En una primera de dos entrevistas con fr. Nelson Medina, el mexicano Miguel Alvarez, presidente de SERAPAZ, habla sobre el sentido y las posibilidades que abre la planeación en el quehacer de evangelización y en la vida misma de la Iglesia.
Algunos puntos para destacar:
1. Planear o buscar estrategias no es reemplazar al Espíritu Santo, sino querer captar mejor y con todas sus implicaciones lo que el Espíritu está haciendo hoy.
2. Un proyecto no es lo mismo que un plan. Lo propio del proyecto son los énfasis, las estrategias y las líneas de acción; lo propio del plan es explicitar el detalle, la operación, lo concreto-puntual.
3. En la Iglesia, los clérigos podemos sentirnos tentados de creer que nuestro punto de vista es completo y suficiente; en el fondo, esto sería dejar entrar el individualismo que hace estragos en tantos otros sitios de la sociedad.
En el llamado que recibieron los apóstoles hay una gran variedad, que habla de la abundancia de gracia, que a todos alcanza, y de la voluntad de Cristo de restaurar la plenitud de Israel.
Para salvarnos, Dios escogió seguir los caminos usuales de la raza humana, que supone siempre transmitir lo que uno recibe. Por eso en la Biblia toda elección incluye una misión.
La manera de hablar de Jesucristo sobre el Reino de Dios indica que su propuesta no puede quedar encapsulada en los ideales de un partido político o de una cultura particular.
Frente a todos los que gustan de dar malas noticias y causar escándalo con su sobresalto, Jesús inculca una escala de valores que nos remite al plan de Dios.
Las dos obras de san Lucas–el Evangelio y los Hechos–pueden verse como dos momentos de su preciosa predicación sobre el Espíritu, la Buena Nueva y la propagación de la gracia.
Jesús no quiere ser un repartidor de bienes materiales, a la manera de los antiguos jueces de Israel. Lo que Jesús trae es el don del Espíritu para que, desde dentro, nos enseñe a ser fieles.
Los fariseos quieren atrapar a Jesús porque lo que Jesús enseña desautoriza la predicación de ellos sobre la necesidad de la estricta observancia de la Ley–enseñanza que ni ellos mismos podían cumplir.
Escribas y fariseos causaban impresión e impacto en la gente porque se presentaban como intérpretes de la voluntad y la ley de Dios. Cristo los desenmascara, y nos llama a ponernos ante todo bajo el señorío de Dios.