435 años de la Milagrosa Renovación del Lienzo de N. S. de Chiquinquirá

El rostro de la Virgen María se destaca por su modesta actitud y su inefable sonrisa, sus ojos entrecerrados la revisten de una hermosura admirable, que mueve al recogimiento; un velo blanco cubre su cabeza; viste un manto azul celeste, una túnica rosada, un rosario cuelga de las manos de María y del Niño Jesús, quien en la derecha sostiene tiene un hilo que pende del pie de un pajarillo.

A la derecha de María, está San Antonio de Padua, sosteniendo en la mano izquierda, un libro sobre el cual está el Niño Jesús con el mapamundi en sus manos; en la derecha sostiene una palma. A la izquierda está San Andrés, apóstol, leyendo la Sagrada Escritura, en la izquierda sostiene la cruz en forma de X, signo de su martirio. María sostiene en sus brazos al Niño Jesús invitándonos a acogernos a Él, quien puede remediar todos nuestros males. A primera vista se descubren vestigios de las goteras que corrieron sobre la pintura. El cuadro está adornado con dos coronas, dos rosarios, el cetro, la Cruz de Boyacá, la Orden de San Carlos y la Orden del Congreso; lo rodean 30 semicircunferencias con escudos de la Santa Sede, la Provincia y algunas Diócesis; del cuadro penden, un rosario y dos rosas de plata; un fuerte cristal lo protege desde 1954.

¡Conoce más! Haz clic aquí.

Historia de un canto y una oración ante la Virgen de Guadalupe

Escribe el matemático y compositor colombiano Carlos Puente: “Es con un gozo inmenso que retomo estas campanitas de fe para contarles que mi plegaria «!Oh Virgen preferida!» fue interpretada en la Basílica de Santa María de Guadalupe en Ciudad de México como parte del festejo de las «Mañanitas a la Virgen» del año 2021. Fue, en efecto, una gran alegría el estar allí para la ocasión, uniéndome fervorosamente a la conmemoración de la aparición milagrosa de Ella a Juan Diego, avalada por la sorprendente imagen de Ella en la prenda de ayate de él, el 12 de diciembre de 1531. Han pasado ya 490 años, y ¿cómo no ver allí los mismos números de las setenta veces siete ocasiones prescritas por el Hijo de Ella con relación al perdón? (Mt 18:21–22).”

Haz clic aquí!

¡Guadalupe!

Soy un convencido de que mi vida ha estado señalada y bendecida por la presencia de la Madre de Jesús. Nací el día de la Virgen de Fátima; hice mi Primera Comunión el día de la Virgen del Rosario; tuve mi primera experiencia viva del amor de Dios en una Fiesta de la Inmaculada Concepción; recibí la vocación al sacerdocio en la Fiesta de la Asunción de Nuestra Señora; tomé el hábito dominicano e hice mi primera profesión religiosa el día de la Virgen de la Candelaria, frente a la preciosa imagen de la Virgen de Chiquinquirá; viví mi infancia y mi juventud en la Parroquia de la Anunciación, pero con mucha frecuencia mis padres nos llevaban a misa a la parroquia vecina: Nuestra Señora de Guadalupe. Es importante que se sepa que vivo agradecido con Jesús porque me ha amado tanto, que me ha permitido compartir algo del misterio de hermosura que es su misma y Santísima Madre.

¡Oh Virgen, por tu bendición queda bendita toda criatura!

¡Oh Virgen, por tu bendición queda bendita toda criatura!

De los sermones de san Anselmo, obispo

El cielo, las estrellas, la tierra, los ríos, el día y la no­che, y todo cuanto está sometido al poder o utilidad de los hombres, se felicitan de la gloria perdida, pues una nueva gracia inefable, resucitada en cierto modo por ti ¡oh Señora!, les ha sido concedida. Todas las cosas se encontraban como muertas, al haber perdido su innata dignidad de servir al dominio y al uso de aquellos que alaban a Dios, para lo que habían sido creadas; se encontraban aplastadas por la opresión y como descoloridas por el abuso que de ellas hacían los servidores de los ídolos, para los que no habían sido creadas. Pero ahora, como resucitadas, felicitan a María, al verse regidas por el dominio honradas por el uso de los que alaban al Señor.

Ante la nueva e inestimable gracia, las cosas toda saltaron de gozo, al sentir que, en adelante, no sólo estaban regidas por la presencia rectora e invisible de Dios su creador, sino que también, usando de ellas visiblemente, las santificaba. Tan grandes bienes eran obra de bendito fruto del seno bendito de la bendita María.

Por la plenitud de tu gracia, lo que estaba cautivo en el infierno se alegra por su liberación, y lo que estaba por encima del mundo se regocija por su restauración. En efecto, por el poder del Hijo glorioso de tu gloriosa virginidad, los justos que perecieron antes de la muerte vivificadora de Cristo se alegran de que haya sido destruida su cautividad, y los ángeles se felicitan al ver restaurada su ciudad medio derruida.

¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por criatura!

Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin Ma­ría lo que había sido manchado.

Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y Ma­ría es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engen­dró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste.

¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!

Las primeras palabras del Ave María

¿Se dan cuenta que hay una contradicción en el Ave María? primero dice Dios te salve María, es decir un ruego a que Dios salve a María… -A.R.

* * *

La expresión “¡Dios te salve!” fue, muchos siglos atrás, un saludo tradicional en castellano. Ese saludo no es un deseo de salvación directamente sino un deseo de SALUD, como se ve por su origen en el verbo latino correspondiente: SALVERE. O sea que en ese castellano antiguo decir “¡Dios te salve!” es un modo de muy alto respeto de saludar. por supuesto, ese uso y ese lenguaje no son ya los de nosotros y por eso es comprensible el comentario que haces.

En otros idiomas se usan otras formas de saludo, cuando se trata del Ave María. En inglés se usa “Hail, Mary!” Ese “Hail!” es un saludo antiguo, hoy prácticamente arcaico, pero que no tiene la connotación ambigua que le quedó al castellano. En francés, sólo por dar otro ejemplo, adaptan mucho más al lenguaje actual: “Je vous salue…” es decir: “Te saludo.”

Todo esto indica el límite que tiene el usar fórmulas antiguas, y por eso te invito a que veas este video:

Lo que está claro es que la contradicción que crees ver es sólo aparente. Bendiciones para todos.

¿Por qué tomamos por ciertos los nombres de los papás de la Virgen María?

Mi pregunta es ¿por qué la Iglesia se apoya en un libro apócrifo para estas celebraciones, como la de los padres Joaquín y Ana de la Santísima Virgen? Sé que nada de esto aparece en la Sagrada Biblia y sé que, a diferencia de nuestros hermanos protestantes, nosotros no sólo creemos en lo que aparece en ella sino en la Tradición y el magisterio de la Iglesia, pero me gustaría más luz sobre el tema. Gracias de antemano por esa luz. — E.M.

* * *

Tienes razón: en general, la Iglesia no se apoya en los textos apócrifos, que a menudo contienen cosas fantasiosas o simplemente falsas.

Ahora bien, que los papás de la Virgen María se llamaran exactamente Joaquín y Ana, o quizás tuvieran otros nombres, no es algo que en realidad afecta el contenido de la revelación. De hecho, lo que celebramos ese día es casi solamente que ellos existieron, que tuvieron que ser muy santos y que Dios les concedió el don maravilloso y único de ser los padres de la creatura más perfecta. Otra cosa sería que celebráramos acciones o milagros de ellos que solo fueran conocidos por texto apócrifo.

De hecho, esto último sí sucede en la celebración de la Presentación de la Virgen María, que también tuvo su primer origen en tradiciones reportadas por el mismo Evangelio apócrifo de Santiago. Pero la manera como la Iglesia celebra hoy la Presentación de María está alejada del relato apócrifo y siempre subraya el hecho de que, desde el comienzo de su vida consciente, María estuvo entregada a la voluntad de Dios. Así que ni siquiera en este caso el relato apócrifo tiene protagonismo alguno.

Preguntas en torno a la Asunción de la Virgen María

Hoy he recibido múltiples preguntas acerca de la Asunción, que me hacen ver que tengo varios cabos sueltos en mis conceptos escatológicos. Agradecería tu ayuda y claridad. 1. Suponiendo que la Santísima Virgen hubiera muerto (posibilidad admitida por la Iglesia) ¿cuál sería la explicación respecto a su Inmaculada Concepción? 2. Asunción en cuerpo y alma, como afirma la formulación del dogma, se sirve de una distinción griega. ¿Cuerpo sería el posible cadáver? ¿O más bien hablamos de un cuerpo glorioso que no se corresponde con las mismas moléculas mortales? (Como es nuestro caso al morir y resucitar en el Último Día) 3. Cuál sería la relación entre este misterio-dogma y nuestra escatología intermedia. –F.M.

* * *

Con el favor de Dios, abordemos estas tres cuestiones. Aquí van las respuestas ofrecidas:

1. San Pablo nos enseña que la paga por el pecado es la muerte (Romanos 6,23). Ello nos hace pensar que ante la ausencia de pecado no debería producirse la muerte. Y como la Virgen María carecía de pecado personal y fue preservada de la mancha del pecado original, no tendría por qué haber padecido la muerte. Todo esto es cierto pero descubrimos que algo falta en ese argumento por el hecho de que el gran inmaculado, y libre de toda sombra de pecado, es nuestro Señor Jesucristo, que sin embargo murió verdaderamente precisamente para realizar y manifestar la perfecta vitoria sobre la muerte. Nos damos cuenta que el morir de Cristo no proviene de ningún pecado personal suyo–cosa impensable–sino de la solidaridad colmada de misericordia con la que Él se ha asociado a las consecuencias de nuestros pecados, hasta llegar al extremo de la muerte. En ese mismo orden de ideas, la asociación de María con la gesta salvífica de su Hijo hace no solo pensable sino incluso lógico y preferible afirmar que ella se unió al camino de Cristo y participó de la humillación de la muerte para también con Cristo participar de la gloria de la resurrección: misterio que celebramos en la Solemnidad de la Asunción.

2. La expresión “cuerpo y alma” indica fundamentalmente la totalidad del ser. Más que apoyarse en la distinción de la filosofía griega, nos protege de una desviación a la que podría llevarnos un mal uso de esa expresión filosófica, a saber, considerar que la salvación de María–o de nosotros mismos–es algo que se limita al “alma” como si bastara una plenitud espiritual o intelectual para expresar la obra de la redención. Cuando en el credo decimos que creemos “en al resurrección de la carne” estamos afirmando que nada que haya dañado el pecado quedará por fuera de la obra de la redención. Y puesto que el pecado ha salpicado o francamente deteriorado las potencias del alma y el ser mismo de nuestro cuerpo, lo que estamos diciendo es que todo, absolutamente todo lo que fue creado (visible o invisible), recibirá–en el caso de los que mueren en gracia, se entiende–el beneficio pleno de la redención.

Aclarado esto, la pregunta que queda es la conexión entre el cuerpo glorioso y este nuestro cuerpo actual, sujeto al tiempo, el cambio, y tantas otras cosas. Nuestra fe es muy parca en lo que afirma. Básicamente lo que sabemos se concreta en dos cosas: (i) hay una continuidad entre el cuerpo terrenal y el cuerpo espiritual; (ii) la realidad nueva, inimaginable (cf. 1 Corintios 15,35ss) del cuerpo espiritual no estará sometida a muchas de las leyes que rigen a nuestros cuerpos en su condición actual; por ejemplo, no se padecerá hambre, enfermedad, o el paso mismo del tiempo.

Resulta extremadamente especulativo suponer cómo puede ser ese cuerpo “espiritual” o “glorioso.” De lo poco que se puede decir con alguna certeza es esto: lo que llamamos “materia” es, en su condición más ínfima muy próximo a la realización de una ley matemática (ecuación de campo cuántico). Esa “ley” es, desde el punto de vista de la teología, un eco del Lógos primordial que está en el Hijo Eterno del Padre. De modo que toda la materia es sostenida y ordenada por el Lógos. La disposición providente del Lógos no rige solamente a las partículas individuales (sean electrones, quarks o lo que sean) sino que rige conjuntos inmensos de partículas que adquieren propiedades intrínsecas que nosotros identificamos como propias de los “cuerpos.” Esta sabiduría y bondad del Lógos está más allá de todo poder de la muerte, de modo que el cuerpo glorioso sería la transición en lo dispuesto por el Lógos sobre aquello que el Lógos considera como propio de cada uno de nosotros. La continuidad estaría asegurada por la continuidad de la voluntad del Lógos del Padre (el Hijo, en cuanto Señor de la creación y autor de la redención) y la realidad nueva estaría asegurada por la nueva disposición suya sobre nosotros, asociándonos por completo a su propio ser.

3. La escatología “intermedia” alude al hecho de que hay una distancia entre la muerte corporal y la consumación de la historia humana en la que se dará el juicio final, y por tanto, la reunión plena de nuestras almas y nuestros cuerpos. Hay que recordar entonces aquí por qué hay los dos juicios: el particular y el final. El juicio particular es esencialmente el acto de comparecer nuestra vida ante la Verdad infinita de Dios, que incluye todos los actos de su misericordia y providencia para con nosotros. Por supuesto, es un juicio definitivo que determina el destino eterno de la persona: con Dios (sea directamente en el Cielo o después de pasar por el Purgatorio), o contra Dios (directamente al infierno, en consecuencia con el rechazo de la persona a Dios y su señorío). Eso trae el juicio particular.

En cuanto al juicio universal, lo primero que hay que decir, entonces, es que no es una especial de “tribunal de apelación” que cambie en uno o en otro sentido el destino eterno de los difuntos. Lo que sí trae a luz ese juicio, que sucede al final de la historia humana, es la clara visión de todas las consecuencias externas, sociales, históricas de lo que hemos sido y que en vida nuestra sólo pudo aparecer de manera germinal. Esto vale para lo bueno y para lo malo. Pensemos en el caso de un mártir. En vida terrena, la bondad del mártir ha quedado oculta a ojos del mundo, por lo menos en su mayor parte; pero la fuerza de su testimonio, ejemplo y oración han dado fruto a lo largo de los siglos, de modo que al final de la historia humana, hay un esplendor magnífico, una gloria inmensa, que no era clara cuando el mártir murió. Esa gloria aparecerá en el juicio final y será corona de ese mártir. Y puesto que la realidad histórica y externa es propia del cuerpo, así como las intenciones y deseos son propios del alma, es muy lógico que en el juicio final el cuerpo aparezca con el resplandor que es propio de la gloria que las buenas obras sembraron en vida y muerte de la persona. Lo mismo hay que decir, lamentablemente, de las obras malas: toda su podredumbre aparecerá con claridad al final de los siglos, y el cuerpo de ese pobre, degenerado y corrompido por la carga de tantas desgracias, será su realidad por todos los siglos.

Volvamos ahora nuestra atención a la Virgen María. Si bien es cierto que toda la bondad de la santidad incomparable de María no se ha manifestado aún, y sólo brillará en plenitud al final de los siglos, hay algo que ya sabemos, y que es muy simple y a la vez muy profundo: y es que, dicho de modo sencillo, TODO lo bueno que llegue a contener el universo viene de la redención de Cristo, y todo el bien de la redención de Cristo ha empezado en el SÍ de María y ha tenido su expresión en el SÍ de María, que no conoció tibieza ni interrupción. En ese sentido, no es necesaria ninguna “escatología intermedia” para ella porque la gloria de la Resurrección de su Hijo es la expresión misma del bien que ella ha hecho posible. De tal manera que así como ella, en Caná de Galilea, anticipó en cierto modo la “hora” de Jesús, así también, con su tránsito a la eternidad, ha anticipado en su cuerpo purísimo la hora en que Dios será todo en todos.

Gozos a la Virgen del Carmen

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
sed nuestro amparo amoroso
Madre del Dios del Carmelo.

Desde que en la nubecilla,
que sin mancha os figuró,
de Virgen Madre adoró
Elías la maravilla,
a vuestro culto capilla
erigió en primer modelo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre del Dios del Carmelo.

Tan primeros para vos
los hijos de Elías fueron
que por timbre merecieron
ser “de la Madre de Dios”.
Título es este que Dios
les dio a su heredado anhelo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre del Dios del Carmelo.

Por ello vos honras tantas,
Señora, al Carmelo hicisteis
que, viviendo, le asististeis
mil veces con vuestras plantas;
con vuestras palabras santas
doblaste su antiguo celo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre del Dios del Carmelo.

Del Carmelo descendieron
de Elías los seguidores
y en la Iglesia coadjutores
de los apóstoles fueron;
del evangelio esparcieron
la verdad por todo el suelo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre del Dios del Carmelo.

A San Simón, general,
el escapulario disteis;
insignia que nos pusisteis
de hijos como señal,
contra el incendio infernal
es defensivo consuelo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre de Dios del Carmelo.

Quien bien viviere y muriere
con tal señal, es notorio
que, por vos, del Purgatorio
saldrá presto, si allá fuere.
Por tu patrocinio espere
tomar a la Gloria el vuelo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre de Dios del Carmelo.

Vuestro escapulario santo
escudo es tan verdadero,
que no hay plomo ni hay acero
del que reciba quebranto;
Puede, aunque es de lana, tanto
que vence al fuego y al hielo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre de Dios del Carmelo.

Flores de vuestro Carmelo
son la variedad de santos,
profetas, mártires tantos,
vírgenes y confesores,
pontífices y doctores,
que hacen vuestro Monte Cielo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre de Dios del Carmelo.

Dando culto a vuestro honor
durará siempre el Carmelo,
porque así lo alcanzó el celo
de Elías, su fundador:
cuando Cristo, en el Tabor,
mostró su gloria sin velo.

Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
Sed nuestro amparo amoroso
Madre de Dios del Carmelo.

Oremos. Oh Virgen del Carmen, Madre de Dios y de los pecadores, especial protectora de los que visten tu sagrado escapulario, te suplico por lo que Dios te ha engrandecido, escogiéndote para verdadera Madre suya, que me alcances de tu querido hijo Jesús, el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida y la salvación de mi alma. Amén.

¿Tú, qué habrías hecho?

Dios Omnipotente, Todopoderoso, Sapientísimo, tenía que escoger a su Madre. ¿Tú, qué habrías hecho, si hubieras tenido que escogerla? Pienso que tú y yo habríamos escogido la que tenemos, llenándola de todas las gracias. Eso hizo Dios. Por tanto, después de la Santísima Trinidad, está María. -Los teólogos establecen un razonamiento lógico de ese cúmulo de gracias, de ese no poder estar sujeta a satanás: convenía, Dios lo podía hacer, luego lo hizo. Es la gran prueba. La prueba más clara de que Dios rodeó a su Madre de todos los privilegios, desde el primer instante. Y así es: ¡hermosa, y pura, y limpia en alma y cuerpo!

Más pensamientos de San Josemaría.

Así empieza la historia de la Virgen de Chiquinquirá

En el año 1560, Antonio de Santana (caballero venido de España), obtuvo la encomienda de Suta en el valle de Sequencipá (Boyacá), que lo autorizó para organizar y regir el destino socio-político de la región.

Antonio de Santana, solicitó al fraile dominico Andrés Jadraque una imagen de la Virgen María, para colocarla en la capilla de Suta. Fray Andrés, fue a Tunja y convino con Alonso de Narváez, que le pintara una copia de la imagen de la Virgen María. La pintura la hizo en un lienzo de algodón de 1,26 x 1,13 cm., tejido por los indios, utilizando mezcla de tierra de colores y zumo de yerbas y flores. Como en el lienzo sobraba espacio, Alonso pintó al lado derecho a San Antonio de Padua, fraile franciscano, por ser el nombre del encomendero; al lado izquierdo pintó a San Andrés, apóstol, por ser el nombre del fraile que lo agenciaba. El encomendero pagó por la pintura $ 20 pesos. La imagen fue colocada en la capilla pajiza de Suta, donde fray Andrés catequizaba a los indios de la región…

Lee la historia completa aquí.

A la Virgen de Fátima

Breve poesía a la Virgen de Fátima
Autor: JUAN

Llego ante Ti Madre Mía
a dejarte con mis flores,
el caudal de mis amores,
porque Tú eres luz y guía
de mi oscura travesía.

Y bajo esta advocación,
eres Tú mi adoración,
Virgen de Fátima bella,
la divina y eterna estrella
que vive en mi corazón.

Vivir el Mes de María

Propuesta de catholic.net:

Mayo es el mes de las flores, de la primavera. Muchas familias esperan este mes para celebrar la fiesta por la recepción de algún sacramento de un familiar. También, Mayo es el mes en el que todos recuerdan a su mamá y las flores son el regalo más frecuente de los hijos para agasajar a quien les dio la vida.

Por otro lado, todos saben que este mes es el ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza natural de nuestros campos. Precisamente por esto, porque todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la más delicada de todas sus creaturas: la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.

Celebremos, invitando a nuestras fiestas a María, nuestra dulce madre del Cielo.

¿Qué se acostumbra hacer este mes?

Recordar las apariciones de la Virgen. En Fátima, Portugal; en Lourdes, Francia y en el Tepeyac, México (La Guadalupe) la Virgen entrega diversos mensajes, todos relacionados con el amor que Ella nos tiene a nosotros, sus hijos.

Meditar en los cuatro dogmas acerca de la Virgen María que son:

Su inmaculada concepción: A la única mujer que Dios le permitió ser concebida y nacer sin pecado original fue a la Virgen María porque iba a ser madre de Cristo.

Su maternidad divina: La Virgen María es verdadera madre humana de Jesucristo, el hijo de Dios.

Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo, por lo que siempre permaneció virgen.

Su asunción a los cielos: La Virgen María, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.

Recordar y honrar a María como Madre de todos los hombres.

María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.

Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.

María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.

Vivir una devoción real y verdadera a María.

Se trata de que nos esforcemos por vivir como hijos suyos. Esto significa:

Mirar a María como a una madre: Platicarle todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento.

Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.

Confiar plenamente en ella: Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María, y es ella quien intercede ante su Hijo por nuestras dificultades.

Imitar sus virtudes: Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor.

Rezar en familia las oraciones especialmente dedicadas a María.

La Iglesia nos ofrece bellas oraciones como la del Ángelus (que se acostumbra a rezar a mediodía), el Regina Caeli, la Consagración a María y el Rosario.

El Papa inició el maratón de Rosarios para pedir el fin de la pandemia

“Encomendar a las manos de María «a toda la humanidad, dolorosamente afectada por la pandemia», este es, en palabras del papa Francisco, el objetivo del «maratón de oración» que comenzó esta sábado 1 de mayo en la Basílica de San Pedro, y en el que participan treinta santuarios marianos de todo el mundo, que cada día se turnarán para guiar el rezo del Rosario…”

Haz clic aquí!

Preguntas sobre María en el misterio de la Encarnación

Me gustaría las respuestas a las siguientes preguntas fundamentadas en la Biblia. Agradezco su colaboración para mi catequesis: ¿Cómo fue la concepción humana del Hijo de Dios? ¿Cómo eligió Dios a María y no a otra mujer…? ¿Fue libre María al responder a los planes que Dios tenía sobre Ella? ¿Qué significa que María es llena de gracia? — A.C.

* * *

Son preguntas profundas, que gravitan en torno al gran misterio de la Encarnación del Señor en las entrañas de la Virgen María. Intentemos, en el Nombre del señor, abordarlas.

1. Concepción humana del Hijo de Dios. La clave de esta pregunta es la palabra “humana.” Si entendemos por concepción “humana” algo que sea como hemos sido concebidos los demás seres humanos, eso no es lo que nos enseña la Escritura ni eso es lo que creemos en nuestra fe. La concepción de Cristo no fue por relación íntima entre hombre y mujer: ese es el testimonio de la Escritura y negarlo significa simplemente rechazar lo que hemos recibido.

Nuestra fe proclama que hay hechos que superan a los principios y leyes que descubrimos en la naturaleza–y esto incluye lo propio de la concepción entre hombre y mujer. Tales hechos los solemos llamar “milagros” y la concepción de Cristo fue milagrosa en ese sentido. Si una persona no cree en milagros, esa persona no cree que Dios sea realmente Señor de la creación, o simplemente no cree en Dios. La conversación o discusión con esa persona debe entonces partir de la existencia y los atributos de Dios.

2. Elección de María, la Llena de Gracia. En toda elección, incluso puramente humana, entra una cantidad inmensa de consideraciones que no es fácil describir. ¿Quién por ejemplo podría dar las razones completas y definitivas por las que prefiere un color determinado, o un perfume específico? Cuando se trata de elegir personas, sea por agrado o por una misión particular, esas razones se hacen aún más difíciles de aclarar. Lo que sí está claro es que las voluntades de ambas partes entran en juego.

Es como una especie de danza o de espiral: hay una iniciativa de Dios, que otorga una bendición de amor a María y hay una respuesta generosa de María, que acoge, agradece y hace fecundo ese regalo del amor divino; a su vez, esta respuesta de María abre la puerta a una nueva acción y bendición de Dios, que suscita otra respuesta, que a su vez trae nuevas gracias y bendiciones. En el origen de todo este hermoso proceso místico está un primer querer de Dios, que en el fondo es tan inexplicable como todos los actos de su querer. Si nos preguntamos el por qué del amor sólo llegaremos a que el amor es respuesta de sí mismo, como dijo San Bernardo: “amor porque amo; amo por amar.”

Ahora bien, todo ese proceso tenía un propósito, un bien inmenso que no era solamente para ella: se trataba de nuestra redención. Quiero decir: Dios nos ama y espera respuesta de amor de todos nosotros, según la vocación que cada uno de nosotros tiene en su plan de salvación, pero lo que falla en nuestro caso es la lentitud y mediocridad de nuestras respuestas. Ninguno de nosotros es ni debe ser una repetición de María pero todos podemos aprender de ella y recibir de los bienes y gracias que Dios le otorgó, y que por su propio amor llegan también a nosotros en forma de una eficaz y continua intercesión.

Eso es lo que significa que ella es “llena de gracia”: que el amor de Dios hizo obra preciosa en ella, y que ella respondió a ese amor con generosidad, prontitud y perfección. Ella es llena de gracia porque esa especie de “diálogo de amor” entre ella y Dios no cesó nunca y fue cada vez más pleno y perfecto.

3. Libertad de María. Nosotros somos obra de Dios y Dios no se contradice. nuestra libertad, entendida como capacidad de desear y obrar según la la verdad que conocemos por la luz de la razón y la luz de la fe, es regalo de Dios. Y su gracia, su amor que nos visita y nos capacita, es también regalo suyo. Estos dones suyos no se contradicen sino que se complementan y fortalecen mutuamente: el llamado gratuito del amor de Dios encuentra respuesta en nuestra libertad, y nuestra libertad, al responder, se llena de mayor claridad y fuerza para mejor desear el bien que Dios le propone. Esto sucede en todos nosotros pero sucedió de un modo especial y eminente en la Santa Virgen María, de modo que ella obró con suprema y altísima libertad, escogiendo así lo que era, de modo absoluto, lo mejor para sí misma.

Una poesía a La Moreneta, Virgen de Montserrat

Preludio de aleluya universal
en el Verbo que anuncia salvación,
se encarnará la Voz, vendrá el perdón,
en tu seno de esposa virginal.

Naciste, por merced, glorioso umbral,
aurora de la humana redención,
estela de final resurrección,
reina del paraíso celestial.

Entregarás al mundo tu dolor,
aceptarás ser madre mediadora,
esclava de divina voluntad.

Brotaste en la fontana del Amor,
sacias la sed del alma pecadora,
y eres remanso azul de la verdad.

Autora: Emma Margarita R. A.-Valdés