VÍSPERAS 2021/10/08

#VisperasFrayNelson para el Viernes XXVII del Tiempo Ordinario

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La historia de un canasto de carbón

EL CANASTO DE CARBÓN

Se cuenta la historia de un anciano que se mantuvo en una granja en las montañas de Kentucky oriental con su joven nieto.

Cada mañana, el abuelo se sentaba temprano en la mesa de la cocina para leer su vieja y estropeada Biblia.

Su nieto, que quería ser como él, intentó imitarlo de cualquier manera.

Un día el nieto preguntó: “Abuelo, yo intenté leer la Biblia, me gusta pero yo no la entiendo, y lo que logro entender se me olvida en cuanto cierro el libro. ¿Qué hay de bueno en leer la Biblia?” Preguntó el nieto.

El abuelo calladamente dejó de echar carbón en la estufa y dijo: “Baja el canasto de carbón y ve al río y tráeme un canasto de agua”.

El muchacho hizo tal y como su abuelo le dijo, aunque toda el agua se salió antes de que él pudiera volver a la casa.

El abuelo se rió y dijo: “Tendrás que moverte un poco más rápido la próxima vez”. Y lo envió nuevamente al río con el canasto para intentar de nuevo.

Esta vez, el muchacho corrió más rápidamente, pero de nuevo el canasto estaba vacío antes de que llegara de vuelta a casa.

Ya sin respiración, le dijo a su abuelo que era “imposible llevar agua en un canasto”, y fue a conseguir un balde a cambio.

El anciano dijo: “Yo no quiero un balde de agua”; yo quiero un canasto de agua. Tú puedes hacer esto. Tú simplemente no estás intentando lo suficiente”. Y salió a la puerta para mirar la prueba del muchacho de nuevo.

A estas alturas, el muchacho sabía que era imposible, pero quería mostrar a su abuelo que aun cuando corriese tan rápido como podía, el agua se saldría antes que llegase a la casa.

El muchacho sacó el agua y corrió fuerte, pero cuando llegó donde su abuelo el canasto estaba de nuevo vacío.

Ya sin poder respirar, dijo: “¡Mira, abuelo, es inútil!”

“¿Por qué piensas que es inútil?” Dijo el anciano; “mira dentro del canasto”. El muchacho miró el canasto. Y por primera vez comprendió que el canasto parecía diferente. En lugar de un sucio canasto carbonero, estaba limpio.

“Hijo–dijo el abuelo, esto es lo que pasa cuando tú lees la Biblia. Tal vez no puedes entender o recordar todo, pero cuando la lees, te cambiará el interior.

Esa es la obra de Dios en nuestras vidas. Para cambiarnos desde adentro y lentamente transformarnos en la imagen de su Hijo”

“En efecto, la Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo, y penetra hasta donde se dividen el alma y el espíritu, los huesos y los tuétanos, haciendo un discernimiento de los deseo y los pensamientos más íntimos.” (Carta a los Hebreos 4,12)

LAUDES 2021/10/08

#LaudesFrayNelson para el Viernes XXVII del Tiempo Ordinario

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LECTIO 2021/10/08

LECTURA ESPIRITUAL.

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VÍSPERAS 2021/10/07

#VisperasFrayNelson para la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario

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LAUDES 2021/10/07

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LECTIO 2021/10/07

LECTURA ESPIRITUAL.

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«La fe viene de la predicación» (Rom. 10,17)

«La fe viene de la predicación» (Rom. 10,17)

Esta insistencia de San Pablo en la importancia del valor de la evangelización nace de una convicción fundamental: la predicación está en la base de todo; es el cimiento del edificio de la vida cristiana de cada hombre y de la vida de la Iglesia toda (1 Cor. 3,10).

Es muy significativa en el texto de Rom. 10,13-17 la concatenación de los verbos: al «ser enviado» sucede el «predicar»; al «predicar» sucede el «oír»; al «oír» sucede el «creer»; al «creer» sucede el «invocar»; y al «invocar» sucede el «ser salvado». En consecuencia, todo arranca de la predicación. La fe es la que justifica al hombre y le reconcilia con Dios, hace del hombre una criatura nueva; ahora bien, la fe es esencialmente acogida del kerygma, es decir, del anuncio de Cristo muerto y resucitado para nuestra salvación (este es el «Evangelio» que Pablo predica y en el que invita a todos a creer, cuyo resumen más antiguo encontramos en 1 Cor. 15,3-5; ver desde el v. 1 hasta el 11).

Pues bien, es a esta misión sublime a la que Pablo se sabe llamado sobre todo. Pues sin la evangelización -sin el anuncio de Cristo- no puede suscitarse la fe, ni -en consecuencia- tampoco la vida cristiana en toda su extensión, ni puede construirse la comunidad cristiana, ni es posible la salvación… Ciertamente podrá haber «diez mil pedagogos» que eduquen y cultiven la vida en Cristo; pero esta vida no existirá sin alguien que -mediante el anuncio del Evangelio- la «engendre» en el corazón de los hombres (1 Cor. 4,15).

Será preciso que alguien «riegue», abone y cuide la planta de la fe y de la vida nueva en Cristo; pero todo ello sería inútil y sin sentido si no fuera porque alguien antes «ha plantado» mediante la predicación la semilla de la fe y la raíz de la vida nueva (1 Cor. 3,6)


El autor de esta obra es el sacerdote español Julio Alonso Ampuero, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

VÍSPERAS 2021/10/06

#VisperasFrayNelson para el Miércoles XXVII del Tiempo Ordinario

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La traducción de la Vulgata y su uso actual

Sobre la Vulgata dice el Magisterio:

«En cuanto al hecho de que el Concilio de Trento quiso que la Vulgata fuera la versión latina, «que todos usasen como auténtica», ello a la verdad, como todos saben, sólo se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la Escritura, y, sin género de duda, no disminuye en modo alguno la autoridad y valor de los textos originales. Porque no se trataba en aquella ocasión de textos originales, sino de las versiones latinas que en aquella época corrían, entre las cuales el mismo Concilio decretó con razón que debía ser preferida aquella que «ha sido aprobada en la Iglesia misma por el largo uso de tantos siglos». Así, pues, esta privilegiada autoridad o, como dicen, autenticidad de la Vulgata, no fue establecida por el Concilio por razones principalmente críticas, sino más bien por su uso legítimo en las Iglesias, durante el decurso de tantos siglos; uso a la verdad, que demuestra que la Vulgata, tal como la entendió y entiende la Iglesia, está totalmente inmune de todo error en materias de fe y costumbres; de suerte que, por testimonio y confirmación de la misma Iglesia, se puede citar con seguridad y sin peligro de errar en las disputas, lecciones y predicaciones; y, por tanto, este género de autenticidad no se llama con nombre primario crítica, sino más bien jurídica. Por lo cual, esta autoridad de la Vulgata en materias de doctrina no veda en modo alguno -antes, por lo contrario, hoy más bien exige – que esta misma doctrina se compruebe y confirme también por los textos primitivos; ni tampoco que corrientemente se invoque el auxilio de esos mismos textos, con los que donde quiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras» (Encíclica Divino afflante Spiritu, Pío XII).

Por lo demás, lo que dice el Papa Pío XII sobre la Vulgata no es una afirmación suya simplemente, sino que él recoge lo que el Sacrosanto Concilio de Trento afirmó: «Así, pues, esta privilegiada autoridad o, como dicen, autenticidad de la Vulgata, no fue establecida por el Concilio [de Trento] por razones principalmente críticas, sino más bien por su uso legítimo en las Iglesias, durante el decurso de tantos siglos; uso a la verdad, que demuestra que la Vulgata, tal como la entendió y entiende la Iglesia, está totalmente inmune de todo error en materias de fe y costumbres».

Por eso entiendo que la Vulgata es, por causa del Magisterio de la Iglesia, a priori, auténtica e inmune de error en materia de fe y costumbres; por lo cual, a posteriori, se puede demostrar lo que a priori ya se sabe, esto es, que la Vulgata es auténtica y está inmune de error. Pero esta demostración a posteriori no es necesaria para saber que es auténtica, pues basta la autoridad de la Iglesia para saberlo.

En otras palabras, si necesito demostrar a un católico que la Vulgata es auténtica Palabra de Dios y está inmune de todo error en fe y moral, sólo tengo que apelar a la autoridad de la Iglesia. Aunque también puedo, sin perjuicio de lo anterior, demostrarlo en base a una demostración crítica. Pero basta lo primero para tener certeza plena de la autenticidad e infalibildad en materia de fe y costumbres de la Vulgata.

Comentario de “Ecclesiam” en un blog de InfoCatólica

* * *

Personalmente me pregunto por qué la insistencia en la Vulgata. Es evidente que un documento legítimo del Magisterio que sea posterior al Concilio de Trento o a Divino afflante puede contextualizar o relativizar lo dicho en su momento por esos eminentes y respetables documentos. Entonces, ¿por qué tratar esos documentos como si fueran palabra irrevocable (más allá del religioso asentimiento del que ya hemos hablado)?

Ahora bien, ¿ha habido algún documento de comparable autoridad (al Concilio de Trento, a la Enc. Divino afflante) que haya relativizado o por lo menos matizada a la Vulgata como expresión de la Palabra revelada? Ciertamente: leemos en Sacrosanctum Concilium, n. 91: “El trabajo de revisión del Salterio, felizmente emprendido, llévese a término cuanto antes, teniendo en cuenta el latín cristiano, el uso litúrgico, incluido el canto, y toda la tradición de la Iglesia latina.” ¿Qué significa esa disposición conciliar? ¿Tendría sentido esa disposición si se considerase la versión de la Vulgata como perfecta y/o inmodificable? ¿Cómo ha de hacerse esa revisión? ¿No es acaso mediante el recurso al texto hebreo (y probablemente alguna mirada a la traducción crítica de los LXX? ¿Qué debe concluirse entonces sobre los límites de lo dicho por Trento o por Pío XII? ¿Tiene entonces sentido, sin despreciar al Concilio Vaticano II, considerar a la Vulgata como autoridad última cuando se trata del texto bíblico?

Pero hay más: en la Instrucción Quinta “para aplicar debidamente la constitución del Concilio Vaticano II sobre la sagrada liturgia” (cf. SC 36) leemos:

Además, de ningún modo es lícito traducir partiendo de traducciones ya realizadas en otras lenguas, dado que es preciso hacerlo desde los textos originales: esto es, del latín para los textos litúrgicos de composición eclesiástica, y del hebreo, arameo, o griego, cuando se de el caso, para los textos de las Sagradas Escrituras. También, al preparar las traducciones de los Libros Sagrados para el uso litúrgico, según las normas, se ha de atender al texto de la Neovulgata, promulgada por la Sede Apostólica como una ayuda para mantener la tradición de interpretación propia de la liturgia latina, como se dice en otro lugar de esta misma Instrucción.

Al final de la misma Instrucción se nos advierte sobre el rango magisterial que ella tiene:

Esta Instrucción, que por mandato del Sumo Pontífice, transmitido mediante carta del Emmo. Cardenal Secretario de Estado, de 1 de febrero de 1997 (Prot. n. 408.304), ha preparado la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, ha sido aprobada y confirmada con Su autoridad por el Sumo Pontífice Juan Pablo II, en audiencia concedida el día 20 de marzo del 2001, al Emmo. Cardenal Secretario de Estado, mandando que se hiciera pública y que entrara en vigor el día 25 de abril del mismo año.

Donde se ve que el deseo de tomar como texto normativo a la Vulgata no corresponde a la enseñanza actual y vigente de la Iglesia Católica. La ley posterior, debidamente promulgada, deroga lo que es contrario a ella en ordenaciones anteriores.