Ecclesia semper reformanda
Federico ha mostrado su desconfianza hacia las ventajas que traen el ambiente, el lenguaje y el vestido clericales. Fidelio intenta hacer avanzar la discusión hacia temas que considera más esenciales.
–No has dicho nada nuevo. Ya se sabe desde el seminario: “Ecclesia semper reformanda: la Iglesia siempre está necesitada de reforma,” o como gustan decir hoy: de conversión. Lo que yo no veo es que el camino de la conversión sea el camino de la mediocridad o de la chabacanería.
–¿A qué te refieres?
–No es nada personal, Federico, pero mira esto: así como tú dices que debajo de una capa de sacralidad se esconde apetito de privilegios y otras bajezas por el estilo, así yo me atrevo a denunciar: debajo de esa capa de informalidad de muchos sacerdotes lo único que hay es mediocridad, ganas de vivir sin mayores compromisos, incluso temor de ser señalados. Es que no se nos olvide lo que ya dijo el Santo de Hipona, el gran Agustín, con palabras que puso en labios de la Iglesia misma: “¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud!” Te acordarás de mí: ya viene la persecución de nuevo contra la Iglesia, y como sucedió en la nefanda guerra civil española, no nos extrañe que muchos sean ejecutados por el sólo hecho de llevar con dignidad una sotana o un hábito religioso. ¡No podemos ser menores que ellos, mi respetado curita! ¡También nosotros estamos llamados a dar la buena pelea y a mostrar con valor a qué Cristo servimos con empeño y decoro!
