99.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
99.2. La grandeza y belleza solemne del mar, así como la fuerza irreprimible de sus olas, han servido de imagen preciosa de numerosos atributos divinos, en los escritos de aquellos bienaventurados hombres y mujeres que acogieron la gracia, y de ella revestidos entraron a la Sala del Banquete celestial.
99.3. La Sagrada Escritura, en cambio, no tiene términos tan elogiosos o poéticos para las aguas insondables. Más bien ve una manifestación de la soberanía divina en su victoria contra la soberbia de las olas (Job 38,11; Sal 65,8), que bien tuvo su episodio en aquella tempestad sosegada por la palabra de Jesucristo (Mt 8,23-28).

Me unen lazos de amistad con la Compañía de Jesús: una amistad que permite ver de cerca muchas de las grandezas y bajezas de la Orden fundada por san Ignacio. Para mí es claro que una proporción escandalosa de ellos han desertado de la fe católica con el agravante de no decirlo sino de presentarse como reintérpretes de la fe o incluso como misioneros de un mensaje supuestamente más cercano al “núcleo” del Evangelio o de la vida de Jesucristo. Es claro también que la obediencia al Papa, en el caso de muchos de ellos, es ficticia, nominal o únicamente entendida en términos de “servir” al Papa diciéndole qué tiene que hacer y decir, para luego criticarlo sin piedad ni justicia cuando no piensa o actúa como ellos quisieran. El cuadro, pues, es sombrío, desesperanzador e incluso misterioso, porque yo, lo mismo que algún otro amigo que escribió recientemente, me pregunto cómo logran sobrevivir los jesuitas católicos viendo que lo poco o mucho que ellos logran hacer es anegado por la babaza herética de sus cohermanos.
Vamos a reflexionar sobre otro sentimiento negativo que nos hace padecer mucho. Muchas personas sufren porque viven en permanente resentimiento: siente y sienten y vuelven a sentir, a resucitar el sentimiento negativo, la experiencia negativa que han tenido. Es el caso de muchos divorciados. Viven presos del pasado y esto hace que la vide se les estanque experimentando situaciones de ánimo invivibles. Vivir resentidos, aunque sea inconscientemente, exige mucho gasto de energía que mantiene a la persona en un estrés constante. El estrés causado por el resentimiento ataca eventualmente el sistema inmunológico, dando lugar a enfermedades tales como artritis, arteriosclerosis, enfermedades cardiovasculares, diabetes, etc. Por eso, entre las mejores estrategias de defensa contra los efectos del resentimiento se recomienda la práctica diaria del perdón.
98.2. El paso del tiempo te va dando la idea y figura de la muerte; esta es una profunda realidad que no estás oyendo por primera vez. Muchas de las personas que tratas son una breve visita a tu vida, y a mucha gente que has visto, ya no la volverás a ver. Por varios de los lugares donde has estado ya no regresarás y hay personas incluso que murieron sólo horas después de verte; algunos otros partieron a la eternidad minutos antes de que te acercaras a sus ciudades, países o puertos. Sé que tú sabes todo esto, pero es saludable que lo recuerdes, y por eso es bueno que yo te ayude para que resuene en tus oídos.
Les invito a reflexionar en un sentimiento muy perjudicial en nuestras relaciones, el rencor, que nos hace incapaces de perdonar. Ciertos sentimientos los Tenemos reprimidos o escondidos ciertos sentimientos desde la infancia o juventud hasta hoy. En muchas oportunidades esos sentimientos se somatizan y pueden manifestarse en forma de dolores de cabeza crónicos, problemas estomacales, dolores de espaldas, etc. Una persona decía que todos los días, a cierta hora, sentía dolor de cabeza. Se le dijo que recordara desde qué edad empezó a sufrir ese dolor y qué le aconteció en esa ocasión. Recordó que a los 7 años su padre lo había castigado injustamente. Él había mantenido desde entonces un rencor contra su padre. Ahora reconocía el posible motivo del castigo, perdonó a su padre y el dolor de cabeza desapareció, porque se liberó del rencor.
De corazón a corazón

