Una SUMA conversacion, 027: Materia y Forma

Primera aproximación a la materia

Una primera aproximación a lo material comprende estas notas:

extenso (ocupa un espacio);

accesible a los sentidos (directamente o mediante instrumentos que amplían el rango de la percepción sensorial);

en principio, objetivable: se puede poner completamente frente a sí, y en muchos casos, sus condiciones externas son controlables y medibles (como en un laboratorio).

¿Existe lo inmaterial o todo es materia?

Consideremos este ejemplo: un amigo me presta su bicicleta. Una semana después le devuelvo todas y cada una de las piezas que conforman la bicicleta, pero puestas todas sueltas en una bolsa. Y le digo: “Aquí tienes tu bicicleta.” ¿Cuál es la diferencia entre la bicicleta y lo que contiene esa bolsa?

Lo que mi amigo echa de menos no puede ser ninguna de las partes (extensas, accesibles a los sentidos, objetivables), pues éstas están todas. Mi amigo echa de menos la estructura, la configuración, la disposición, interna y externa, que permite que ese conjunto de piezas funcione de una determinada manera. A eso que mi amigo echa de menos lo llamamos “forma.” Uno entiende que esa forma no es nada material; la forma existe y es inmaterial.

Concepto de forma

Forma es el conjunto de rasgos característicos de un objeto. Este término corresponde a las palabras griegas morphé y êidos.

Nuestro lenguaje cubre bastante bien la riqueza de significados que tenía esta palabra en el mundo griego y la filosofía aristotélica: en un primer nivel se identifica con la figura de un objeto físico; en otro sentido designa la estructura o configuración de algo frente a los elementos o materia que componen ese algo, como cuando hablamos de la estructura o forma que le ha dado un poeta a sus versos.

Cabe distinguir las formas accidentales de la forma substancial: la forma substancial de una cosa es lo mismo que su esencia y las formas accidentales son las determinaciones o propiedades de las que el sujeto puede prescindir sin perder su ser.

Hilemorfismo

Es la teoría aristotélica según la cual todos los seres sensibles o perceptibles (tanto los naturales como los artificiales) se componen de materia (hylé) y forma (morphé). En el caso del ser humano, ello implica hablar de una unidad sustancial de cuerpo y alma.

Llegamos así a un segundo concepto, más elaborado, de lo que es “materia”: Este término significaba originariamente madera, material de construcción, el elemento con el que construimos algo.

La materia es aquello con lo que está hecho algo; desde el punto de vista dinámico es aquello susceptible de alguna determinación o forma, por tanto una realidad potencial. Cabe hablar también de un cierto carácter relativo de lo que se considera materia: si nos fijamos en una estatua del dios Zeus la forma es Zeus y la materia el bronce; pero si nos fijamos en el bronce mismo el ser bronce es forma y la materia es la materia prima.

Materia primera y materia segunda

La materia “prima” o primera es materia sin forma alguna. Se trata de un modo minimo, casi hipotético del ser. No es perceptible por los sentidos y es el substrato último del cambio sustancial.

Aristóteles afirma la existencia de este tipo de materia no perceptible como consecuencia de su análisis del movimiento: todo movimiento o cambio exige la presencia de algo permanente; en el cambio accidental lo permanente es la sustancia y lo que cambia los accidentes; el problema se presenta sin embargo en el caso del cambio sustancial pues en este tipo de movimiento desaparece una sustancia y aparece otra. Puesto que algo debe permanecer incluso en ese cambio tan radical, Aristóteles creyó que se puede superar la dificultad si aceptamos la existencia de una realidad material de la cual están hechas las sustancias materiales, pero como dicha realidad material no se encuentra en el nivel de lo perceptible ni tiene ningún otro rasgo que no sea el de la pura espacialidad pensó que dicha materia no tiene forma alguna (siendo por lo tanto algo casi irracional).

Llámase en cambio “materia segunda” a la materia con alguna forma determinada (por ejemplo, el mármol de una estatua de mármol).

Juicio particular y juicio universal

Hola Fray: hablando del juicio final, quisiera que me aclarara lo siguiente: Una persona que ha muerto en gracia, por ejemplo un santo como San Agustin, cuando llegue el juicio final, otra vez es juzgado por sus pecados que ya fueron perdonados? Como sabemos que las consecuencias de los actos malos o pecados de uno siguen y tienen mella en la sociedad, entonces ¿por esto lo vuelve Dios a juzgar cuando venga Jesus en el Juicio Final?

Gracias por colaborarnos en la incógnitas que tenemos, que Dios lo bendiga. – Mábel

* * *

La diferencia entre el juicio particular y el juicio universal es algo que percibimos los que estamos sometidos al tiempo. Como la muerte implica precisamente la cesación de la condición temporal, la persona que muere no experimenta dos juicios sino sólo uno.

Y sin embargo es útil conservar la distinción teológica entre juicio particular y universal porque el primero mira a la vida como ha sido, mientras que el universal muestra todas las repercusiones, buenas y malas, de eso que uno fue.

Bendiciones.

Una SUMA conversacion, 026: Sustancia, Esencia y Naturaleza

Sustancia

El ser independiente del cual se predican los atributos. Del latín substantia, que se usó para traducir los términos griegos ousía, y a veces, hipóstasis. Significa etimológicamente, “lo que está debajo”, pero tiene un significado complejo pues designa:

el sujeto en el que descansan las propiedades: el ser Sócrates, por ejemplo, del cual predicamos ciertos rasgos como el ser ateniense, ser maestro de Platón…

lo que permanece en el cambio accidental: el ser el mismo individuo, Sócrates, aunque modifique su aspecto a lo largo del tiempo;

el ser independiente, lo que tiene su ser no en otro sino en sí: debemos distinguir el nivel de los atributos (ser blanco, pequeño e inteligente, por ejemplo, que son seres puesto que tienen realidad, pero que no pueden darse por sí mismos sino que siempre descansan en otra cosa de la cual decimos que son sus propiedades) y el nivel de la substancia (el que tiene una existencia propia e independiente, como el ser Sócrates o ser una piedra, o un tigre…).

Accidentes

Lo que le corresponde a algo de manera contingente, es decir, que no depende de su esencia; aquello que le pertenece a un ser de tal modo que lo puede perder sin llegar a aniquilarse.

Sustancias Primeras y Segundas

Las sustancias primeras son los sujetos individuales, que si son corporales, estarán compuestos de materia y forma.

Las sustancias segundas equivalen a los géneros y las especies. Al preguntar “¿qué es esto?”, se puede buscar qué tipo de sustancia es. Al responder indicando que es un libro, estamos apuntando a una sustancia segunda.

Esencia y Existencia

Lo que tienen los seres concretos de estable e inteligible; los rasgos que hacen de algo lo que es y no otra cosa, de modo que si se pierde uno de esos rasgos, ya no estamos ante el mismo ser. La esencia es la respuesta más directa a la pregunta “¿qué es?” y por eso se le llama quidditas, o quididad.

La esencia:

descubierta en un ser corpóreo concreto, es la forma sustancial;

en el entendimiento se capta por medio de conceptos;

cuando se expresa en palabras corresponde a una definición.

La esencia no implica la existencia. Cosas imaginadas pueden tener su esencia, que también será imaginaria. Cuando hablamos, entonces, de que algo existe, ese existir no es una idea que se une a los rasgos de la esencia; es decir, el existir, al que Santo Tomás en latín llama esse, no es una ampliación de la esencia, que en latín se dice essentia. Existencia y esencia son distintos, y la existencia no es algo pensado pero tampoco es irracional. Para Santo Tomás, que lo pensable (la esencia) tenga además existencia, es como el paso de la potencia al acto; tal es el paso que realiza Dios al crear.

Naturaleza

Principio intrínseco de movimiento (cambio, acción, operación) y reposo de los seres naturales. Etimológicamente quiere decir: lo que se tiene “por nacimiento,” es decir: de por sí, no por acción de otro. Viene del vocablo latino natura, traducción del griego physis.

Hay dos sentidos básicos de “naturaleza”, aunque es mucho más importante el segundo que el primero: (a) la Naturaleza entendida como la totalidad de seres naturales; (b) la naturaleza como el actuar que sigue al ser propio de las cosas. En esta última acepción, “naturaleza” se aproxima mucho al concepto de “esencia,” pero, aunque todo lo esencial es natural, no todo lo natural es esencial, porque hay cosas que son naturales porque provienen o fluyen de la esencia, sin ser la esencia. El uso de un lenguaje conceptual y articulado es propio de la naturaleza humana pero no es necesario considerar esa nota en sí misma como propia de la esencia, porque es algo que fluye del ser racional.

La naturaleza se identifica con el ser propio de las cosas, con su esencia, y lo que fluye de la esencia, pero sólo en las cosas capaces de cambiar a partir de sí mismas.

La naturaleza no sólo determina el tipo posible de movimientos de un objeto sino también el tipo de reposo que le conviene (por ejemplo, a la piedra le corresponde estar quieta en el suelo y ello en virtud de su naturaleza).

Reforma y conversion se conjugan al mismo tiempo

En plena tormenta post-conciliar, el 4 de junio de 1970 en Munich de Baviera, el entonces profesor Joseph Ratzinger pronunció una conferencia titulada “¿Por qué permanezco todavía en la Iglesia?”. Dijo que “la reforma, en su significado original, es un proceso espiritual muy cercano a la conversión y, en este sentido, forma parte del corazón del fenómeno cristiano; sólo a través de la conversión nos volvemos cristianos, y esto es válido para toda la vida del individuo y para toda la historia de la Iglesia”. “Si la reforma se aleja de este contexto, del esfuerzo de la conversión – concluía Ratzinger -, y si se espera la salvación sólo del cambio de los demás, de la formas y de adaptaciones al tiempo siempre nuevas”, la reforma “se convierte en una caricatura de sí misma”.

vía La rebelión contra el Papa: un cisma silencioso.

Suegros y suegras

“…el peso de la marcha del nuevo hogar recae de modo completo en la pareja, sin que esto sea obstáculo para mantener una sana relación con los propios padres o con los padres de la otra parte, y así lograr esa armonía que tanto ayuda a todos…”

suegros y suegras

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Venganza (01)

Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón. – Jorge Luis Borges

Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él. – Sir Francis Bacon

El verdadero modo de vengarse de un enemigo es no parecérsele. – Marco Aurelio

Una persona que quiere venganza guarda sus heridas abiertas. – Sir Francis Bacon

Antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas. – Confucio

Los otros indignados

El año 2011 dejó entre sus herencias la transformación de un adjetivo en un sustantivo. A través de un uso peculiar, el adjetivo “indignado” se convirtió en el nombre común de cada uno de los cientos de miles de contemporáneos nuestros que manifestaron en las calles y plazas que detestan el mundo en que viven, ante todo porque es un mundo marcado por la injusticia, y porque la democracia, si no toca la distribución de la riqueza, es un juego mental, una continua pantomima, un chiste cruel.

Hay que notar que estos indignados callejeros, aunque diversos en muchas cosas, suelen tener por denominador común un talante de izquierdas y una actitud agnóstica o abiertamente anticlerical.

Un incidente reciente en el ciberespacio me llevó a pensar en otro tipo de “indignados.” Son los que sienten que se les revuelven las entrañas viendo lo que sucede en la Iglesia o contra la Iglesia. Son los que se duelen por las misas celebradas con pereza y rutina, o con todo tipo de abusos. Son los que sufren al ver la inercia, por lo menos aparente, de tantos obispos a quienes cuesta no ver como cómplices de los desmanes pastorales o teológicos de sus curas. Son también los que lamentan con amargura cada aborto que se hubiera podido y debido evitar. Estos otros indignados abundan en algunas esquinas de la red de redes. De hecho, es Internet, a menudo, su vía casi única de soltar en público la amargura acumulada y el calambre de una frustración muy honda.

Lo mismo que con los indignados de las calles, estos otros aprenden pronto a reconocerse mutuamente. Diríamos que son espontáneos compañeros de una misma causa. Sin ponerse de acuerdo se han encontrado–virtualmente, por supuesto–alrededor de los mismos foros de Internet, comentando los mismos artículos, vitoreando en silencio a los mismos autores. Tienen así una pequeña pero muy representativa pléyade de héroes a los que aman; modelos a los que miran; paradigmas que encienden su esperanza. Todo esto es muy humano, sin que le falte una chispa de divino.

¿Cómo puedo describir mi sentimiento hacia estos otros indignados, a los que, por lo pronto, reconozco un millón de veces más cerca que a los protestones que sirvieron de “Personaje del Año” a la revista TIME? Hay afecto; hay respeto; hay solidaridad; y sin embargo, también hay alguna distancia. Es muy fácil pasar de este tipo de indignación a la soberbia y el juicio implacable; es muy fácil resbalar hacia la nostalgia de lo preconciliar y el filo-lefebvrismo; es muy fácil tomar un tono apocalíptico; es muy fácil convertirse en heraldo perpetuo de malas noticias, hasta sentir extraño placer en describir todo lo que no funciona; es muy fácil, en fin, volverse profeta de desgracias y adoptar un rostro perpetuamente adusto e… indignado.

Con cariño, para ti, Infocatólica.