y el comercio de esclavos 4).
El sevillano dominico Tomás de Mercado (+1575), profesor en la universidad de México, considera que «la venta y compra de negros en Cabo Verde es de suyo lícita y justa», pero «supuesta la fama que en ello hay y aun la realidad de verdad que pasa, es pecado mortal y viven en mal estado y gran peligro los mercaderes de gradas que tratan de sacar negros de Cabo Verde» (Suma de tratados y contratos II,21). Lo mismo piensa el padre Las Casas, que estima que «de cien mil no se cree ser diez legítimamente hechos esclavos» (Historia de las Indias I,27).
Ésta es también una convicción popular bastante generalizada en esa época. Don Quijote dice liberar a los galeotes «porque me parece duro hacer esclavos a los que Dios y naturaleza hizo libres» (I,22). Y, como ocurre siempre, los cristianos mejores son los que menos toleran los males de su siglo, aunque estén muy generalizados. Así, por ejemplo, el padre de Santa Teresa, según ella misma cuenta: «Era mi padre hombre de mucha caridad con los pobres y piedad con los enfermos, y aún con los criados; tanta, que jamás se pudo acabar con él tuviese esclavos, porque los había gran piedad. Y estando una vez en casa una -de un su hermano- la regalaba como a sus hijos; decía que, de que no era libre, no lo podía sufrir de piedad» (Vida 1,2).
En un discurso histórico en la isla senegalesa de Gore (22-2-1992), Juan Pablo II lamentaba profundamente que «personas bautizadas» hubiesen tomado parte en el «escandaloso comercio» de la esclavitud, y recordaba que ya Pío II en 1462 había condenado su práctica, como también la condenaron posteriormente varios Papa: Pablo III (1537), Urbano VIII (1639) o Benedicto XIV (1741). Tras una intervención de Pío VII, publicó Gregorio XVI una encíclica contra la esclavitud en 1837. Llegaron los Papas en ocasiones a imponer la excomunión a quienes tuvieren esclavos, pero muchos católicos resistieron medida tan radical, alegando que ello produciría el retraso de las naciones católicas, ya que las protestantes no tenían ese impedimento.
Durante tres siglos y medio, 10 o 15 millones de negros africanos fueron trasladados forzosamente a América como esclavos (Klein 25)… ¿Cómo pudo resistir la conciencia cristiana un crimen histórico tan horrible? Lo toleró sin perder por eso el sueño. La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval.
La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.
Un estudio de la Universidad Católica de Roma afirma en 1997 que cada año el aborto legal acaba con la vida de cuarenta millones de niños en todo el mundo -100.000 al día-, y que en algunos países el número de abortos llega a triplicar el de los nacimientos. La mayoría de las civilizadas conciencias actuales toleran estas matanzas con toda paz. Incluso se indignan con quienes pugnan por detenerlas.
El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.
VÍSPERAS 20190717
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365 días para la Biblia – Día 320
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Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.
ALIMENTO 20190718
¿”Que los muertos entierren a sus muertos”?
Querido y santo pastor: He meditado bastante sobre su clara postura frente a este pasaje del Evangelio, y sinceramente siento que no es eso lo que el Maestro nos quiso enseñar.
Usted dice que hay que “entender bien” estas palabras de Jesús (“Deja que los muertos entierren a sus muertos”), como que el aspirante pedía el tiempo necesario para acompañar a su padre mientras le quedaba vida; pero de la traducción del mismo texto que acompaña su homilía se entiende inconfundiblemente otra cosa: “Déjame ir PRIMERO a enterrar a mi padre”, deja claro que el padre acaba de morir; de lo contrario la frase sería algo así como “permíteme acompañar a mi padre en sus últimos días antes de venir contigo”. Todos sabemos lo claro y puntual que es Jesús cuando hay que serlo; son los protestantes los que siempre encuentran una nueva forma “iluminada” de entender cada cosa que dice la Biblia, para luego “explicárnosla” (por supuesto, a su conveniencia).
Estoy convencido (hay otras frases parecidas de Jesús que corroboran esto) que Nuestro Señor en este pasaje está haciendo hincapié en lo RADICAL que tiene que se tiene que ser para seguirlo a Él. Nada, NADA, ni siquiera un compromiso tan humanitario como ése, debería distraernos de LA llamada. Ni la natural inclinación a amar y ser amado como hombre; ni la aspiración legítima a procrear; ni la necesidad de pertenencia a grupos de afirmación, como lo son los amigos. NADA. Ni siquiera un hecho tan crudo como el relativamente corto tiempo que se necesita para las exequias de un padre. Porque ese momento de distracción podría significar el perder la GRAN oportunidad. Porque la predisposición o las circunstancias pueden cambiar de un momento a otro. Pero, por sobre todo, porque el TESORO que en ese momento se nos muestra accesible, es de tal valor que NADA, NADA, NADA debería perturbarnos de abrazarlo para no soltarlo jamás.
— C.D.
* * *
Como no disponemos de suficientes datos de lo que estaba sucediendo exactamente en el momento de la escena del Evangelio a la que te refieres, debemos apoyarnos en suposiciones razonables. Es lo que haces y es lo que yo puedo hacer. La suposición tuya es que la radicalidad tiene el primer lugar y que ese hombre tenía a su papá recién fallecido. La suposición mía, y de muchos otros, es que Cristo no se refiere al caso de un muerto reciente sino que le dice a este hombre que no espere a que su papá muera, que puede ser mucho tiempo. Voy a llamar “literalista” a tu interpretación, y llamaré “contextual” a la que yo defiendo.
En favor de tu tesis está el hecho de que vemos a Jesús exigir de manera radical a sus discípulos que sean resueltos y que no aplacen su decisión por Cristo y por el Evangelio. Pero aquí hay también un punto que va en contra de tu interpretación literalista. En efecto, casi sin excepción, cuando Cristo exige radicalidad usa un lenguaje que claramente no es de interpretación literal. Por ejemplo, nos invita a cortarnos las manos o a sacarnos los ojos, si ellas o ellos son ocasión de pecado (Marcos 9). Claramente esos textos son “radicales” en su exigencia pero no son literales en su formulación.
También cuando Cristo se refiere a su propia radicalidad usa un lenguaje que no es literal. Por ejemplo, dice que “no tiene dónde reclinar su cabeza” (Mateo 8,20) pero por otra parte los mismos Evagelios nos dicen que durante un tiempo “se estableció en Cafarnaúm” (Mateo 4,13), y también sabemos que se hospedaba en casas de amigos (como Martha, María y Lázaro), y recibía invitaciones a cenar o a hospedarse. Es evidente de ue su expresión de que no tenía dónde reclinarse muestra una condición de desprendimiento pero que no por ello deberíamos mirar a Cristo como una persona simplemente “sin techo.”
La conclusión de esto es que comprender la radicalidad no es lo mismo que aplicar literalidad. No se ve entonces una razón inmediata para decir que aquel hombre tenía al papá muerto y que Jesús le dice que se desentienda del funeral. Sobre todo porque la expresión “que los muertos entierren a sus muertos” TAMPOCO puede ser enetendida en sentido literalista, obviamente.
Por último, notemos los rasgos de compasión y profundo sentido de comprensión de Cristo frente al misterio de l amuerte y frente al duelo que le sigue. Jesús trata con amor y guarda la privacidad y decoro frente a aquellaspersonas que están padeciendo un duelo. Su expresión en estos casos nunca es ruda ni seca sino compasiva y comprensiva. Así es ante el caso de la hija de Jairo (Marcos 5) o ante el fallecimiento por enfermedad de Lázaro (Juan 11). Sería incomprensible que ese mismo Jesús le privara a aquel hombre del funeral de su padre sobre todo por el hecho de que enterrar a los muertos era una obra de misericordia claramente reconocida porla Escritura (véase el libro de Tobías).
Todo esto nos hace suponer que Cristo alude al hecho de que no debe esperar este hombre hasta que su padre muera. El hecho de que diga “déjame ir PRIMERO a enterrar a mi padre” sólo indica una sucesión temporal: “que primero suceda la muerte de mi padre y solo entonces, después, vendré a seguirte.” Lo de la palabra “primero” únicamente está indicando esa sucesión temporal en los hechos.
En resumen, creo sinceramente que una interpretación contextual responde mejor al propósito del pasaje evangélico que cmentamos.
VÍSPERAS 20190716
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Preguntas básicas de Biblia – 066 de 100
Pregunta para esta semana: ¿Cuál fue el rey que permitió a los judíos volver a Jerusalén después del destierro a Babilonia?
Respuesta a la pregunta anterior: Jesé. (Lee 1 Samuel 16)
Crecimiento en virtudes – Una encuesta
Resultados de la encuesta anterior aquí.
365 días para la Biblia – Día 319
Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 319 de 365
Baruc 3–4
Eclesiástico 26
Juan 16
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