Obediencia y unidad

Una persona que “no sabe obedecer”, no aprenderá nunca a mandar.

Tú has de obedecer -o has de mandar- poniendo siempre mucho amor.

Persuádete, hijo, de que desunirse, en la Iglesia, es morir.

Pide a Dios que en la Iglesia Santa, nuestra Madre, los corazones de todos, como en la primitiva cristiandad, sean un mismo corazón, para que hasta el final de los siglos se cumplan de verdad las palabras de la Escritura: «multitudinis autem credentium erat cor unum et anima una» -la multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. -Te hablo muy seriamente: que por ti no se lesione esta unidad santa. ¡Llévalo a tu oración!

Más pensamientos de San Josemaría.

7 sugerencias para traer de vuelta a los católicos

“¿Cuántas personas has conocido a lo largo de tu vida que eran católicas, que se definían como tal e incluso llevaban una vida coherente o que participaban en las actividades de la parroquia y han acabado dejando la Iglesia? Ante esta situación surge un gran interrogante: ¿cómo se puede ayudar a estas personas? ¿Cuál es la mejor forma de hacer que regresen a la Iglesia? No siempre es fácil, pues los motivos que han llevado a estas personas a alejarse de la fe pueden ser desde un enfriamiento religioso a una dura experiencia en el seno de la Iglesia…”

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Para superar la adicción a la pornografía

“En la psiquiatría, como explica el doctor Carlos Chiclana, las explicaciones varían: unos dicen que tiene que ver con los impulsos; otros sostienen que se debe a la actitud compulsiva, como un modo de calmar la angustia; pero cada vez más se está usando la palabra adicción, pues los hábitos de consumo de pornografía son similares a los que se ven con las drogas. Es decir, la pornografía no solo es algo que atrae, sino que también tiene el poder de hacernos adictos o dependientes de ella…”

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Breve ordo para la semana del 3 al 9 de Abril de 2022

Homilías breves para esta semana:


Lectura Espiritual para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

3 de Abril de 2022: Domingo V de Cuaresma, ciclo C

Lunes 4:

Martes 5:

Miércoles 6:

Jueves 7:

Viernes 8:

Sábado 9:



¿Qué valor tiene la oración de petición?

Tal como expusimos (a.13), la oración, además del efecto presente, el consuelo espiritual, tiene una doble virtualidad con respecto a su efecto futuro: la de merecerlo e impetrarlo. Como cualquier otro acto virtuoso, la oración tiene valor meritorio en cuanto que procede de la raíz de la caridad, cuyo objeto propio es el bien eterno de que merecemos gozar. Pero no debemos olvidar que la oración procede de la caridad no inmediatamente, sino mediante la religión, de la que es acto, como antes dijimos (a.3); y con el concurso de algunas otras virtudes que la bondad de la oración requiere, es decir, de la humildad y de la fe. A la religión, en efecto, le compete ofrecer a Dios nuestra oración, mientras que a la caridad le compete el deseo de lo que en la oración pedimos que se cumpla. La fe, a su vez, nos es necesaria por lo que respecta a Dios, a quien oramos: para que creamos que podemos obtener de él lo que pedimos. La humildad, en cambio, es necesaria por parte de la persona que pide, para hacerle reconocer su indigencia. Y necesaria es también la devoción, pero ésta pertenece a la religión, constituyendo el primero de sus actos, necesario para todos los demás, como ya queda dicho (a.3 ad 1; q.82 a.1.2).

El valor impetratorio le viene de la gracia de Dios, a quien oramos, y que, incluso, nos invita a orar. De ahí lo que dice San Agustín en el libro De Verb. Dom.: No nos aconsejaría que pidiésemos si no quisiera dar. Y el Crisóstomo dice: Nunca niega sus beneficios al que ora quien le instiga piadosamente para que nunca deje de orar. (S. Th., II-II, q.83, a.15 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]