José Kentenich, un instrumento en manos de María

“El 15 de septiembre de 1968, tras la celebración de la Misa, murió el padre José Kentenich, fundador del movimiento de Schoenstatt, que es eminentemente mariano. De hecho, una de las oraciones más difundidas entre los miembros del movimiento es la muy conocida «Oh, Señora mía, oh, Madre mía…». Esta plegaria, ligeramente modificada por Kentenich, finaliza con estas palabras: «Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame, defiéndeme, utilízame, como instrumento y posesión tuya». Es la expresión de una relación activa con María. Ser instrumentos de la Mater, como la llaman cariñosamente los hombres y mujeres de Schoenstatt, es fiarnos de quien nos quiere y, por tanto, dejar nuestra vida y libertad en sus manos en estos tiempos difíciles y desafiantes…”

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¿Murió la Virgen María?

Fray Nelson, seré breve: ¿Murió, sí o no, la Virgen, la Madre de Jesús? Veo que en general la gente con más estudios tiende a decir que sí y la gente con más devoción tiende a decir que no. ¿Con qué nos quedamos? –H.H.

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La razón por la que no vas a encontrar una respuesta única al respecto es porque las máximas autoridades de nuestra Iglesia Católica no han definido de modo único esa pregunta, y hay santos que piensan una cosa y santos que opinan la otra. Aunque al final estas dos posturas tampoco están tan separadas como uno podría pensar porque quienes dicen que sí murió describen su muerte como algo sereno, que es fruto del amor y la perfección de la obra de la gracia en ella, sin que haya habido ninguna corrupción de su cuerpo. Y quienes dicen que no murió describen el final de su vida en esta tierra como una especie de quedarse dormida, y por eso se habla de “dormición” de la Virgen, que, como se ve, no difiere demasiado de la descripción de “muerte” que dan los otros. En ambos casos es evidente que su vida terminó en esta tierra y hay acuerdo firme en que no se trató de una enfermedad o accidente.

Catholic.net brinda algo más de información:

Royo Marín responde así a la pregunta: “No parece que muriera de enfermedad, ni de vejez muy avanzada, ni por accidente violento (martirio), ni por ninguna otra causa que por el amor ardentísimo que consumía su corazón.”

No creamos que esta afirmación de que el amor a Dios haya sido la causa del fallecimiento (¿o desfallecimiento?) de María, es una ilusión poética, producto de una piedad ingenua y entusiasta para con la Santísima Virgen. No. Esta enseñanza se funda en testimonios de los Santos Padres, quienes dejaron traslucir con frecuencia su pensamiento sobre este particular.

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. cita a San Alberto Magno: “Creemos que murió sin dolor y de amor». Nos asegura, además, que a San Alberto siguen otros como el Abad Guerrico, Ricardo de San Lorenzo, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligorio y otros muchísimos.”

Y veamos qué nos dice Juan Pablo II sobre las causas de la muerte de la Madre de Dios: “Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo.” Entonces se apoya en San Francisco de Sales, quien considera que la muerte de María se produjo como un ímpetu de amor. En el Tratado del Amor de Dios habla de una muerte “en el Amor, a causa del Amor y por Amor” (Tratado del Amor de Dios, Lib. 7, 12-14; JP II, 25-junio-99.)

Royo Marín cita a Alastruey, quien en su Tratado de la Virgen Santísima afirma: “La Santísima Virgen acabó su vida con muerte extática, en fuerza del divino amor y del vehemente deseo y contemplación intensísima de las cosas celestiales.”

Es nuevamente Juan Pablo II quien aclara aún más este punto: “Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsilo de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en este caso la muerte pudo concebierse como una dormición.”