En Nazareth despreciaron a Cristo porque creían que ya lo conocían lo suficiente.
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
En Nazareth despreciaron a Cristo porque creían que ya lo conocían lo suficiente.
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En David brilla el don del santo temor de Dios pues, siendo tan recursivo, sabe detenerse ante la majestad y el plan de Dios.
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El amor de la Madre de Cristo hacia nosotros tiene su raíz en el mismo Cristo, pues es Él quien reina en nuestras vidas y es Él a quien María desea ver crecer y reinar en todo lo que hacemos, decimos y deseamos.
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Jesús es el profeta definitivo, aquel que expresa en cercanía y poder la verdad, bondad y majestad de Dios.
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David sabe encontrar razones más altas que la utilidad, la costumbre o el propio interés.
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Cuando la vida te “pincha” sale lo que tienes dentro. David fue pinchado por dura oposición y traición, y mostró que adentro llevaba aceptación profunda del querer de Dios.
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David creía que tenía todo bajo control: se engañó, y las consecuencias fueron duras y durables.
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La autoridad de Cristo significa que nosotros somos su obra.
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51. El Concilio sabe que los esposos, al ordenar armoniosamente su vida conyugal, con frecuencia se encuentran impedidos por algunas circunstancias actuales de la vida, y pueden hallarse en situaciones en las que el número de hijos, al manos por ciento tiempo, no puede aumentarse, y el cultivo del amor fiel y la plena intimidad de vida tienen sus dificultades para mantenerse. Cuando la intimidad conyugal se interrumpe, puede no raras veces correr riesgos la fidelidad y quedar comprometido el bien de la prole, porque entonces la educación de los hijos y la fortaleza necesaria para aceptar los que vengan quedan en peligro.
Hay quienes se atreven a dar soluciones inmorales a estos problemas; más aún, ni siquiera retroceden ante el homicidio; la Iglesia, sin embargo, recuerda que no puede hacer contradicción verdadera entre las leyes divinas de la transmisión obligatoria de la vida y del fomento del genuino amor conyugal.
Pues Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de modo digno del hombre. Por tanto, la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables. La índole sexual del hombre y la facultad generativa humana superan admirablemente lo que de esto existe en los grados inferiores de vida; por tanto, los mismos actos propios de la vida conyugal, ordenados según la genuina dignidad humana, deben ser respetados con gran reverencia. Cuando se trata, pues, de conjugar el amor conyugal con la responsable transmisión de la vida, la índole moral de la conducta no depende solamente de la sincera intención y apreciación de los motivos, sino que debe determinarse con criterios objetivos tomados de la naturaleza de la persona y de sus actos, criterios que mantienen íntegro el sentido de la mutua entrega y de la humana procreación, entretejidos con el amor verdadero; esto es imposible sin cultivar sinceramente la virtud de la castidad conyugal. No es lícito a los hijos de la Iglesia, fundados en estos principios, ir por caminos que el Magisterio, al explicar la ley divina reprueba sobre la regulación de la natalidad.
Tengan todos entendido que la vida de los hombres y la misión de transmitirla no se limita a este mundo, ni puede ser conmensurada y entendida a este solo nivel, sino que siempre mira el destino eterno de los hombres.
[Constitución Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, n. 51]
La serie de la SUMA CONVERSACIÓN tiene un único propósito: acercar el pensamiento de Santo Tomás a las cuestiones de nuestro tiempo, así como mostrar la fecundidad permanente de las grandes cuestiones de todos los tiempos.
Estos son los volúmenes disponibles en Youtube: 1, 2, 3, 4, 5, 6.
¡Conoce y difunde esta iniciativa de formación profunda en nuestra fe católica!
Para nosotros, Tomás de Aquino es, ante todo, un hermano en la fe.
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Aunque admiramos a seres humanos, nuestra admiración no nos hace ciegos: sólo Dios es perfecto.
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