LECTIO 2021/08/13

LECTURA ESPIRITUAL.

#LectioFrayNelson para el Viernes XIX del Tiempo Ordinario

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LA GRACIA 2021/08/14 La otra cara de aquello de “ser como niños”

Cuando escuchamos que hay que “ser como niños” pensamos primero en cualidades que suelen tener los niños, como la capacidad de asombro y de dejarse guiar; pero hay otros aspectos de la vida de los niños: a menudo son marginados y son también víctimas… y ello también tiene que ver con los discípulos de Cristo.

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VÍSPERAS 2021/08/12

#VisperasFrayNelson para el Jueves XIX del Tiempo Ordinario

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La Quinceañera – Una historia clásica

Mi hija cumplía quince años y le organizamos la fiesta en un salón para que invitara a todos sus amigos. Esa noche, a medida que iban llegando, se acomodaban en el lugar asignado y enseguida abrían sus celulares y se ponían a conversar por medio de mensajes de texto, o a jugar con esos aparatitos maravillosos entre mensaje y mensaje.

Era muy tierno verlos concentrados cada uno en la pantalla de sus sobrios y negros aparatos, como especificaba la invitación ?elegante sport y celulares negros?. Qué grandes están todos, pensar que los conozco desde que hablaban entre ellos. Todavía les recuerdo la voz, algunos no me creen que cuando eran chicos hablaban y se miraban a los ojos. Yo no los corregía, claro; ?ya van a crecer y van a aprender solos a no hablar?, pensaba.

Cuando llegó el momento del baile, cada uno conectó los auriculares a su celular, eligió la carpeta de canciones que más le gustaba y entró a la pista. Daba la sensación de que todos estaban bailando el mismo tema. La entrada de mi hija fue apoteótica, exultante de emoción. Sus amigos se desesperaban por ser los primeros en hacerle llegar su texto de felicitaciones, moviendo a toda velocidad sus pulgares. Algunos, los más previsores, ya tenían el mensaje preparado y lo único que debían hacer era apretar ?ok?. El teléfono de mi hija no paraba de vibrar y como era imposible leerlos todos, guardó algunos para más tarde. Me acerqué a ella y sin darme cuenta le dije:

– Feliz cumpleaños, hijita.

Ella me miró horrorizada y se apartó de mí. Preocupado, fuí tras ella y le pregunté si le pasaba algo, si había hecho algo que la incomodara. Tomó el celular y me mandó un mensaje de texto:

– M kres avrgnzar frnte a ms amgs? Hcme fvor, pra q stn ls tlfnos?

No tuve más remedio que abrir el mío y mandarle mis felicitaciones

– prdon, fliz cmplños, hjta. T am. Papá.

Fue el cumpleaños perfecto. Cómo pasa el tiempo, qué viejo estoy, pensar que casi le doy un beso.

ROSARIO de las Semanas 2021/08/12

#RosarioFrayNelson para el Jueves:
Contemplamos los Misterios de la vida pública del Señor


Usamos esta versión de las oraciones.

  1. En el primer misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que es bautizado por Juan en el Jordán y recibe la unción del Espíritu Santo.
  2. En el segundo misterio de la vida pública contemplamos que el diablo tienta a Jesús en el desierto pero al final tiene que retirarse derrotado.
  3. En el tercer misterio de la vida pública contemplamos las bodas en Caná de Galilea, donde Cristo dio su primera señal como Mesías.
  4. En el cuarto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que predica la Buena Nueva a los pobres.
  5. En el quinto misterio de la vida pública contemplamos a Jesús, que llama a algunos discípulos para que estén con él y sean sus apóstoles.
  6. En el sexto misterio de la vida pública contemplamos la transfiguración del Señor, verdadero anuncio de su pasión y de su pascua.
  7. En el séptimo misterio de la vida pública contemplamos la institución de la Eucaristía y el mandamiento de amar como Jesús nos ha amado.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA – Este es un ejercicio privado de devoción “ad experimentum” en proceso de aprobación oficial. Puede divulgarse en las redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios siempre que al mismo tiempo se haga la presente advertencia.]

LAUDES 2021/08/12

#LaudesFrayNelson para el Jueves XIX del Tiempo Ordinario

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LECTIO 2021/08/12

LECTURA ESPIRITUAL.

#LectioFrayNelson para el Jueves XIX del Tiempo Ordinario

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LA GRACIA 2021/08/13 Limitaciones graves de la Ley de Moisés

Cuando escuchamos que hay que “ser como niños” pensamos primero en cualidades que suelen tener los niños, como la capacidad de asombro y de dejarse guiar; pero hay otros aspectos de la vida de los niños: a menudo son marginados y son también víctimas… y ello también tiene que ver con los discípulos de Cristo.

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San José, un hombre de silencio interior

“Si yo en este momento me encontrara ante San José, ¿ante quién estaría? Se me ocurren algunas cosas; por supuesto, nada exhaustivo. Lo primero: ante un hombre sereno, un hombre enteramente pacificado por la gracia; sin sobresaltos, sin gestos duros, sin nada no redimido, sin tensiones, sin conflictos internos…”

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Somos colaboradores de Dios

Somos colaboradores de Dios

Consciente de su indignidad y de que ha sido «misericordiosamente investido de este ministerio» (2 Cor. 4,1), San Pablo sabe que su misión consiste nada menos que en ser «colaborador de Dios».

Esta misión tan sublime la vive ante todo con gratitud y admiración: «Doy gracias… a Cristo Jesús, que se fió de mí y me confió este ministerio» (1 Tim. 1,12). Cuando escriba a Timoteo, ya en los últimos años de su vida, Pablo no ha dejado de admirarse ante este hecho increíble: «¡Se fió de mí!» Dios le ha llamado a colaborar íntimamente consigo, ha puesto en sus manos la redención operada por Cristo y ha confiado a sus labios la Buena Nueva de la salvación. ¡Qué asombro! El Dios infinito se ha fiado de Pablo, un hombre débil y pecador.

Una admiración que alcanza su grado culminante por el hecho de que esta colaboración consiste nada menos que en ser «administrador de los misterios de Dios» (1 Cor. 4,1). Según las costumbres de la época, el administrador (o «ecónomo», es decir, encargado de la casa) gozaba de la plena confianza de su dueño, disponía de sus bienes y le representaba al exterior, sobre todo en lo referente a los bienes materiales del propietario (cf. Lc. 12,42; Sal. 105,21). ¡Dios se fía de Pablo y de su gestión al frente de su casa y pone en sus manos la administración no de unos bienes materiales, sino de sus mismos misterios! ¿Cómo no vivir en la gratitud y en la admiración continuas?.

Esta conciencia de ser colaborador de Dios le hace además vivir a Pablo en la humildad más profunda y radical. Considerando la grandeza de la misión que le ha sido confiada, exclama: «Para esto, ¿quién es capaz?» (2 Cor. 2,16). El apóstol verdadero experimenta agudamente su incapacidad; todos sus valores y cualidades son radicalmente insuficientes en orden al altísimo encargo recibido. Por eso es Dios mismo -que llama al apóstol a ser colaborador suyo- quien «le reviste de fortaleza» (1 Tim. 1,12) y le capacita: «no que por nosotros mismos seamos capaces de atribuirnos cosa alguna, como propia nuestra, sino que nuestra capacidad viene de Dios, el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva Alianza»(2 Cor. 3,5-6). Dios, el único suficiente, viene en ayuda de su colaborador para hacerle partícipe de su suficiencia.

Pablo sabe que en esta colaboración debe trabajar duro, hasta dejarse la vida (sabemos hasta qué punto se «gastó y desgastó» por sus cristianos: cf. 2Cor. 11,23-29). Pero sabe también que «ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer» (1 Cor. 3,7); no niega su trabajo, ni el de los demás apóstoles («yo planté, Apolo regó»), pero afirma categóricamente que «fue Dios quien dio el crecimiento» (1 Cor. 3,6). Podría haber dicho con el salmista: «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles» (Sal. 127,1).

Por eso, cuando hablando apasionadamente le salgan las palabras «he trabajado más que todos ellos», matizará inmediatamente: «Pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo» (1 Cor. 15,10). Ciertamente ha trabajado, incluso más que los demás, pero colaborando con la gracia: el sujeto y protagonista principal ha sido Dios mismo, que mediante su gracia ha incorporado y asumido a Pablo en la tarea evangelizadora; no ha sido principalmente él, aunque con la ayuda de la gracia, sino ante todo la gracia, que le ha capacitado, fortalecido y sostenido.

Por eso, cuando los corintios se queden detenidos en los hombres, admirando y alabando a tal o cual evangelizador, Pablo cortará por lo sano: «¿Qué es Apolo? ¿Qué es Pablo? … ni el que planta es algo, ni el que riega» (1 Cor. 3,5-7). Quedarse en los hombres es desvirtuar su condición de colaboradores de Dios y olvidar que el único salvador es Jesucristo.

Por otra parte, la condición de colaborador de Dios despierta en Pablo un profundo sentido de responsabilidad, pues «lo que en fin de cuentas se exige de los administradores es que sean fieles» (1 Cor. 4,2). Responsabilidad ante Dios: «Mi juez es el Señor» (1 Cor. 4,4). Responsabilidad de quien sabe que tiene confiado «el santuario de Dios», es decir, la comunidad de los cristianos, la Iglesia, que puede quedar dañada o destruida por el mal colaborador: «si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él, porque el santuario de Dios es sagrado, y vosotros sois ese santuario» (1 Cor. 3,17).

Sentido de responsabilidad que le lleva a advertir también a los demás y a abrirles los ojos respecto de la seriedad de su colaboración con Dios: «¡Mire cada cual cómo construye!» (1 Cor. 3,10). Pues el resultado depende de que uno colabore en la construcción del templo santo de Dios «con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja» (1Cor.3,12). Al final se pondrá de relieve el valor y la duración de la construcción de cada cual. Sólo lo que pase la prueba del fuego perdurará eternamente; lo demás desaparecerá como el humo: en realidad no habrá construido nada.

Sin duda que el consejo que Pablo daba a los cristianos de Filipos de «trabajar con temor y temblor por su propia salvación» (Fil. 2,12), lo aplicaría a sí mismo también en cuanto ministro de Cristo. En toda su vida y en su actividad jamás actuaba con ligereza; sabiendo que «es Dios quien obra en nosotros el querer y el obrar, como bien le parece» (Fil. 2,13), procuraba acoger y secundar responsablemente la acción de Dios evitando «echar en saco roto la gracia de Dios» (2 Cor. 6,1).

Finalmente, es su condición de colaborador de Dios lo que le daba a Pablo autoridad para hablar a los hombres, pues lo hacía no en nombre propio, sino en nombre de este Dios que era el protagonista principal de su vida: «como cooperadores suyos que somos, os exhortamos…» (2 Cor. 6,1). El apóstol sólo secunda la acción y el impulso de Dios y su palabra, no los sustituye con su propia iniciativa. Actúa porque actúa Dios, en su misma dirección y sentido.


El autor de esta obra es el sacerdote español Julio Alonso Ampuero, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

VÍSPERAS 2021/08/11

#VisperasFrayNelson para la Memoria de Santa Clara de Asís, virgen

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