SOLEMNIDAD DE SOLEMNIDADES: ¡ES PASCUA!
¡Bienaventurados los que tienen grande hambre de Jesucristo vivo!

Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
SOLEMNIDAD DE SOLEMNIDADES: ¡ES PASCUA!
¡Bienaventurados los que tienen grande hambre de Jesucristo vivo!
No pudo la muerte,
no pudo vencer:
¡venció el Nazareno,
venció Cristo Rey!
1. Los clavos y espinas,
la cruz y la hiel,
son claras señales
que no hay que esconder.
2. La Sangre abundante
que cubre su piel,
invita con fuerza
a confiar y a creer.
3. Que nadie se espante
por ver padecer
al que hizo portentos
librando a Israel.
4. Jesús es su Nombre
nacido en Belén,
humilde, obediente,
creció en Nazareth.
5. Llegada la hora
fue a Jerusalén
su muerte ha vencido
a la muerte también.
6. Hoy canta “¡Aleluya!”
aquel que tiene fe
y hoy responde el Cielo:
“¡Aleluya, amén!”
(1) Unidad del Triduo Pascual; (2) Cristo y la Pascua judía; (3) Humildad, servicio y fraternidad como contexto para leer la Eucaristía.
Una meditación sobre el gran silencio propio del Sábado Santo, como acogida al don pascual de Cristo
Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío.
Los puercos espín, percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos, así se daban abrigo y se protegían mutuamente.
Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Y, por eso, se separaban unos de otros.
Nueva vez volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos.
Aprendieron así a vivir con la pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo que realmente era importante era el calor del otro. Sobrevivieron.
La mejor relación no es aquella que une personas perfectas, es aquella donde cada uno acepta los defectos del otro y consigue perdón por los suyos propios.
El camino de Judas: (1) No vigilar la casa interior; (2) Pretender servirse de Dios para lograr uno su plan. (3) Dar paso a la codicia oportunista. (4) Exponerse a la tentación.
Cristo en la Cruz estaba perfectamente triste y perfectamente feliz, enseña Santa Catalina de Siena.
La plenitud de los tiempos
Todas las grandes intervenciones de Dios en la antigua alianza estaban orientadas a la intervención definitiva y plena de Dios, hacia «aquel que había de venir» hacia el Mesías que establecería el Reino de Dios en el mundo. Este momento -la plenitud de los tiempos- aconteció cuando «Dios envió a su Hijo nacido de una mujer» (Gál. 4,4-5).
De hecho, el Antiguo Testamento es una preparación y todo en él anuncia a Cristo y confluye en Cristo. Él es el centro del plan de Dios (Ef. 1,3-19; 3,1-12). Con él han llegado los «últimos tiempos» (Heb. 1,2), el «tiempo de la salvación» (2Cor. 6,2). Con su muerte se realiza la victoria de Dios sobre el mal y sobre Satanás (Jn. 12,31; 16,11). En Él Dios realiza la alianza nueva y eterna (Mc. 14,22-23). Con Él se abre el paraíso, tanto tiempo cerrado (Lc. 23,42-43). Por Él se nos da el Espíritu, que transforma el hombre dándole la nueva vida y realizando la nueva creación (Jn. 19,30-34; 20,22; 3,5; 7,37-39). Él es el centro de la historia, “el Principio y el Fin”, “el Alfa y la Omega” (Ap. 22,13). Él es “el mismo ayer, hoy y siempre” (Heb. 13,8), “el que era y es y viene” (Ap. 1,8), continúa presente en su Iglesia y «no se nos ha dado otro nombre en el que podamos ser salvos» (Hech. 4,12).
“Hoy quiero llamar vuestra atención hacia la historia de Edward Feser, escritor y filósofo que cuenta cómo, luego de abandonar su catolicismo de infancia y permanecer firmemente en el campo ateísta, recobró su vínculo con la Iglesia. El largo camino que tuvo que recorrer está relatado en un post de su blog titulado Camino desde el ateísmo (en inglés), pero me interesa compartir con Uds. los párrafos que dedica a la forma como re descubrió a Santo Tomás de Aquino y las pruebas de las existencia de Dios…”
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La magnitud del amor de Cristo se muestra en lo más duro de la traición que sufre.
El Jueves Santo abre el Triduo Pascual, celebración del misterio central de nuestra fe cristiana.
Y “vamos a mejorar nuestros sacerdotes” quiere decir esto:
No vamos a permitir la indiferencia vocacional. Que haya un sacerdote ante el altar es asunto que me concierne a mí. Y a ti. Y a todos. No es “su” problema ni “su” negocio. El sacerdocio toca todas las fibras de la Iglesia. Sin sacerdotes no hay plena vida sacramental. La vitalidad de la predicación, la solidez de los principios morales, la guía de camino a la santidad, la libertad frente a la idolatría del mundo… todo ello es posible con muchos y muy buenos sacerdotes. Eso nos importa a todos, en todas partes, y siempre. La animación vocacional, la oración por las vocaciones, el apoyo económico, cuando es necesario, para los seminaristas y jóvenes religiosos, es un deber que brota del hecho mismo de ser bautizados.Con motivo del Jueves Santo de 2013. Laudetur Iesus Christus!
“Los católicos creemos que todos quienes han recibido un bautismo válido (como el de las comunidades eclesiales protestantes históricas) son verdaderos cristianos, aunque no estén en perfecta comunión con la Iglesia Católica, la verdadera Iglesia de Cristo. Por ende, los protestantes son nuestros hermanos en la fe, aunque “hermanos separados”. En este artículo presentaré dos cuestionamientos a los fundamentos doctrinales de esa separación…”
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Un padre de familia, hombre generoso y de alma solidaria hasta la donación de sí.
Ser un “iniciado,” uno “ya formado” en Dios es haber superado la tentación, la indiferencia, la burla y la persecución.