Sobre la resurrección corporal de Jesucristo

Padre Nelson, recientemente he leído declaraciones de algunos sacerdotes, entiendo que muy respetados y con muchos títulos, que dicen cosas raras. Y por raras quiero decir que afirman que la resurrección de Cristo era una metáfora, o que en realidad no importa si su cuerpo se corrompió o no en la tumba. Tiene la Iglesia Católica una posición clara al respecto? — J.H.

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Por supuesto que la tiene. Está en varias partes del Catecismo:

988 El Credo cristiano —profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora— culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna.

989 Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad: «Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11).

990 El término “carne” designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La “resurrección de la carne” significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros “cuerpos mortales” (Rm 8, 11) volverán a tener vida.

991 Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. “La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella” (Tertuliano, De resurrectione mortuorum 1, 1): «¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe […] ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron» (1 Co 15, 12-14. 20).

Sobre por qué muchos niegan esta verdad esencial de nuestra fe, basta recordar que herejías, negaciones y defomraciones de la fe, sobre todo por querer complacer al mundo y acomodarse a lo que el mundo acepta, han existido siempre. Transcribo aquí lo que escribía hace unos años:

Desde el siglo XIX ha tomado impulso peculiar una verdadera guerra contra el Resucitado. O para ser más exactos: oposición abierta, pero vestida de racionalidad, al dato tan sencillo y tan fundamental que nos traen los Evangelios: el que murió en la Cruz no ha quedado sujeto a la corrupción de los cadáveres; vive, está lleno de la gloria del Padre, y la muerte ya no tiene poder sobre Él.

Ya San Mateo (28,11-15) cuenta de un primer intento, muy burdo, de negar la victoria postrera del Crucificado: los soldados que guardaban la tumba deben testificar que, mientras ellos dormían, los discípulos robaron el cadáver.

Uno puede leer la historia de las herejías cristológicas como un esfuerzo continuado de robar su sentido y significado real a la resurrección. Por ejemplo: Si Cristo es un ser altísimo distinto de Dios y creado por Dios, como cree el arrianismo, entonces no es Dios pero tampoco es hombre, luego su muerte es falsa, o no es la muerte nuestra, y su resurrección no dice en verdad nada a nosotros.

Si hay un Cristo “hijo de Dios” distinto de otro Cristo “hijo de María,” como quiere el nestorianismo, entonces la resurrección es, a lo sumo, la reanimación de un cadáver: una especie de segunda encarnación. Por supuesto, ello tampoco dice nada a nuestra esperanza porque nosotros no contamos con que el Lógos se una a nosotros después de que muramos.

Si en Cristo sólo hay una naturaleza, la naturaleza divina, como pretende el monofisismo, entonces su muerte es un holograma repleto de efectos especiales
que nada dicen a la realidad cruda y dura de nuestra propia muerte.

Al revisar las principales herejías uno pronto entiende la sabiduría del dictum de San Ireneo: Caro cardo salutis: la verdad y realidad de la carne de Cristo, y por ende, de su plena naturaleza humana, unida en la única persona del Verbo, es el fundamento para creer en el amor que se desplegó en la Cruz, y para dar fundamento a la esperanza que se despliega con la resurrección.

Así las cosas, una oleada de escepticismo hacia los milagros en general, y hacia la resurrección de Cristo en particular, ha llevado a tratar de reinterpretar los Evangelios desde ideas ajenas y artificales, como aquello de que Cristo resucitó “en la fe de los discípulos,” es decir, algo completamente semejante a lo que un entusiasta de Mao Tse-Tung puede gritar en una manifestación callejera: “¡Mao Vive!” Y si le preguntamos al del grito: de qué modo vive Mao, él admite que el cadáver de Mao siguió el destino de todo cadáver, y que lo que se conserva es por obra de un proceso de embalsamamiento. Pues así pretenden estos sedicentes teólogos que pensemos de Cristo: que lo que está vivo es “su proyecto,” “su causa,” la cual después se interpreta como luchar por unos “valores del Reino,” que al final se reducen a un humanismo horizontal y buenista bien salpicado de socialismo.

LA GRACIA del Domingo 6 de Noviembre de 2016

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C

Aprendamos de los mártires quienes murieron por el Reino de Dios, reafirmando nuestra fe en la resurrección y permaneciendo fieles al Señor quien da la victoria sobre la muerte.

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LA GRACIA del Sábado 17 de Septiembre de 2016

No dudemos que resucitaremos con Cristo, dejemos que Dios sea Dios y confiemos que Él puede hacerlo; cultivando la fe, la gratitud y la alabanza al Señor quien hace todo posible.

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LA GRACIA del Sábado 6 de Agosto de 2016

FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR, CICLO C

En medio de las desolaciones y consolaciones en nuestro peregrinar, Dios nos da anticipaciones de victoria, que son alimento para el camino hasta alcanzar el Reino de Dios.

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LA GRACIA del Viernes 13 de Mayo de 2016

Rasgos principales del cristianismo: que hundimos nuestras raíces en el judaísmo, que no somos judíos ni vivimos el judaísmo y lo central para nosotros es la resurrección.

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LA GRACIA del Domingo 27 de Marzo de 2016

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

¡Hemos sido amados hasta el extremo! El hecho de que el Crucificado haya resucitado es el cimiento firme de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro amor.

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LA GRACIA del Sábado 26 de Marzo de 2016

TRIDUO PASCUAL – SÁBADO SANTO

El silencio de este día nos invita a reconocer la magnitud de la entrega de Cristo por nosotros y a prepararnos para recibir la perfecta victoria del Resucitado en nuestras vidas.

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LA GRACIA del Sábado 15 de Agosto de 2015

ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

El Misterio de la Asunción de María Santísima es verdadera participación en el Misterio de la Resurrección de Cristo y es promesa de felicidad y plenitud para nosotros.

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ESCUCHA, La fuente de la vida nueva

Nuestros pecados empujaron a Cristo hacia la muerte y hasta la muerte; su resurrección nos empuja del sepulcro de nuestros pecados a vida nueva.

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LA GRACIA del Sábado 20 de Septiembre de 2014

¡Vamos a resucitar como Cristo resucitó! Es la grandeza de nuestra fe, y así lo predica y enseña Pablo abiertamente.

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LA GRACIA del Viernes 19 de Septiembre de 2014

Había grupos, como los saduceos, que NO querían creer en la Resurrección porque veían en ella un peligro político colosal.

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Los cuerpos de los resucitados

Una pregunta que hicieron algunos sacerdotes cuando estudié en el ITEPAL hace años y desde entonces me acuerdo: ¿Si Jesús y la Virgen María resucitaron, donde se encuentran sus cuerpos físicos? Gracias desde ya por tu respuesta. –MMG

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En el cielo. El cielo no es un lugar de nuestro universo físico, ubicable en alguna galaxia, pero sí es una realidad que asume en la gloria divina todo cuanto, habiendo sido creado, ha sido restaurado en Cristo. La idea es que lo corporal “glorificado” es materia que ha sido transformada más allá de lo que puede dar razón nuestra imaginación. San Pablo dice que, así como una persona que nunca hubiera visto un árbol no podría de ninguna forma imaginar cómo es un árbol de manzana viendo sólo semillas de manzana, así nosotros no podemos imaginar cómo es esa condición corporal real pero transformada.