Este sencillo testimonio me llenó de alegría

Querido Padre, gracias a su evangelización me ha dado la inquietud de servir en la Iglesia aquí en Karlsruhe-Alemania. Mi servicio es llevar el Santo Rosario todos los Sábados en la tarde antes de la misa. Por supuesto que me temblaban las piernas de los nervios y además tengo que leer todo el rosario porque no me lo sé de memoria en alemán. Dé mi testimonio que desde que estoy haciendo este servicio he sentido un gozo que no tenía antes, estoy muy contenta a pesar de los días tan grises típicos en Europa. Para las personas que sufren de depresión yo les aconsejaría hacer un servicio en la Iglesia, hay muchos.

Dios lo bendiga,

Alba

¡Si la filosofía muere la ciencia también muere!

“Tenemos cinco claras razones que muestran que la filosofía no puede estar muerta y al mismo tiempo la ciencia estar viva pues la ciencia depende necesaria e indesligablemente de la filosofía. Por tanto, afirmaciones como las de Hawking de que «la filosofía ha muerto» constituyen una tremenda estolidez…”

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¿Hay virtud en el hecho de creer, es decir, tener fe?

Hemos probado ya (1-2 q.56 a.3) que la virtud humana hace al acto humano bueno. Por eso, todo hábito que es siempre principio de un acto bueno, puede llamarse virtud humana. De esta clase de hábitos es la fe formada. En efecto, dado que el creer es un acto del entendimiento que se adhiere a la verdad bajo el impulso de la voluntad, para que ese acto sea perfecto se requieren dos cosas: Primera, que el entendimiento tienda de manera infalible a su propio bien, que es la verdad. Segunda, que se ordene también infaliblemente al último fin en virtud del cual asiente la voluntad a la verdad. Esas dos cosas se dan en el acto de fe formada. Es, ciertamente, esencial a la fe que el entendimiento se ordene a la verdad, puesto que, como hemos dicho (q.1 a.3), la fe no es susceptible de error. Por razón de la caridad que informa la fe, la voluntad debe ordenarse también infaliblemente al fin bueno. En consecuencia, la fe formada es virtud.

No es, en cambio, virtud la fe informe. La razón es ésta: aunque por parte del entendimiento tiene la perfección que corresponde al acto de fe, no la tiene, sin embargo, por parte de la voluntad. Ocurre como con la templanza: aunque estuviera en el apetito concupiscible, no sería virtud si no se diera la prudencia en la razón, según hemos expuesto (1-2 q.65 a.1), ya que el acto de la templanza requiere, para su actuación, tanto el acto de la razón como del concupiscible. Del mismo modo, para el acto de fe se requiere el de la voluntad y el del entendimiento. (S. Th., II-II, q.4, a.5, resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]