No vendamos nuestra fe a cualquier precio ya que le costó a Cristo su Sangre preciosa; aunque parezca más cómodo, más fácil, más sencillo e incluso más humano seguir una fe que no exija tanto.
A veces parece que prefiriéramos las cosas complejas. ¡Dios es más sencillo! Leí que si algún tinterillo hubiera escrito solamente esta frase del Padre Nuestro: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy», se leería así:
«Con los debidos respetos, solicitamos y pedimos que, debido a que es necesario hacer una provisión adecuada, en este día y fecha arriba escritos, para satisfacer las necesidades nutricionales de los peticionarios, y para organizar los métodos de almacenamiento y distribución, como se juzgue conveniente y necesario, así como apropiado para asegurar la recepción por y para dichos peticionarios de tal cantidad de productos (llámese pan) se nos conceda la cantidad suficiente de estos productos…»
Un llamado a la gratitud con aquellos que nos predican la fe; llamado también a ser verdaderos discípulos padeciendo y sufriendo con Cristo por el Evangelio.
“‘Opción preferencial por la familia 100 preguntas y 100 respuestas a propósito del Sínodo’ es muy útil, por presentar de modo doctrinariamente bien accesible las respuestas a los problemas urgentes que la familia moderna debe enfrentar. El método de ‘pregunta-respuesta‘ escogido por el Vademécum, permite consultar rápidamente y encontrar respuestas a las preguntas de interés, volviéndolo muy cómodo de usar”.
Desde el principio los escritores franciscanos ensalzaron la dimensión apostólica de la figura de Hernán Cortés, como en nuestros siglo lo hace el franciscano Fidel de Lejarza, en su estudio Franciscanismo de Cortés y Cortesianismo de los Franciscanos (MH 5,1948, 43-136). Igual pensamiento aparece en el artículo del jesuíta Constantino Bayle, Cortés y la evangelización de Nueva España (ib. 5-42). Pero quizá el elogio más importante de Cortés es el que hizo en 1555 el franciscano Motolinía en carta al emperador Carlos I:
«Algunos [Las Casas] que murmuraron del Marqués del Valle [de Oaxaca, muerto en 1547], y quieren ennegrecer sus obras, yo creo que delante de Dios no son sus obras tan aceptas como lo fueron las del Marqués. Aunque, como hombre, fuese pecador, tenía fe y obras de buen cristiano y muy gran deseo de emplear la vida y hacienda por ampliar y aumentar la fe de Jesucristo, y morir por la conversión de los gentiles. Y en esto hablaba con mucho espíritu, como aquel a quien Dios había dado este don y deseo y le había puesto por singular capitán de esta tierra de Occidente. Confesábase con muchas lágrimas y comulgaba devotamente, y ponía a su ánima y hacienda en manos del confesor para que mandase y dispusiese de ella todo lo que convenía a su conciencia. Y así, buscó en España muy grandes confesores y letrados con los cuales ordenó su ánima e hizo grandes restituciones y largas limosnas. Y Dios le visitó con grandes aflicciones, trabajos y enfermedades para purgar sus culpas y limpiar su ánima. Y creo que es hijo de salvación y que tiene mayor corona que otros que lo menosprecian.
«Desque que entró en esta Nueva España trabajó mucho de dar a entender a los indios el conocimiento de un Dios verdadero y de les hacer predicar el Santo Evangelio. Y mientras en esta tierra anduvo, cada día trabajaba de oír misa, ayunaba los ayunos de la Iglesia y otros días por devoción. Predicaba a los indios y les daba a entender quién era Dios y quién eran sus ídolos. Y así, destruía los ídolos y cuanta idolatría podía. Traía por bandera una cruz colorada en campo negro, en medio de unos fuegos azules y blancos, y la letra decía: «amigos, sigamos la cruz de Cristo, que si en nos hubiere fe, en esta señal venceremos». Doquiera que llegaba, luego levantaba la cruz. Cosa fue maravillosa, el esfuerzo y ánimo y prudencia que Dios le dio en todas las cosas que en esta tierra aprendió, y muy de notar es la osadía y fuerzas que Dios le dio para destruir y derribar los ídolos principales de México, que eran unas estatuas de quince pies de alto» (y aquí narra la escena descrita por Andrés Tapia).
«Siempre que el capitán tenía lugar, después de haber dado a los indios noticias de Dios, les decía que lo tuviesen por amigo, como a mensajero de un gran Rey en cuyo nombre venía; y que de su parte les prometía serían amados y bien tratados, porque era grande amigo del Dios que les predicaba. ¿Quién así amó y defendió los indios en este mundo nuevo como Cortés? Amonestaba y rogaba a sus compañeros que no tocasen a los indios ni a sus cosas, y estando toda la tierra llena de maizales, apenas había español que osase coger una mazorca. Y porque un español llamado Juan Polanco, cerca del puerto, entró en casa de un indio y tomó cierta ropa, le mandó dar cien azotes. Y a otro llamado Mora, porque tomó una gallina a indios de paz, le mandó ahorcar, y si Pedro de Alvarado no le cortase la soga, allí quedara y acabara su vida. Dos negros suyos, que no tenían cosa de más valor, porque tomaron a unos indios dos mantas y una gallina, los mandó ahorcar. Otro español, porque desgajó un árbol de fruta y los indios se le quejaron, le mandó afrentar.
«No quería que nadie tocase a los indios ni los cargase, so pena de cada [vez] cuarenta pesos. Y el día que yo desembarqué, viniendo del puerto para Medellín, cerca de donde agora está la Veracruz, como viniésemos por un arenal y en tierra caliente y el sol que ardía -había hasta el pueblo tres leguas-, rogué a un español que consigo llevaba dos indios, que el uno me llevase el manto, y no lo osó hacer afirmando que le llevarían cuarenta pesos de pena. Y así, me traje el manto a cuestas todo el camino.
«Donde no podía excusar guerra, rogaba Cortés a sus compañeros que se defendiesen cuanto buenamente pudiesen, sin ofender; y que cuando más no pudiesen, decía que era mejor herir que matar, y que más temor ponía ir un indio herido, que quedar dos muertos en el campo» (Xirau, Idea 79-81). Y termina diciendo: «Por este Capitán nos abrió Dios la puerta para predicar el santo Evangelio, y éste puso a los indios que tuvieran reverencia a los Santos Sacramentos, y a los ministros de la Iglesia en acatamiento; por esto me he alargado, ya que es difunto, para defender en algo de su vida» (Trueba, Doce 110; +Mendieta, Historia III,1).
Leonardo Tormos escribió hace años un interesante y breve artículo, Los pecadores en la evangelización de las Indias. Hernán Cortés fue sin duda el principal de este gremio misterioso…
El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarseaquí.
[Predicación en Juventud Renovada en el Espíritu Santo, en Pomona, California.]
Tema 5 de 5: Victoria sobre las tres grandes mentiras
* Juan 15: “Sin mi nada podéis hacer”:
* Sin Cristo nos agitamos pero no nos movemos, no avanzamos.
* Cuando uno descubre quien es Dios en verdad y cuando uno descubre quien es uno en verdad, entonces en ese momento la vida cambia, y uno se apega de Dios.
* El enemigo tiene como lenguaje propio y como herramienta principal la mentira, porque el enemigo sabe que en el momento en que tu sepas que hoy un Dios que te ama, Juan 3, 16: “Tanto amo Dios al mundo que entrego a su hijo único para que todo el que crea en Él no perezca sino que tenga vida eterna”. En el momento que sepas que tu vida va a cambiar y comienzas a ser libre. Por eso el enemigo necesita atraparte en la oscuridad de la mentira.
* Tres mentiras pretenden gobernar el corazón humano:
1. La gran mentira: tengo que escoger entre ser feliz o ser obediente. Génesis 3.
* Lo que necesita la serpiente es romper la relación entre Dios y la mujer, entre Dios y el ser humano.
* El pecado es siempre darle la espalda a Dios, separarse de Dios.
* ¿Cómo puede lograr la serpiente que el ser humano se aparte de Dios, si nosotros mismo somos imagen de Dios?
* Lo que pretende la serpiente es separar tu obediencia de tu felicidad.
* Para separar a Dios y al ser humano la serpiente introduce la separación entre la obediencia y la felicidad.
* La serpiente pone a escoger, quieres ser obediente o quieres ser feliz. Esta es la gran mentira.
* Lo que logra la serpiente con su astucia es que la mujer escoja ser feliz o ser obediente.
* Una vez que la gran mentira se mete en el corazón es como una bondad de tiempo, tarde o temprano la persona cae en el pecado.
* Esta mentira obra en nuestros corazones cuando empezamos a sentir que los mandamientos de la ley de Dios son como un vestido muy estrecho, como una prisión que no nos deja ser libre. En este momento la voz de la serpiente nos comienza a decir: tu tienes derecho a ser feliz. Esto se da en toda la estructura del pecado, el adulterio, la política, la pureza de los jóvenes…
* Tengo que escoger entre ser feliz p ser obediente, llamamos a esta la mentira grande, porque en esta afirmación no se admite una afirmación que es la que Dios quiere de nosotros que seamos realmente obedientes y realmente felices.
2. La mentira dulce: La utiliza el demonio para que sigamos en el pecado.
* La mentira dulce es la estrategia que utiliza el demonio para amarrarnos del pecado. Ejemplo: la samaritana, Juan 4.
* La mentira grande lo utiliza el demonio para que empecemos a pecar, la mentira dulce la utiliza el demonio para que sigamos en el pecado.
* La mentira dulce es hacernos creer que si aumentamos nuestras posesiones, placeres, prestigio, ahí vamos a ser realmente felices. Es la manera de encadenarnos del pecado, más de lo mismo.
3. La mentira terrorista: Ya es demasiado tarde, ya no hay nada que hacer. Apégate a lo poco que te queda.
* Esta mentira es para que no te apartes del pecado.
* El lenguaje terrorista consiste en que ya no te pues salir de esto, ya no tienes escapatoria.
* La mentira terrorista consiste en adueñarse de tu corazón con el miedo, el pánico, para que tu agarres angustiosamente a lo que te queda de vida.
¿Por qué necesitamos a Cristo?
Necesitamos a Cristo porque necesitamos vencer estas tres mentiras, y estas no las vence el que no conoce el amor de Dios, el Espíritu Santo de Dios.
– Juan 14, Cristo nos ha revelado el verdadero rostro de Dios padre, y cuando nosotros conocemos el verdadero rostro de Dos padre entendemos que todo lo que Dios manda para que obedezcamos lo manda para nuestro bien, por nuestra felicidad.
– Cristo nos revela el rostro de Dios padre. Cuando yo entiendo que hay un Dios que me ama, que hay un Dios que ha llegado al extremo de entregar a su propio hijo cuando yo veo, que Dios todo lo ha hecho por el amor, entonces entiendo que, ese Dios, cuando yo le obedezco me lleva a mi plenitud, es decir, lo que hace Jesucristo es destruir la gran mentira, la mentira dulce y la mentira terrorista.