Para superar la adicción a la pornografía

“En la psiquiatría, como explica el doctor Carlos Chiclana, las explicaciones varían: unos dicen que tiene que ver con los impulsos; otros sostienen que se debe a la actitud compulsiva, como un modo de calmar la angustia; pero cada vez más se está usando la palabra adicción, pues los hábitos de consumo de pornografía son similares a los que se ven con las drogas. Es decir, la pornografía no solo es algo que atrae, sino que también tiene el poder de hacernos adictos o dependientes de ella…”

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Breve ordo para la semana del 3 al 9 de Abril de 2022

Homilías breves para esta semana:


Lectura Espiritual para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

3 de Abril de 2022: Domingo V de Cuaresma, ciclo C

Lunes 4:

Martes 5:

Miércoles 6:

Jueves 7:

Viernes 8:

Sábado 9:



¿Qué valor tiene la oración de petición?

Tal como expusimos (a.13), la oración, además del efecto presente, el consuelo espiritual, tiene una doble virtualidad con respecto a su efecto futuro: la de merecerlo e impetrarlo. Como cualquier otro acto virtuoso, la oración tiene valor meritorio en cuanto que procede de la raíz de la caridad, cuyo objeto propio es el bien eterno de que merecemos gozar. Pero no debemos olvidar que la oración procede de la caridad no inmediatamente, sino mediante la religión, de la que es acto, como antes dijimos (a.3); y con el concurso de algunas otras virtudes que la bondad de la oración requiere, es decir, de la humildad y de la fe. A la religión, en efecto, le compete ofrecer a Dios nuestra oración, mientras que a la caridad le compete el deseo de lo que en la oración pedimos que se cumpla. La fe, a su vez, nos es necesaria por lo que respecta a Dios, a quien oramos: para que creamos que podemos obtener de él lo que pedimos. La humildad, en cambio, es necesaria por parte de la persona que pide, para hacerle reconocer su indigencia. Y necesaria es también la devoción, pero ésta pertenece a la religión, constituyendo el primero de sus actos, necesario para todos los demás, como ya queda dicho (a.3 ad 1; q.82 a.1.2).

El valor impetratorio le viene de la gracia de Dios, a quien oramos, y que, incluso, nos invita a orar. De ahí lo que dice San Agustín en el libro De Verb. Dom.: No nos aconsejaría que pidiésemos si no quisiera dar. Y el Crisóstomo dice: Nunca niega sus beneficios al que ora quien le instiga piadosamente para que nunca deje de orar. (S. Th., II-II, q.83, a.15 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

Mons. Voderholzer denuncia el ataque, en Alemania, a la autoridad docente de los obispos

“El obispo de Ratisbona, Rudolf Voderholzer, ve en el Camino Sinodal un intento de disputar a los obispos la autoridad de interpretación de la Revelación establecida en el Magisterio. «Cada vez es más evidente que la autoridad docente de los obispos está siendo sustituida por la autoridad docente de una teología universitaria alemana racionalista», escribe Voderholzer en un artículo para el suplemento sinodal «Welt & Kirche» en el número actual del semanario «Die Tagespost»…”

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La unidad en la fe y en la caridad

Una parte esencial de la vida de la Iglesia es la unidad. Fue voluntad y súplica de Cristo al Padre: “¡que sean uno!” (Juan 17).

Lo más típico y lo más arduo de esa unidad es que es, a la vez, unidad en la fe y en la caridad. Y no se puede sacrificar una de estas dimensiones de la unidad a expensas de la otra.

Si se busca la unidad de la fe sin la caridad, se termina insultando al contrario, en derroche de arrogancia que para nada edifica.

Si al contrario se pretende una especie de unidad de caridad sin unidad en la fe y la doctrina, lo que queda es pura política de apariencias, que poco dura y ningún fruto da.

Lo propio nuestro es trabajar a la vez en la unidad de doctrina y de fe, por una parte, sin caer en las redes de la soberbia, la agresión o la burla.

Tarea ardua esta, que sólo será posible si Cristo reina tanto en nuestra cabeza como en nuestro corazón.