¿Cómo se relaciona la prudencia con el Don de Consejo, propio del Espíritu Santo?

El principio inferior del movimiento es ayudado y perfeccionado por el principio superior, como el cuerpo es movido por el alma. Ahora bien, resulta evidente que la rectitud de la razón humana se relaciona con la razón divina en la línea de relación de movimiento entre el inferior y el superior, ya que la razón divina es la regla suprema de toda rectitud humana. De ahí que la prudencia, que implica rectitud de la razón, es perfeccionada y ayudada al máximo en cuanto es regulada y movida por el Espíritu Santo, y esto es propio del don de consejo, como ya hemos dicho (a.1 ad 1). En consecuencia, el don de consejo corresponde a la prudencia ayudándola y perfeccionándola. (S. Th., II-II, q.52, a.2 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Bello Himno Litúrgico para el Oficio de Difuntos

Amargo es el recuerdo de la muerte
en que el hombre mortal se aflige y gime
en la vida presente, cuya suerte
es morir cada día que se vive.

Es verdad que la luz del pleno día
oculta el resplandor de las estrellas,
y la noche en silencio es armonía
de la paz y descanso en las tareas.

Pero el hombre, Señor, la vida quiere;
toda muerte es en él noche y tiniebla,
toda vida es amor que le sugiere
la esperanza feliz de vida eterna.

No se oiga ya más el triste llanto;
cuando llega la muerte, poco muere;
la vida, hija de Dios, abre su encanto:
«La niña no está muerta, sólo duerme.»

Señor, da el descanso merecido
a tus siervos dormidos en la muerte;
si el ser hijos de Dios fue don vivido,
sea luz que ilumine eternamente.

Amén.

En memoria de Fr. Duván Letrado, OP, que en paz descanse.

LA BIBLIA – Día 338 de 365

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 338 de 365

Ezequiel 42–44
Eclesiástico 36,18-27
Apocalipsis 6

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

¿Los católicos somos una «religión del Libro»?

“Es un lugar común decir que cristianismo, judaísmo e islam son “religiones del Libro”. Es una idea que caló en el siglo XIX entre los estudiosos de la mitología comparada y de la historia de las religiones a partir de las investigaciones del lingüista y orientalista Friedrich Max Müller (1823-1900). Pero en realidad solo encaja bien con el papel del Corán en las comunidades musulmanas. En efecto, la dimensión oral del cristianismo primitivo, como la forma totalmente nueva con la que se aproximaron los cristianos a los primeros códices escritos del Nuevo Testamento, ya desmienten su exclusividad libresca…”

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LA BIBLIA – Día 337 de 365

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 337 de 365

Ezequiel 40–41
Eclesiástico 36,1-17
Apocalipsis 5

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

Un misionero notable: Padre Antonio Vieira, SJ

El padre Antonio Vieira (1608-97)

El padre Vieira, nacido en Lisboa en 1608, pero criado en el Brasil desde los siete años, llegó a ser confesor y consejero político de Juan IV de Portugal, en cuyo nombre efectuó secretas misiones diplomáticas en Europa. Pronto prefirió los trabajos de las misiones al esplendor de la Corte, y vuelto al Brasil, llegó a la zona de Marañón y Pará en 1653, donde quedó espantado de la situación de los indios, y lo manifestó a los portugueses en predicaciones incendiarias: «Todos vosotros estáis en pecado mortal. Vais directamente al infierno».

Vuelto a Portugal, convenció al rey para que dictara nuevas leyes contra la esclavización de los indios (1655), y como consecuencia de ellas, los jesuitas lograron descender a unos 200.000 indios del Amazonas, reduciéndolos en 54 aldeias misionales. El propio padre Vieira consiguió que 40.000 indios de la isla de Marajó, hasta entonces rebeldes e irreductibles, aceptaran vivir en poblados, y los enormes ranchos ganaderos de los jesuitas llegaron a ser envidiados por los portugueses.

El rencor, la envidia y el resentimiento de los colonos, que se veían privados por los jesuitas de la mano de obra india, estalló en 1661, y los jesuitas de San Luis de Marañón, también el padre Vieira, fueron expulsados a Portugal. Una ley estableció en los poblados misionales repartidores laicos que distribuyeran las cuotas de trabajo de los indios al servicio de los colonizadores. Diecisiete años más tarde, en 1680, Vieira consiguió de Pedro II, el nuevo rey, una ley que, con gran indignación de muchos colonos, concedía la tierra a los indios, como «señores originales y naturales de ella».

Pero en 1684, se alzaron los colonos de Marañón, conducidos por Manoel Beckman y Jorge Sampaio, y consiguieron expulsar de nuevo a los jesuitas. La rebelión fue sofocada y los cabecillas ahorcados, pero los jesuitas, al volver a hacerse cargo de las aldeias misionales, se vieron obligados a ceder en cuestiones bastante graves. Permitieron que durante seis meses al año los indios hubieran de trabajar para los colonos, e incluso hubieron de aceptar que se legalizaran, bajo ciertas condiciones, «expediciones de redención», cuyo objeto real era la captura de esclavos.

En 1686 el padre Antonio Vieira redactó el Regimento das Missôes, por el cual se regirían en Marañón y Pará las poblaciones misionales, normas que se adaptaron para el resto de Brasil. Jesuitas, capuchinos, franciscanos, mercedarios y carmelitas, se dividieron la región, para ir creando en ella, en las riberas de los ríos Amazonas, Solimôes y Negro, poblaciones misionales, sin descender las tribus, sino reduciéndolas más bien en sus lugares de origen. Estas fundaciones, que a mediados del XVIII dieron lugar a los poblados seculares, tuvieron suma importancia histórica, pues implantaron el Brasil portugués en la cuenca superior del Amazonas.

El padre Vieira, gran misionero, fue también gran escritor, uno de los clásicos de la historia literaria portuguesa. Entre sus numerosas obras cabe destacar sus Cartas, sus Sermones -quince volúmenes-, su Historia do Futuro. Visitador de la provincia brasileña de la Compañía en los años 1588-1591, acabó su vida en 1597, retirado en el Colegio de Bahía.


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.