Relación entre religión y santidad

Que la palabra santidad, según parece, se toma por dos cosas. Una, pureza, y según esto, significa lo que la palabra griega agios, que es como decir sin tierra. Otra, firmeza. De ahí el que los antiguos llamasen santo a lo firmemente establecido por las leyes, de suerte que se lo debiera considerar inviolable; y el que se llame sancionado (o santo) a lo prescrito de manera inmutable por la Ley. Ésta palabra santo, según los latinos, puede referirse asimismo a la pureza, si se toma sanctus (santo) como derivado de sanguine tinctus (tinto o teñido en sangre), porque antiguamente quienes querían purificarse se mojaban con la sangre de la víctima, como dice San Isidoro en sus Etymol.

Uno y otro sentido convienen en atribuir santidad a lo que está destinado al culto divino, de tal modo que no sólo los hombres, sino también los templos, cálices y otras cosas parecidas se dice que están santificados por el mismo hecho de destinarlos al culto divino. La pureza, pues, es necesaria para que nuestra mente se una a Dios. Porque la mente humana se mancha al alearse con las cosas inferiores, como se ensucia cualquier materia al mezclarse con otra más vil; por ejemplo, la plata con el plomo. Es preciso, según esto, que nuestra mente se separe de las cosas inferiores para que pueda unirse al ser supremo. De ahí el que sin pureza no haya unión posible de nuestra mente con Dios. Por eso se nos dice en la carta a los Heb 12,14: Procurad tener paz con todos y santidad de vida, sin la cual nadie podrá ver a Dios. También se exige firmeza para la unión de nuestra mente con Dios. Se une a El, en efecto, como a su último fin y a su primer principio, extremos que necesariamente están dotados de la máxima inmovilidad. Por eso dice el Apóstol en Rom 8,38-39: Estoy persuadido de que ni la muerte ni la vida me separarán del amor de Dios. Así, pues, se llama santidad a la aplicación que el hombre hace de su mente y de sus actos a Dios. No difiere, por tanto, de la religión en lo esencial, sino tan sólo con distinción de razón. Se le da, en efecto, el nombre de religión por servir a Dios como debe en lo que se refiere especialmente al culto divino, como en los sacrificios, oblaciones o cosas similares; y el de santidad, porque el hombre refiere a Dios, además de eso, las obras de las demás virtudes, o en cuanto que, mediante obras buenas, se dispone para el culto divino. (S. Th., II-II, q.81, a.8 resp.)


[Estos fragmentos han sido tomados de la Suma Teológica de Santo Tomás, en la segunda sección de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic aquí.]

LA GRACIA 2021/11/01 El proceso de santidad

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

Si se avanza en el camino a la santidad la persona tiene caídas pero éstas son más leves, menos frecuentes y se levanta cada vez más rápido.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA en redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios. Tu donación hace fuerte la evangelización católica. ¡Dona ahora!]

El llamado que no se apaga

Podremos decir que vivimos tiempos fáciles o tiempos difíciles pero en todo tiempo Dios nos quiere santos.

Podremos decir que tenemos vocación de celibato, de comunidad o de matrimonio, pero en todos los estados Dios nos quiere santos.

Podremos decir que tuvimos una infancia feliz o muy dura pero, haya sido cual haya sido nuestro pasado, una cosa es segura: Dios nos quiere santos.

Podremos decir que tenemos distintas edades, razas o culturas pero en todas partes Dios nos quiere santos.

Podremos decir que tuvimos buena o mala salud, muchos o pocos amigos, dulce o amargo carácter, en todo caso y de todas maneras, Dios nos quiere santos.

Sólo eso: Dios nos quiere santos.

LA GRACIA 2021/06/24 Vivir la vida de Dios

SOLEMNIDAD DEL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

Juan Bautista entregó sus días en esta tierra al Señor; él cumplió su misión, su encargo haciendo que su vida en este mundo fuera la vida de Dios.

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA en redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios. Tu donación hace fuerte la evangelización católica. ¡Dona ahora!]

Se santificó en Canadá…

Beata María de la Encarnación (1599-1672)

Francesa, nació en 1599 María Guyart, de familia humilde, en Tours, y a pesar de sentir muy pronto la vocación religiosa, fue en 1617 dada en matrimonio al comerciante Claudio Martin, que murió a los dos años, dejándole un hijo, también llamado Claudio. Y aunque todavía hubo de trabajar un tiempo como administradora de una empresa de su cuñado, ya en 1621 hizo voto de virginidad perpetua. En esos mismos años, de trabajos y ajetreos, tuvo notables visiones de la Trinidad y del Verbo encarnado, recibiendo en 1627 la gracia mística del matrimonio espiritual. En 1631 ingresó, por fin, en las Ursulinas de Tours, en donde su vida mística alcanzó más altos vuelos.

En 1639, con la joven María de San José, pasó a las Indias para fundar en Quebec. Guardando allí clausura conventual, fue desde entonces el alma de las misiones en la Nueva Francia. Son años de altísima vida mística, reflejada en admirables escritos y en miles de cartas. María de la Encarnación, en medio de guerras y revueltas, incertidumbres y martirios, avances misionales y retrocesos, fue como el corazón de la Iglesia naciente, ayudando a unos, aconsejando a otros, y animando a todos.

Para entrar mejor en la vida misional, aprendió pronto las lenguas nativas, el iroqués, el montañés, el algonquino y el hurón, hasta el punto de que compuso diccionarios y catecismos. Uniendo a la oración y a la penitencia su palabra encendida, convertía con la gracia de Dios a las personas, llamándolas a perfección. Su mismo hijo Claudio llegó a ser un excelente benedictino, y escribió más tarde la biografía de su madre (París 1677).

En una ocasión confesaba la Beata: «Gracias a la bondad de Dios, nuestra vocación y nuestro amor por los indígenas jamás han disminuido. Yo los llevo en mi corazón e intento, muy dulcemente, mediante mis oraciones, ganarlos para el cielo. Existe siempre en mi alma un deseo constante de dar mi vida por su salvación» (Herencia 528).

María de la Encarnación murió en 1672 con gran fama de santidad. Declarada venerable en 1911, fue beatificada en 1980, como «Madre de la Iglesia católica en el Canadá» (AAS 73, 1981, 255).


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

El carácter sobrenatural del apostolado de san Alberto Hurtado

“Ahora que Chile sufre una revolución de intención pretendidamente social, queremos detenernos en el jesuita chileno, para contemplar aquel aspecto central de su vida –muchas veces olvidado y hasta silenciado– sin el cual, todo su «apostolado social» hubiese sido como una campana que resuena (I Cor, 13,1) porque no habría sido aquel reflejo del dulce amor misericordioso del Señor…”

Haz clic aquí!

Sacerdotes santos; especialmente santos

“Aquellos cristianos que por Dios son elegidos, llamados, consagrados y enviados deben ser santos, ante todo porque mediante el Orden sagrado han sido «configurados de un nuevo modo» a Cristo (PO 12), para re-presentarlo ante los hombres de todos los siglos. Y Él es «nuestro sumo Sacerdote: santo, inocente, inmaculado» (Heb 7,26). Sin la debida santidad, la re-presentación de Cristo resulta una caricatura, una falsificación, un engaño…”

Haz clic aquí!

La madre de Teresita Castillo da un emotivo testimonio

“La muerte heroica de la niña de 10 años Teresita Castillo de Diego ha conmovido a muchas personas en España y su testimonio ya ha traspasado nuestras fronteras, derramando gracias por todo el mundo. Ya compartimos en esta página el apasionante testimonio del P. Ángel Camino Lamela, osa, Vicario Episcopal. Vicaría VIII. Providencialmente me puse en contacto con una persona que conocía a la madre de Teresita y ambos vimos que no era momento para que hablase la madre porque había que respetar su dolor y me olvidé del tema. Cuál ha sido mi sorpresa cuando ayer me dijeron que a la madre de Teresita, llamada Teresa de Diego, no le importaba dar un testimonio de su hija…”

Haz clic aquí!

Hablar de frente sobre la santidad

Al abrir tu alma, ¡sé sincero! y, sin dorar la píldora, que a veces es infantilismo, habla. Luego, con docilidad, sigue adelante: serás más santo, más feliz.

La santidad se alcanza con el auxilio del Espíritu Santo -que viene a inhabitar en nuestras almas-, mediante la gracia que se nos concede en los sacramentos, y con una lucha ascética constante. Hijo mío, no nos hagamos ilusiones: tú y yo -no me cansaré de repetirlo- tendremos que pelear siempre, siempre, hasta el final de nuestra vida. Así amaremos la paz, y daremos la paz, y recibiremos el premio eterno.

Más pensamientos de San Josemaría.

LA GRACIA 2021/02/27 Invitación a la santidad

Dios nos invita a ser santos como Él; démosle lugar a la oración, a la esperanza y a la respuesta a la gracia divina para ser como el Señor quiere que seamos.

https://youtu.be/LzPZpIvwReQ

[REPRODUCCIÓN PERMITIDA en redes sociales, blogs, emisoras de radio, y otros medios. Tu donación hace fuerte la evangelización católica. ¡Dona ahora!]

Amadores de la perfección

Has llegado a una gran intimidad con este nuestro Dios, que tan cerca está de ti, tan dentro de tu alma…, pero, ¿procuras que aumente, que se haga más honda? ¿Evitas que se metan por medio pequeñeces que puedan enturbiar esa amistad? -¡Sé valiente! No te niegues a cortar todo lo que, aunque sea levemente, cause dolor a Quien tanto te ama.

La vida de Jesucristo, si le somos fieles, se repite en la de cada uno de nosotros de algún modo, tanto en su proceso interno -en la santificación- como en la conducta externa. -Agradécele su bondad.

Más pensamientos de San Josemaría.

¿Creían los primeros cristianos en la intercesión de los santos?

“…La Iglesia no solo es la que se encuentra en la Tierra, que llamaremos peregrina, sino también la triunfante del cielo y la purgante del purgatorio. Pues bien entre los miembros de esta santa Iglesia existe comunión, de forma que pueden orar e interceder unos por otros, esto es lo que se conoce como la “comunión de los Santos”. Pero podemos preguntarnos, ¿Desde cuando los cristianos creen en que los santos pueden interceder por nosotros los que vivimos aquí en la Tierra? La respuesta a esta pregunta la daremos en el presente artículo. Desde los orígenes del cristianismo ya se creían que tenemos santos, mártires, que oran por nosotros a Dios, que interceden por sus hermanos en Cristo que aun están caminando en este mundo…”

Haz clic aquí!

HIMNO A TODOS LOS SANTOS

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes,
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates
rogadle por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas,
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es caudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del Ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre nosotros.

Gustavo Adolfo Bécquer