Letanías a María, reina de la paz

Tú, que recibiste el saludo del Espíritu de paz.
Tú, que acogiste en tu seno el DON de paz.
Tú, que engendraste al santo Hijo de la paz.
Consíguenos el don de la paz.

Tú, que secundas a Aquél que hace que por doquier reine la paz.
Tú, la llena de gracia, por quien todo se nos perdona.
Tú, que eres prenda de su eterna misericordia.
Consíguenos el don de la paz.

Para que los cautivos sean al fin liberados.
Para que los desterrados encuentren al fin su patria.
Para que los que sufren, encuentren la fortaleza.
Consíguenos el don de la paz.

Tú, la Bien-Amada de nuestro Creador.
Tú, la plenamente bendita de su creación.
Tú, la Abogada de nuestras causas.
Consíguenos el don de la paz.

Por la angustia de los hombres y mujeres.
Por los recién nacidos que duermen en su cuna.
Por los ancianos que desean morir en tu paz.
Te pedimos el don de la paz.

A ti que eres la madre de los desamparados.
A ti que sientes compasión ante los duros de corazón.
A ti que eres la estrella que brilla en el cielo gris de los descarriados.
Te pedimos el don de la paz.

A ti, la esposa del Dios vivo.
A ti, que eres la Madre del Dios resucitado.
A ti, que eres la Reina en el Reino del Dios lleno de Paz.
Te pedimos el don de la paz.

Nuevo significado del verbo reinar

La hermosa celebración de la Santísima Virgen María como Reina del Universo es una ocasión muy propicia para descubrir lo que significa el verbo reinar cuando lo miramos desde Dios y no desde el hombre marcado por el egoísmo.

Precisamente lo que más nos condiciona cuando hablamos de reinar es que estamos acostumbrados a pensar en los reyes y las reinas como seres que se ponen en el centro de toda una nación o de todo un pueblo: desde ellos brota el poder; de ellos salen las decisiones; son ellos los que disponen todo y para ellos son los honores,las ganancias y todas las conquistas. Esta imagen notoriamente egoísta sobre lo que significa reinar oscurece nuestros ojos cuando nos acercamos al reino de Dios o cuando nos acercamos a una celebración litúrgica tan bella como la de la Virgen María, Reina del Universo. Quien está acostumbrado a ver a los reyes como seres narcisistas que reconcentran el poder y disfrutan todos los beneficios no pueden concebir que un rey comparta su reinado; y sin embargo es ésta una característica muy propia del Reino de Dios.

Así como Dios nos ha hecho partícipes de su propia naturaleza; así como nos ha dejado experimentar la fuerza de su amor y nos hace capaces de amar un poco como él mismo ama; y así como nos da de su sabiduría para reconocer las huellas de su presencia en la creación y en la obra redentora; de la misma manera nos da una participación de su poder en el gobierno de nosotros mismos, en el gobierno de las cosas que nos rodean, y en la capacidad de guiar a otros para que también experimenten los bienes y bendiciones que nosotros hemos recibido.

Esto significa que la participación en la naturaleza divina, que sucede auténticamente por la gracia y donación del Espíritu Santo, es también participación en el reinado de Dios. No tiene entonces nada de extraño lo que dice el Señor Jesucristo a los apóstoles cuando les anuncia que ellos se van a sentar en tronos para “juzgar” a las tribus de Israel (Mateo 19,28). Tampoco es extraña la frase de San Pablo: “si sufrimos con él reinaremos con él” (2 Timoteo 2,12). En efecto, aquello de sufrir con él significa estar unidos con viva caridad a su plan y a su voluntad. Esta clase de unidad proviene finalmente de la participación en su naturaleza, por el don del Espíritu Santo, como ya ha sido dicho. Cabe esperar entonces que Aquella que tuvo una unión absolutamente singular con el plan universal de salvación y redención que habría de realizar su hijo Jesucristo tenga también una participación completamente única en su reinado.

Es un despropósito entonces decir que la fiesta litúrgica de María reina del universo carece de base bíblica, siendo así que todo el Nuevo Testamento apunta en la dirección de la participación de la naturaleza divina como lo dice expresamente el apóstol (2 Pedro 1,4). Gocémonos pues en esta celebración litúrgica y pidamos al Señor que nos permita vivir con verdadera dignidad de hijos suyos.

Invitación a la Contemplación, 9 de 9: La Virgen María, modelo de contemplación

La Virgen María, modelo de vida contemplativa

* Los conceptos hasta ahora estudiados son la mejor ayuda para iniciar un camino en la vida contemplativa.

* Cabe tomar estas nociones como disciplinas o como disposiciones. Es decir, no como obligaciones externas que hay que soportar sino como medios que nos disponen para la visita de la Gracia.

(1) En el centro del círculo tenemos la Palabra.

(2) Con el Silencio, por ejemplo, le estamos diciendo a Dios que estamos dispuestos a escuchar. No podemos exigir que nos hable. Nuestra tarea es pasar de la disciplina a la disposición. Quedarnos en disposición para escuchar. En la contemplación no tengo el control sino que es el Señor el que dispone. La palabra siervo o esclavo, doulos (??????) en griego, y aplicado a María sería ?????, precisamente habla de ese estar dispuesta, sabiendo que su centro no está en ella. Así tenemos que hacer, nuestro centro no está en nosotros.

(3) En el caso de la Humildad, favorecida por la vida religiosa, se ve claro que no se posee esa virtud sino que otras facilitan su vivencia. Por ejemplo, el voto de pobreza prepara la humildad porque mi yo queda limitado.

(4) La castidad bien vivida también ayuda a ser más humilde. Un escritor dijo que la castidad es la humildad del cuerpo y la humildad es la castidad del alma. Están tan relacionadas que San Agustín habla muy abundantemente de ella en De Virginitate. La soberbia por el contrario es la exaltación del yo.

(5) La obediencia también facilita la vivencia de la humildad como disposición en el sentido de disponibilidad al superior y a la comunidad.

(6) La Belleza se hace presente en el arte, en el canto, en la liturgia pero por simple deleite sino porque dispone a recibir más profundamente la Palabra, y porque inspira hacia la hermosura de Aquel de quien proviene toda bondad.

(7) La Soledad se necesita como experiencia de desierto.

(8) La Contrición tampoco es simple disciplina porque así llevaría a la amargura: es apertura a la gracia que nos transforma. Decía Santa Teresa de Jesús que en media hora de contrición se puede llegar más lejos que en días de alabanza.

(9) La Memoria tiene un lugar muy importante, que en muchos conventos se hace visible físicamente en las bibliotecas.

* Resumen: la vida contemplativa toma todos estos puntos de este mapa no tanto porque ellos nos aseguren la contemplación sino porque nos disponen y preparan. De un modo análogo, en la vida consagrada la viven todos aunque de diferente manera según sus carismas.

* Podemos ver que estas Nociones en los diferentes santos coinciden en que todos ellos tienden al Señor a través de sus espiritualidades. Por ejemplo, en un San Vicente de Paúl vemos que gracias a ser un gran contemplativo fue capaz de atender a los enfermos como lo hizo.

* La razón para la evangelización es contemplativa. Hablamos de tres objetivos:

(1) que sea posible, real,
(2) que tiene cosas concretas que nos ayudan, y
(3) que no nos disminuye sino que nos lanza a la evangelización.

* Para ser contemplativo hay que disponerse. Hay que trabajar en estos puntos dentro de las constituciones del grupo que pertenece. Decía Pio XII, muéstrame a un religioso que viva su regla y yo lo canonizo.

* La Santísima Virgen María es la que mejor muestra el camino de la Contemplación y así decimos:

(1) La Virgen María es humilde, y en el canto del Magnificat lo dice claramente. Sin humildad no hay nada. Para empezar en la vocación hay que comenzar por la humildad.

(2) María sabe muy bien quién es, precisamente por ser tan humilde, y ello le da un conocimiento de Sí misma excepcional.

(3) En su conciencia que pertenece al Pueblo Elegido y depositario de las Promesas, le hace tener una memoria clara de quién es.

(4) La Virgen, según San Lucas, no entendía pero guardaba todo en su corazón. La contemplación no se centra en el entender sino que está dirigida al corazón y a la sabiduría. La contemplación se abre más bien al don de la gracia, al don del AMOR al que se llega por la meditación, contemplación y sobre todo se llega por la contemplación estética: belleza. (Conviene leer de San Buenaventura: Itinerario de la mente a Dios, en concreto, el oficio de lecturas del día de su fiesta, habla del proceso del entender al amar).

(5) En la parte del sufrimiento conviene leer el oficio de lecturas del día 15 de septiembre, donde San Bernardo habla del modo cómo la Virgen vive el dolor, cómo lo asocia al de Cristo; donde mejor se ve la manera del sufrir de la Virgen María es cuando está a los pies de la cruz.

(6) Respecto a la soledad habría que mencionar el Sábado Santo; en cuanto al silencio no hay nada como su acogida de la Palabra. Dice San León Magno en uno de sus sermones de Navidad que María concibe primero en su corazón y luego en su vientre.

* Pidamos al Señor que siguiendo el ejemplo de la Virgen y otros santos que nuestra vida adquiera otro nivel.

* Cinco últimas recomendaciones:

(1) Necesitamos volver a fascinarnos de la persona de Jesucristo.

(2) En nuestra vida cotidiana el ejercicio de la memoria es el más práctico para crecer en la vida de contemplación.

(3) Acostúmbrate a relacionar la Sagrada Escritura, cada texto con la historia de Israel, con los signos de los tiempos, con la Iglesia, con la vida de los santos y con tu propia vida.

(4) Dale el lugar apropiado pero no todo el espacio a la razón. La razón no lo es todo.

(5) En el atardecer de la vida se nos juzgará del amor, según San Juan de la Cruz. ¡Que no se te vaya el tiempo sin amar a Dios!

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