Cómo distinguir una noticia satírica o falsa
“Las redes sociales tienen un problema. Su tráfico se ha convertido en una fuente de ingresos tan grande que el fenómeno del clickbaiting se ha convertido en algo común y diario. Ahora que todo el mundo tiene Facebook, la calidad del contenido pasa en algunos casos a ser menos importante siempre que el titular sea atractivo y provoque que los internautas hagan click en el botón de compartir…”
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Aspectos bíblicos sobre la promoción de la paz
488 Antes que un don de Dios al hombre y un proyecto humano conforme al designio divino, la paz es, ante todo, un atributo esencial de Dios: « Yahveh- Paz » (Jc 6,24). La creación, que es un reflejo de la gloria divina, aspira a la paz. Dios crea todas las cosas y todo lo creado forma un conjunto armónico, bueno en todas sus partes (cf. Gn 1,4.10.12.18. 21.25.31).
La paz se funda en la relación primaria entre todo ser creado y Dios mismo, una relación marcada por la rectitud (cf. Gn 17,1). Como consecuencia del acto voluntario con el cual el hombre altera el orden divino, el mundo conoce el derramamiento de sangre y la división: la violencia se manifiesta en las relaciones interpersonales (cf. Gn 4,1-16) y en las sociales (cf. Gn 11,1-9). La paz y la violencia no pueden habitar juntas, donde hay violencia no puede estar Dios (cf. 1 Cro 22,8-9).
489 En la Revelación bíblica, la paz es mucho más que la simple ausencia de guerra: representa la plenitud de la vida (cf. Ml 2,5); más que una construcción humana, es un sumo don divino ofrecido a todos los hombres, que comporta la obediencia al plan de Dios. La paz es el efecto de la bendición de Dios sobre su pueblo: « Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz » (Nm 6,26). Esta paz genera fecundidad (cf. Is 48,19), bienestar (cf. Is 48,18), prosperidad (cf. Is 54,13), ausencia de temor (cf. Lv 26,6) y alegría profunda (cf. Pr 12,20).
490 La paz es la meta de la convivencia social, como aparece de forma extraordinaria en la visión mesiánica de la paz: cuando todos los pueblos acudirán a la casa del Señor y Él les mostrará sus caminos, ellos podrán caminar por las sendas de la paz (cf. Is 2,2-5). Un mundo nuevo de paz, que alcanza toda la naturaleza, ha sido prometido para la era mesiánica (cf. Is 11,6-9) y al mismo Mesías se le llama « Príncipe de Paz » (Is 9,5). Allí donde reina su paz, allí donde es anticipada, aunque sea parcialmente, nadie podrá turbar al pueblo de Dios (cf. Sof 3,13). La paz será entonces duradera, porque cuando el rey gobierna según la justicia de Dios, la rectitud brota y la paz abunda « hasta que no haya luna » (Sal 72,7). Dios anhela dar la paz a su pueblo: « Sí, Yahveh habla de paz para su pueblo y para sus amigos, con tal que a su torpeza no retornen » (Sal 85,9). El salmista, escuchando lo que Dios dice a su pueblo sobre la paz, oye estas palabras: « Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan » (Sal 85,11).
491 La promesa de paz, que recorre todo el Antiguo Testamento, halla su cumplimiento en la Persona de Jesús. La paz es el bien mesiánico por excelencia, que engloba todos los demás bienes salvíficos. La palabra hebrea « shalom », en el sentido etimológico de « entereza », expresa el concepto de « paz » en la plenitud de su significado (cf. Is 9,5s.; Mi 5,1-4). El reino del Mesías es precisamente el reino de la paz (cf. Jb 25,2; Sal 29,11; 37,11; 72,3.7; 85,9.11; 119,165; 125,5; 128,6; 147,14; Ct 8,10; Is 26,3.12; 32,17s; 52,7; 54,10; 57,19; 60,17; 66,12; Ag 2,9; Zc 9,10 et alibi). Jesús « es nuestra paz » (Ef 2,14), Él ha derribado el muro de la enemistad entre los hombres, reconciliándoles con Dios (cf. Ef 2,14-16). De este modo, San Pablo, con eficaz sencillez, indica la razón fundamental que impulsa a los cristianos hacia una vida y una misión de paz.
La vigilia de su muerte, Jesús habla de su relación de amor con el Padre y de la fuerza unificadora que este amor irradia sobre sus discípulos; es un discurso de despedida que muestra el sentido profundo de su vida y que puede considerarse una síntesis de toda su enseñanza. El don de la paz sella su testamento espiritual: « Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo » (Jn 14,27). Las palabras del Resucitado no suenan diferentes; cada vez que se encuentra con sus discípulos, estos reciben de Él su saludo y el don de la paz: « La paz con vosotros » (Lc 24,36; Jn 20,19.21.26).
492 La paz de Cristo es, ante todo, la reconciliación con el Padre, que se realiza mediante la misión apostólica confiada por Jesús a sus discípulos y que comienza con un anuncio de paz: « En la casa en que entréis, decid primero: “Paz a esta casa” » (Lc 10,5-6; cf. Rm 1,7). La paz es además reconciliación con los hermanos, porque Jesús, en la oración que nos enseñó, el « Padre nuestro », asocia el perdón pedido a Dios con el que damos a los hermanos: « Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores » (Mt 6,12). Con esta doble reconciliación, el cristiano puede convertirse en artífice de paz y, por tanto, partícipe del Reino de Dios, según lo que Jesús mismo proclama: « Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios » (Mt 5,9).
493 La acción por la paz nunca está separada del anuncio del Evangelio, que es ciertamente « la Buena Nueva de la paz » (Hch 10,36; cf. Ef 6,15) dirigida a todos los hombres. En el centro del « Evangelio de paz » (Ef 6,15) se encuentra el misterio de la Cruz, porque la paz es inseparable del sacrificio de Cristo (cf. Is 53,5: « El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados »): Jesús crucificado ha anulado la división, instaurando la paz y la reconciliación precisamente « por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad » (Ef 2,16) y donando a los hombres la salvación de la Resurrección.
Este Compendio se publica íntegramente, por entregas, aquí.
COMPLETAS 20160708
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#CompletasFrayNelson para el Viernes
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VÍSPERAS 20160708
#VisperasFrayNelson para el Viernes XIV del Tiempo Ordinario
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10 señales que indican que tu hijo está malcriado
“Criar y educar a un niño es probablemente uno de los mayores desafíos a los que nos podemos enfrentar. Nos equivocaremos muchas veces, pero el primer paso para aprender y rectificar es darnos cuenta de que no lo estamos haciendo bien. El segundo paso será detectar qué es lo que hacemos mal (en este artículo encontrarás algunas pautas)…”
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COMPLETAS 20160707
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De cómo Oseas entrevió el misterio de la Cruz y su gloria
Los bienes creados son ambiguos porque en parte revelan al Creador pero en parte pueden suplantarlo.
Conoce a Paul Claudel
Decía muy bien “L’Osservatore Romano” al calificar la muerte de Paul Claudel como día de luto para toda la cultura católica. El brillante escritor galo, que llevó al par una fecunda tarea diplomática representando a Francia en puestos claves, ocupaba por derecho propio tal puesto en la literatura que, para alcanzar una talla comparativa, habría que remontarse a los mejores clásicos de la Edad de Oro y, sobre todo, a Calderón. Por eso nos ha alegrado ver cómo en las reseñas que del autor de “La Anunciación” se han hecho últimamente, ha imperado unidad de criterio en esta idea que inicialmente apuntaba Pérez Lozano desde “Signo”.
Pero si, como Calderón, Paul Claudel ha sido un coloso de las letras, su figura humana no está exenta de ricos matices, entre los que descuella su simpática y atrayente ejemplaridad, sobre la que insistimos para las juventudes de ahora.
HIJO DE CAMPESINOS
Villenueve-sur-Fere es un humilde pueblo de la gleba francesa que abriga el orgullo de sus tradiciones. 1868 trajo para la aldea un nuevo timbre de gloria: allí nacía un chico a quien en el bautizo se signaría como Paul, hijo del campesino Claudel. Años después, como al mozo le tiraba la afición por los libros, París se encargaría de darle el espaldarazo de la ilustración. Como lo hizo, será mejor que él nos lo cuente.
“Yo también, como los antiguos profetas, en los días de mis dieciocho años, cuando se me sacó de la buena provincia para atiborrarme la cabeza con tinta de imprenta y la pulpa podrida de los libros paganos, yo también he sido cautivo de esta Tiro y en esta Babilonia, he errado hasta lo más profundo de las entrañas tenebrosas, esperando leer sobre las placas indicadoras la mismísima “encrucijada de la desesperación”.
¿Cómo se las arregló la ciudad de la luz para que en el muchacho cristalizara este estado de amargura? París en 1882, era una urbe de “diletantes” en la que pontificaba el ateo Renán. Sin un timón que orientara sus lecturas, Claudel cayó pronto en la más honda sima del ateísmo. El ha concretado las causas de su incredulidad en estos términos: “la enseñanza laica, la “Vida de Jesús” de Renán y su hermana Camila, también ganada por un malentendido intelectual al que acabó arrastrando la adolescencia de Claudel.
LA CONVERSIÓN
Cuatro años –de los catorce a los dieciocho- pasó el joven Claudel al margen de la fe, “arrastrando en las aceras por el torrente de esa humanidad impura que surge a la noche de los teatros”. Sigrid Undset, la Nobel noruega, ha escrito: “Si cuantos se han convertido al catolicismo descubrieran los caminos que los llevaron a Roma, probablemente no encontraríamos, dos trayectorias idénticas”.
Así, a Chesterton lo ganó una paradoja, a García Morente los compases de Berlioz y a Claudel una polifonía. En la nochebuena de 1886, Cristo nació también en la pesebrera que era entonces su corazón, por caminos que a nosotros pueden parecer incomprensibles. Rimbaud el joven e irresoluto Rimbaud, al que en la agonía alcanzara también el lebrel del Cielo, horas antes abrió contradictoriamente con sus poemas amargos “una fisura en mi amargura materialista”. Abrumado por la lectura, había acudido a la catedral de Notre-Dame para buscar inspiración. Acababa de entonarse el “Magnificat”. “Yo estaba de pie entre la gente, cerca del segundo pilar en la entrada del coro, a la derecha del lado de la sacristía. Y fue entonces cuando se produjo el acontecimiento que ha dominado toda mi vida. De pronto mi corazón fue tocado y creí. Creí con una tal fuerza de adhesión con una tal elevación de todo mi ser, con una convicción tan pujante, con tal certeza, que no quedó lugar para ninguna especie de duda, de tal forma que después todos los libros, todos los razonamientos, todos los azares de una vida agitada, no han podido quebrantar, ni siquiera tocar, mi fe”.
MISIONERO DE LAS MENTES
La noche de la conversión, la misma Camila puso en las manos de Claudel una biblia. El hecho es significativo, porque no sólo la hizo el pan de sus meditaciones, sino que llegó a encomiarla en su obra, aun costándole incomprensiones que deshizo al fin la excelsa “Anunciación a María”. Es cierto que a él poco le afectaron, porque fue el prototipo de la fidelidad a la vocación, pero conviene resaltar la incorporación de este tesoro que tan útil habría de serle en su predicación desde el verso y las tablas y, sobre todo, en el apostolado directo con sus amigos carentes de fe.
Precisamente lo que más asombra de Claudel-hombre es ese su sentido de la caridad que intrépidamente le llevaba en ansias de salvación adonde hubiera un alma en tinieblas. Desde la noche de Notre-Dame, el resto de los ochenta y cinco años de Claudel están imbuídos de esta inquietud. Gusta considerarle como el converso misionero de las grandes inteligencias. La cita de nombres a los que el coloso de Francia llevó al camino de Damasco se haría interminable. Nombremos uno bien significativo: Francis Jammes, el místico y magistral poeta de la Virgen. Hasta dónde llegará su afán lo demuestran las cartas cruzadas con Gida, el autor que está en el “Índice”. Existe también una epístola suya que nos gustaría meditara una y mil veces la juventud de hoy, y la escrita a Jacques Riviere, en la que figura este pensamiento que tanto gustaba a los del 36: “La juventud no ha sido hecha para el placer, sino para el heroísmo”.
Hablaba a los amigos en el error con un cariño incomparable. A Maxime Alejandre, un judío de verdad, le dijo: “Dios lo necesita a usted, lo llama, llora por usted como un niño en la cuna. ¿Qué espera?”.
CONSECUENTE CON LA FE
Claudel supo lo que decía cuando afirmaba que nada en la vida había podido ni siquiera tocar su fe. Le costó a veces sangrarle el corazón, pero el siempre obró en consonancia con los principios.
Toda su producción de converso se caracteriza por una limpieza inmaculada. Es más: en su etapa de incrédulo hay una obra reprobable. El la repudió en estos términos: “Antes de irme para no volver, yo también quiero lanzar al Sena mi segundo libro, ese drama La Ville en el que la prostituida estaba prometida a la mano de los conquistadores”
Lágrimas, sublimes lágrimas le costó también una decisión tomada en su vida. En un viaje que hizo a Extremo Oriente en función diplomática, conoció a una mujer agraciada de la que se enamoró apasionadamente. Le bastó saber que estaba casada para zanjar, heroicamente, su amor porque no se lo permitía la moral cristiana.
¿Y con España? ¿Cómo le pagaría nuestra patria el favor que le hizo durante la Cruzada? Cuando una ominosa consigna de silencio pretendía ocultar el espantoso holocausto de vidas que el comunismo hacia aquí, la voz de Claudel, no solo denunció el genocidio, sino que con su “Oda a los sacerdotes mártires de España” cristalizó la defensa mas apasionada, a la vez que una pieza literaria de antología.
Pero lo que más le enorgullecía era su fidelidad al Papa y el desenlace que ésta tuvo hace unos años. Fue a raíz del Año Santo, cuando se pensó, como una deferencia hacia el Pontífice, representar en los jardines vaticanos la simbólica “Anunciación a María”. De por sí, la asistencia de Pio XII era una distinción excepcional y así lo entendió el poeta. Sin embargo, hubo algo más. De rodillas ante el Vicario de Cristo, Claudel vió inclinarse su figura ascética y se sintió estrechado entre sus brazos. Sesenta y siete años de lucha los dio por bien recompensados con la emoción del instante. El Santo Padre le hizo dos regalos: unas palabras personales y un rosario. Las palabras decían:
“… Me parecía seguir con la mente y el recuerdo el itinerario de un alma poseída y conquistada por la gracia de Cristo, que a partir del día de la conquista se esforzaba por manifestar el amor de que estaba henchida, siempre con ardor”. El rosario lo llevó Claudel a la tumba entre sus manos entrelazadas.
A LA HORA DE LA VERDAD
En la capital francesa, el 23 de abril último amaneció envuelto por una neblina cenicienta que algodonaba las frondas. Era natural, porque el calendario marcaba el miércoles de ceniza.
En una estancia próxima al bosque de Boulogne, Paul Claudel, el mejor poeta de la Francia contemporánea, dormía, abrumado de gloria, el sueño de la muerte. Por eso, cuando se sintió morir, no tuvo que tomar otra disposición que la de seguir trabajando hasta el momento postrero. Solo entonces se tomó unos segundos, los necesarios para decir:
“Dejadme morir tranquilamente. No tengo miedo.”
Junto al rosario del Papa, Claudel llevó consigo un crucifijo muy querido, regalo de un misionero: la cruz a la que tanto había amado y servido.
LAUDES 20160707
#LaudesFrayNelson para el Jueves XIV del Tiempo Ordinario
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COMPLETAS 20160706
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