Para ser libres, 4 de 4, Liberados del poder del pecado

[Predicación en un Encuentro organizado por la Asociación Católica “Jesús, en Ti confío” de Bucaramanga, Colombia.]

Tema 4 de 4: Liberados del poder del pecado

* Partimos de la antigua definición de pecado, según San Agustín: “Dar la espalda a Dios, el Creador, por volvernos hacia las creaturas.” Pero, ¿qué hace que uno deje el bien mayor y más estable por volverse hacia bienes menores e inseguros?

* Antes de responder, conviene subrayar un hecho que Santo Tomás destaca: nuestra voluntad siempre busca algún modo de bien, así lo busque mal. Ese es el fundamento ontológico que permite hacer siempre la distinción entre el pecador y su pecado.

* Dejamos a Dios, que es el bien mayor, porque somos engañados. Hay tres engaños principales:

(1) El primer engaño es este: “Lo que tú quieres, lo puedes tener más rápidamente, más fácilmente o más intensamente a través de este atajo… (que al final es el pecado)” Así nos tienta el enemigo malo para inducirnos a explorar las tierras del pecado y de la rebeldía contra Dios.

(2) Cuando ese engaño queda patente, por las consecuencias que trae pecar, viene el segundo engaño: “En esta otra forma de pecado encontrarás la satisfacción que te hará olvidar la insatisfacción que antes tuviste con el pecado anterior.” Así nos lleva el enemigo malo hacia la repetición de pecados, para engendrar vicios arraigados.

(3) Y cuando la persona se siente frustrada y derrotada en sí misma, viene el tercer engaño: “En realidad, tú eres así. Acepta que siempre vas a repetir lo mismo. Aún más: ¿por qué no declaras como bueno lo que de todos modos vas a seguir haciendo?” Así nos encamina el enemigo malo hacia el cinismo y la desesperación.

* Por supuesto, esos engaños tienen su base en el macro-engaño, la gran mentira, que es esta: “Debes escoger, si quieres ser obediente o quieres sr feliz.”

* Cristo vence esos engaños: la abundancia de su amor hace que los atajos se revelen como puros engaños; su invitación a que permanezcamos en Él nos lleva a perseverar en la virtud; el poder transformante de su gracia deja patente que el pecado no tiene la última palabra.

Para ser libres, 3 de 4, Liberados del poder de la muerte

[Predicación en un Encuentro organizado por la Asociación Católica “Jesús, en Ti confío” de Bucaramanga, Colombia.]

Tema 3 de 4: Liberados del poder de la muerte

* Cristo resucitó y vive: tal es la afirmación central de nuestra fe.

* “Creemos en la resurrección de la carne,” decimos en el Credo. Afirmamos que la victoria de Cristo es también victoria en nuestra historia personal y en nuestro cuerpo.

* Pero vencer a la muerte no es solamente preocuparse de lo que sucede cuando acaba la vida. Durante la vida, uno retiene la vida misma, y no la entrega, precisamente por la certeza de perderla. Es así como la muerte arruina la vida: nos hace cobardes para amar, para servir, para darnos.

* Los mártires nos enseñan qué sucede cuando uno sabe que la muerte está vencida.

Para ser libres, 2 de 4, Liberados del poder del demonio

[Predicación en un Encuentro organizado por la Asociación Católica “Jesús, en Ti confío” de Bucaramanga, Colombia.]

Tema 2 de 4: ¿Que es libertad?

* Indicaciones preliminares:

1. No se reducen los ataques del enemigo a la posesión.
2. El demonio prefiere esconderse. Su ser es repugnante y cuando se muestra, su fealdad y repugnancia más bien empuja hacia Dios.
3. Sin embargo, la vanidad de Satanás busca a toda costa el espectáculo, y a menudo tienta a quienes combaten contra él con ese mismo veneno de ostentación.

* Enseñanzas claves de los Evangelios:

1. El demonio va en serio y quiere destruirnos. No es cosa de fantasía ni de juego.
2. Cuanta más luz menos escondites para la mentira. No es que se haga más presente el mal cuando tratamos de ser buenos sino que le queda menos lugar dónde esconderse.
3. Jesús no hace el juego a las pretensiones de vanidad y de darse importancia del demonio.
4. La victoria de Cristo es perfecta en la Cruz; quien se acoge al misterio de la Cruz, y sobre todo, quien configura su vida

* Puntos importantes para nuestro discernimiento:

1. La lucha contra el enemigo no se limita a las oraciones de liberación. Es preciso cultivar la virtud y vivir los sacramentos.
2. Alejarse del esoterismo, la adivinación, la superstición
3. La puerta preferida de Satanás es la soberbia porque su lema es “No serviré.”

El mejor antídoto es reconocernos pecadores y a la vez reconocer a Dios misericordioso como capaz, por amor, de salvarnos.

Para ser libres, 1 de 4, Qué es libertad

[Predicación en un Encuentro organizado por la Asociación Católica “Jesús, en Ti confío” de Bucaramanga, Colombia.]

Tema 1 de 4: ¿Que es libertad?

* Obrar con libertad es no estar sometido a coacción o imposición. Eso hace suponer que “libre” es la persona que puede hacer lo que se le da la gana. Pero hay un engaño en esa idea: el que hace lo que se le da la gana, depende de quién le maneja las ganas. Y ciertamente hay personas expertas en manejarnos a través de la manipulación de nuestras “ganas,” es decir, a través del conocimiento y uso inteligente de lo que nos apasiona, o lo que tememos, o lo que nos fascina, etc.

* Por eso, la verdadera libertad no es una ilusoria independencia sino que implica la dependencia consciente y voluntaria de la Verdad y del Bien. Llega a ser libre el que busca con ardor el bien y con claridad el amor.

* Cristo es nuestra libertad porque en él se revela un amor pleno y una verdad sin doblez. Quien experimenta así su amor y su verdad, si persevera en ellas, no será engañado fácilmente por las trampas del enemigo. Pata ser libres nos liberó Jesucristo.

España se unió ganando su tierra para Cristo

Empresa popular y religiosa

La lucha contra el Islam invasor fue lo que, por encima de muchas divisiones e intereses contrapuestos, unió en una causa común a todos los reinos cristianos peninsulares, y dentro de ellos a reyes y nobles, clérigos y vasallos, oficios y estamentos. Todos empeñaban la vida por una causa que merecía el riesgo de la muerte. Y la Reconquista iba adelante, con tenacidad multisecular, como empeño nunca olvidado.

«Un valle, una llanura, una montaña, una villa, una gran ciudad eran ganadas al Islam porque el Señor había sido generoso; y como proyección de la merced divina, castillos, palacios, casas, heredades… Se habían jugado a cara o cruz la vida, habían tal vez caído en la batalla padres, hijos, hermanos… pero después, en lo alto de las torres, el símbolo magno de la pasión de Cristo. Y nuevas tierras que dedicar al culto del hijo de Dios. Y así un siglo, dos, cinco, ocho» (104)…

En seguida venían nuevos templos, fundaciones y donativos para monasterios fronterizos, conversión de mezquitas en iglesias, organización de sedes episcopales, constitución de municipios nuevos, pues sólo poblando se podía reconquistar.

En los audaces golpes de mano contra el moro, o en los embates poderosos de grandes ejércitos cristianos, todos invocaban siempre el auxilio de Cristo y de María, de Santiago y de los santos, alzando a ellos una oración «a medias humilde y orgullosa: «Sirvo, luego me debes protección»» (103), y ofreciéndoles después lo mejor del botín conquistado, pues ellos eran los principales vencedores. Tras la victoria, el Te Deum laudamus.

En efecto, durante ocho siglos las victorias hispanas eran siempre triunfos cristianos: Fernando III vence en Córdoba, y hace devolver a Santiago las campanas arrebatadas por Almanzor, triunfa en Sevilla, y alza la santa Cruz sobre la torre más alta de la Alhambra granadina. Ni siquiera en tiempos calamitosos de crisis política y social, como en aquellos que precedieron al gran reinado restaurador y unificador de los Reyes Católicos, se olvidaba el empeño de la Reconquista.

El programa de gobierno de la reina Isabel al ascender al trono de Castilla, en 1474, expresaba su intención con estas sinceras palabras:

«el servicio de Dios, el bien de las Iglesias, la salvación de todas las almas y el honor de estos reinos». Finalmente, tras diez años de tenaz resistencia, caía en Granada el último bastión árabe. En 1492.

El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

Los himnos de Adviento, primera parte

Himnos de Laudes
para la primera parte del Adviento

VEN, SEÑOR, NO TARDES


El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos
porque han matado al Amor.

Envuelto en noche sombría,
gime el mundo de pavor;
va en busca de una esperanza,
buscando tu fe, Señor.

Al mundo le falta vida
y le falta corazón;
le falta cielo en la tierra,
si no lo riega tu amor.

Rompa el cielo su silencio,
baje el rocío a la flor,
ven, Señor, no tardes tanto,
ven, Señor. Amén.

* * * * *

UNA CLARA VOZ RESUENA


Una clara voz resuena
que las tinieblas repudia,
el sueño pesado ahuyéntase,
Cristo en el cielo fulgura.

Despierte el alma adormida
y sus torpezas sacuda,
que para borrar los males
un astro nuevo relumbra.

De arriba llega el Cordero
que ha de lavar nuestras culpas;
con lágrimas imploremos
el perdón que nos depura,

porque en su nueva venida
que aterroriza y conturba,
no tenga que castigarnos,
más con piedad nos acuda.

Al Padre eterno la gloria,
loor al Hijo en la altura,
y al Espíritu Paráclito
por siempre alabanza suma. Amén.

* * * * *

Himnos de Vísperas
para la primera parte del Adviento

JESUCRISTO, PALABRA DEL PADRE.


Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven, Señor, porque ya se hace tarde,
ven y escucha la súplica ardiente.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor, tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de Madre
y reúne a sus hijos, los fieles,
para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.

* * * * *

ÉSTE ES EL TIEMPO EN QUE LLEGAS


Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando
mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.