Un saludo diferente

El sufrimiento cambia la manera como uno ve el mundo. Eso es un hecho. Y por ende, cambia nuestro lenguaje. ¿No es verdad que nos sentíamos un poco raros de saludar diciendo “¡Feliz Año!” después de todo lo que ha pasado?

Alguien decía: “Con la felicidad sólo pueden pasar dos cosas: que se vaya o que se esconda.” Hay quienes piensan que felicidad simplemente “se fue”, o sea: nos abandonó. Es una conclusión muy fuerte, a la cual no creo que haya que llegar forzosamente.

Es mejor, y es más real, pensar que la felicidad está un poco “escondida,” es decir: no la vas a encontrar en los lugares o haciendo las cosas que antes hacías. ¿Tu lugar preferido era una fiesta, o ir de compras, o unas vacaciones de lujo? ¿Todo eso necesitabas para ser feliz? Posiblemente la felicidad no ronda esos lugares por estas fechas.

De vez en cuando, a la felicidad le gusta esconderse en las cosas más sencillas: esas que no solemos mirar porque siempre estamos de prisa, o siempre estamos pensando en los esquemas “típicos” de felicidad que el mundo nos repite por todas partes.

Esta es una buena época para preguntarse si puedes ser feliz con alguien: un amigo, tu hijo, tu esposa, tu papá… simplemente conversando, pasando el rato, jugando algo sencillo, recordando anécdotas, dando un abrazo (si ello es posible!).

En este 2021, no busques la felicidad donde solía estar. Deja que te sorprenda en un amanecer fresco, en la sonrisa de esa persona que está a tu lado, en el silencio de un templo, en una conversación sabrosa…

Si eres de los que puede encontrar el sabor de la felicidad en sus nuevos “escondites”: ¡bienvenido! Y por supuesto, para ti: ¡FELIZ AÑO!

Una descripción del pecado de precipitación

En los actos del alma hay que entender la precipitación en sentido metafórico, por semejanza con el movimiento corporal. En éste decimos que una cosa se precipita cuando desciende de lo más alto a lo más bajo por el impulso del propio cuerpo o de algo que le impele sin pasar por los grados intermedios. Ahora bien, lo más elevado del alma es la razón, y lo más bajo, la operación ejercida por medio del cuerpo. Los grados intermedios por los cuales hay que descender son la memoria de lo pasado, la inteligencia de lo presente, la sagacidad en la consideración del futuro, la hábil comparación de alternativas, la docilidad para asentir a la opinión de los mayores. A través de estos pasos desciende ordenadamente el juicioso. Pero quien es llevado a obrar por el impulso de la voluntad o de la pasión, saltando todos esos grados, incurre en precipitación. Y dado que el desorden en el consejo es propio de la imprudencia, resulta evidente que bajo ella esté contenido también el vicio de la precipitación. (S. Th., II-II, q.53, a.3 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

¿Puede ser la paz una realidad en 2021?

“En el primer Ángelus del año 2021, que presidió este viernes 1 de enero desde el Palacio Apostólico del Vaticano, el Papa Francisco hizo un llamado a la paz mundial que suponga una disminución de los odios y las divisiones que afligen al mundo. Una paz que, aseguró, es posible si se asume “como responsabilidad dada por Dios”…”

Haz clic aquí!

Breve ordo para la semana
del 3 al 9 de Enero de 2021

LA GRACIA: Homilías breves para esta semana:


LECTURA ESPIRITUAL para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

Domingo, 3 de Enero de 2021: Solemnidad de la Epifanía del Señor

Lunes 4:

Martes 5:

Miércoles 6:

Jueves 7:

Viernes 8:

Sábado 9:



¡Unámonos a esta plegaria!

Así oró el Papa Francisco en medio de la pandemia:

«Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios».

En la dramática situación actual, llena de sufrimientos y angustias que oprimen al mundo entero, acudimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia de coronavirus, y consuela a los que se encuentran confundidos y lloran por la pérdida de sus seres queridos, a veces sepultados de un modo que hiere el alma. Sostiene a aquellos que están angustiados porque, para evitar el contagio, no pueden estar cerca de las personas enfermas. Infunde confianza a quienes viven en el temor de un futuro incierto y de las consecuencias en la economía y en el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora al Padre de misericordia que esta dura prueba termine y que volvamos a encontrar un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, intercede ante tu Divino Hijo, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas, y que abra sus corazones a la esperanza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario, a los voluntarios que en este periodo de emergencia combaten en primera línea y arriesgan sus vidas para salvar otras vidas. Acompaña su heroico esfuerzo y concédeles fuerza, bondad y salud.

Permanece junto a quienes asisten, noche y día, a los enfermos, y a los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia, para que encuentren las soluciones adecuadas y se venza este virus.

Asiste a los líderes de las naciones, para que actúen con sabiduría, diligencia y generosidad, socorriendo a los que carecen de lo necesario para vivir, planificando soluciones sociales y económicas de largo alcance y con un espíritu de solidaridad.

Santa María, toca las conciencias para que las grandes sumas de dinero utilizadas en la incrementación y en el perfeccionamiento de armamentos sean destinadas a promover estudios adecuados para la prevención de futuras catástrofes similares.

Madre amantísima, acrecienta en el mundo el sentido de pertenencia a una única y gran familia, tomando conciencia del vínculo que nos une a todos, para que, con un espíritu fraterno y solidario, salgamos en ayuda de las numerosas formas de pobreza y situaciones de miseria. Anima la firmeza en la fe, la perseverancia en el servicio y la constancia en la oración.

Oh María, Consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados, haz que Dios nos libere con su mano poderosa de esta terrible epidemia y que la vida pueda reanudar su curso normal con serenidad.

Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María! Amén.